Dos rugbiers de 21 años acaban de salir campeones con Huazihul y ya tienen una promesa extrema para el año del centenario: uno de ellos caminaría hasta la Difunta Correa y el otro subiría en cuadrupedia. Pero antes deben jugar las reválidas y el dato que define el ascenso no es el que imaginan.
Lorenzo Díaz y Mariano Pérez crecieron en Huazihul, soñaron desde chicos con jugar en Primera y acaban de consagrarse campeones de la Copa de Plata del rugby cuyano. Detrás del título hay una historia de esfuerzo, pertenencia y una promesa que ya tienen preparada para el año del centenario.
La final se jugó en Mendoza, bajo la lluvia y sobre un campo de juego que se fue complicando con el correr de los minutos. Huazihul venció 26 a 22 a Universitario y se quedó con la Copa de Plata. Para Lorenzo y Mariano, ambos de 21 años, el festejo tuvo un sabor especial: era el primer título que conseguían juntos, después de años de compartir divisiones desde la infancia.
"Para nosotros significa muchísimo porque somos de la misma división, tenemos la misma edad y nunca habíamos ganado en conjunto. Subir al plantel superior, después de haber jugado de chiquitos, y justo salir campeones fue algo increíble. Compartir con gente que nosotros veíamos jugar en Primera y tenerlos al lado era un sueño", contaron durante su paso por Entretiempo, el programa de Tiempo de San Juan.
La definición tuvo todos los condimentos que un jugador imagina: barro, lluvia, tensión hasta el final. "Uno se imagina un partido así, una final con barro, lluvia, ahí justito con el tiempo y ganar en Mendoza. Es el sueño del pibe", describieron. La postal del equipo festejando bajo la tormenta quedó grabada entre las imágenes que seguramente guardarán por mucho tiempo.
El club como familia
Para los dos jóvenes, Huazihul es mucho más que un club. "Huazihul es familia, más que nada. Cada club va a decir lo mismo, pero para nosotros lo que vivimos acá es único. Está en cómo nos ayudamos adentro del club. Hay gente que tiene más posibilidades y otra que no puede tanto, pero siempre se busca la manera de estar", explicaron.
Esa solidaridad la vivieron en carne propia cuando un compañero se fracturó la cadera y necesitaba una operación. El grupo organizó una campaña para reunir el dinero y acompañarlo. "Hace no mucho, un chico se fracturó la cadera e hicimos una campaña para conseguir la operación. Estuvimos todos ahí, dándole una mano. Esas cosas también hacen que uno quiera tanto al club", recordaron.
La pertenencia es tal que uno de ellos fue categórico al hablar de un posible cambio de camiseta: "Yo decía que, si dejaba el rugby, no me iba a cambiar a otro club. Antes que cambiarme, lo dejo y no juego más".
En el plantel conviven jugadores de 21 años con referentes que rondan los 39 o 40. Esa diferencia generacional, lejos de ser un obstáculo, enriquece al grupo. "Son como hermanos, son familia. Yo a algunos los veía jugar cuando era chico y ahora los tengo al lado, comparto los entrenamientos, me pasan a buscar para ir al club y hasta hablamos de la vida", contaron entre risas. La competencia también está presente: "En los entrenamientos me quieren pegar porque me quieren sacar el lugar", soltaron.
El rugby no paga las cuentas
Lorenzo trabaja en la recepción de un centro médico y también cubre algunos turnos en una cafetería. Mariano estudia Educación Física y entrena a los chicos de la categoría M6, los más pequeños del club. Ambos tienen que organizar sus horarios entre el trabajo, el estudio y los entrenamientos.
En esos entrenamientos infantiles, Mariano aprovecha para transmitirles la pasión por la camiseta. "Por ahí alguno me dice: 'No me gusta esta camiseta', y yo le digo: 'Esta camiseta es lo más lindo'. Le señalo el escudo y le digo que es mejor usar esa camiseta que un chaleco", contó.
Al explicar qué significa sostener un deporte amateur, no dudan: "Nosotros pagamos para que nos peguen. Básicamente, pagamos por jugar. El rugby lo hacemos de corazón, porque nos gusta". Detrás de cada partido hay cuotas, viajes y horas de sacrificio. También remarcaron que en Huazihul no existen los prejuicios que a veces rodean al rugby: "En nuestro club nunca fue así. Va cualquier persona, tenga plata o no tenga plata. Se da una mano y se recibe a todo el mundo. El amor que le tenemos al club va más allá de la plata. Si debés una cuota, te ayudan y te hacen un plan de pago", explicaron.
La promesa para el centenario
El título ya está en las vitrinas, pero la temporada continúa. Huazihul terminó primero en la etapa regular y perdió apenas tres partidos en el año. Ahora deberá jugar las reválidas, una instancia de tres encuentros que puede devolverlo a la máxima categoría. El objetivo es conseguir una de las plazas disponibles para San Juan y volver a la Copa de Oro. La ilusión es aún mayor porque el próximo año el club celebrará sus 100 años.
Consultados sobre a qué club sanjuanino no irían nunca, respondieron sin dudar: Alfiles, por la rivalidad deportiva. Pero la pregunta que desató la promesa más llamativa fue qué estarían dispuestos a hacer si logran el ascenso. "Me voy caminando a la Difunta Correa desde el club", prometió uno. El otro redobló la apuesta: "Camino hasta la Difunta y subo en cuadrupedia".
Por ahora, la peregrinación puede esperar. Primero están las reválidas y los entrenamientos. Lorenzo y Mariano tienen 21 años, pero ya saben lo que significa pertenecer a un club durante toda una vida. Ganaron juntos, cumplieron sueños de infancia y ahora persiguen uno más grande: que el centenario de Huazihul los encuentre en lo más alto. Y si lo consiguen, además de levantar otra copa, tendrán que empezar a pensar cómo cumplir una promesa bastante más exigente que cualquier entrenamiento.