Dos hermanas murieron de cáncer, ella también enfermó y hoy hace algo que la salvó a ella

Perdió a sus dos hermanas por cáncer de mama y después la enfermedad la atravesó a ella. Lo que hizo Valeria Ferreyra cuando terminó el tratamiento es lo que hoy la mantiene de pie y ayuda a otras mujeres.

· 6 min de lectura
Dos hermanas murieron de cáncer, ella también enfermó y hoy hace algo que la salvó a ella
Dos hermanas murieron de cáncer, ella también enfermó y hoy hace algo que la salvó a ella

Valeria Ferreyra perdió a Cristina y a Laura por cáncer de mama, atravesó la misma enfermedad y hoy es voluntaria de Lalcec en Oberá. Su historia se vuelve palabra útil en el Mes Rosa, cuando la concientización sobre el cáncer de mama recorre el país.

Cuando habla del tema, no repite lo que leyó en un folleto. Lo vivió en su familia y en su propio cuerpo. Por eso, escucharla resulta aleccionador: sus palabras cargan una experiencia que no se transfiere, hecha de dolor y de pasillos de hospital recorridos en busca de información y tratamiento.

Lejos de quedarse en el “por qué a mí” o en el rencor, Valeria se sumó como voluntaria a la Liga Argentina de Lucha Contra el Cáncer (Lalcec), sede Oberá.

“El voluntariado me ayudó a perder el miedo a nombrarlas”

“Perdí dos hermanas a causa de esta misma enfermedad, por eso para mí siempre es un desafío enorme hablar. El voluntariado me ayudó a perder el miedo a nombrarlas, y que sepan mi historia es una manera de sembrar esperanza y, sobre todo, construir resiliencia”, reflexionó.

Cristina se enfermó a los 25 años y Valeria la cuidó durante un año. Laura, en cambio, falleció hace dos años: se diagnosticó a los 53 y también vivió un año de enfermedad. “A mis hermanas las vi morir, prácticamente. Pero aun así me levanto”, contó.

Por eso su octubre rosa tiene un significado propio. “Para mí no es sólo un color, representa mi lucha por ellas y por todas las mujeres que están pasando por este proceso. Si hoy puedo lograr salvar una vida, ya estoy conforme”, sostuvo.

El nódulo, la biopsia y el diagnóstico

Todo empezó con un autoexamen. Se palpó un nódulo, “como una pelotita dura”, detrás de un pezón que se había hundido. Al día siguiente fue al ginecólogo, que la derivó a mastología en Posadas. Los estudios y, sobre todo, la biopsia confirmaron el diagnóstico. Los resultados le llegaron por correo. Era 2021, cuando apenas se normalizaba la pospandemia de Covid.

“La primera reacción que tuve fue de angustia, de miedo por mi historia familiar marcada por el cáncer. Me quebré. Pero al pasar de los días entendí que tenía que estar de pie para poder llevar este proceso”, recordó.

La esperanza y la fe la sostuvieron. Se dijo frente al espejo que era más fuerte que el cáncer, y lo sigue haciendo. En el camino aparecieron trabas: recetas perdidas, máquinas sin funcionar y la burocracia del sistema. “Continué, no me detuve”, resumió.

Cirugías, quimio y radioterapia lejos de casa

El tratamiento arrancó con las cirugías de extracción del tumor y los ganglios, en abril de 2022. Tuvo una buena atención y recuperación. A fines de mayo comenzó la quimioterapia en Posadas, con ciclos cada 21 días y viajes que dependían de cómo quedaba tras cada sesión. Si los análisis de laboratorio no daban bien, el plan no avanzaba y necesitaba un medicamento de apoyo.

La caída del cabello fue lo primero. Lo fue cortando de a poco hasta que le pidió a su esposo que terminara el trabajo. “El duelo que se vive al cambiar es repentino, te llega sin avisar”, describió. Perdió peso, perdió su trabajo y no se reconocía frente al espejo. La quimio, dice, fue para ella un renacer.

En agosto de 2022 su oncóloga pidió radioterapia, que hizo parte en Posadas y parte en Rosario, y terminó en noviembre. Para cumplir con las sesiones de 20 minutos se mudó provisoriamente a Posadas, porque viajar todos los días no era rentable. “Con mis gastos me ayudaban todos: mi esposo, mis padres, mis hermanos, mis amigas”, agradeció.

La hormonoterapia y una menopausia oncológica a los 36

En noviembre de ese año llegó la última etapa: la hormonoterapia. Sufrió una intolerancia al Tamoxifeno que la llevaba a internarse en guardia por los síntomas, hasta que su cuerpo se adaptó al medicamento que sigue tomando.

En abril de 2023 apareció un quiste tabicado en el ovario y la operaron. La cirugía le provocó una menopausia oncológica a los 36 años. Antes del cáncer quería volver a ser madre. Tiene una hija de 19 que, a los 14, tuvo que entender y aceptar que mamá se iba de casa para curarse.

Cómo está hoy

Actualmente se controla en el Hospital Samic de Oberá y Salud Pública le provee la medicación de la hormonoterapia de manera gratuita. En Oberá cuenta con oncóloga, mastólogo, nutricionista y psicólogo. “Es una red que me ayuda a superar el proceso, antes y durante”, valoró.

Está en remisión, pero sigue siendo paciente: cumple los controles y viaja a Posadas cuando hace falta. En ese tránsito se unió a Lalcec Oberá, que le dio herramientas, apoyo y guía. “Me abrieron las puertas y desde mi rol de voluntaria puedo transmitir un mensaje de esperanza y de fe a quienes están pasando por un proceso o tienen un paciente en la casa”, afirmó.

El taller Emprender, la danza y el deporte

Cuando se quedó sin trabajo, en 2023, empezó un proyecto como artesana. Hoy tiene su local propio, el taller Emprender, donde fabrica aromatizantes, jabones y velas. Maneja sus tiempos según los turnos médicos, y su hija, que estudia en la Facultad de Arte, es su diseñadora.

“Es importante volver a encontrar un eje y dedicar tiempo a construir algo productivo”, planteó. La danza y el deporte también la ayudaron: es bailarina y entrena a diario en un gimnasio de su barrio. “Hay un estigma con los pacientes oncológicos, que es la de no hacer esfuerzo físico. Yo desafío eso”, dijo. Quedó con secuelas en los miembros superiores por las cirugías y la radioterapia, pero su esfuerzo diario puede más.

La red de Lalcec y el mensaje final

Llegó a Lalcec buscando orientación y encontró un taller de ayuda que le dio herramientas para llevar el proceso con más paciencia. Como voluntaria hace tareas de oficina, micros radiales semanales con información útil, charlas en octubre, paradas saludables en barrios y plazas, folletos y charlas gratuitas en escuelas.

“Me dedico a la prevención y conciencia, soy un medio que transmite, que pasa información para que las personas lleguen a un consultorio gratuito, a un test, a un análisis, una ecografía o una mamografía a tiempo. Eso es Lalcec. Somos muchos voluntarios y es una red inmensa”, explicó.

Su mensaje como superviviente es claro: aunque el tratamiento termine, el duelo no desaparece de un día para el otro. “Aprender a vivir con una nueva versión de vos también es parte de la recuperación, hablar de ese dolor no te hace débil, lo hace visible, y cuando se nombra deja de ser una carga que tenés que llevar en silencio”, cerró.

“No tenemos que ser invencibles, somos humanos y, a pesar del dolor, del miedo, siempre hay motivos para seguir sosteniendo la vida. No se rindan ante las negativas y las adversidades del tránsito, porque va a pasar. Busquen ayuda, golpeen puertas, no pierdan las esperanzas ni la fe”, aconsejó.

Perfil: Valeria Ferreyra tiene 39 años, está casada y tiene una hija. Es emprendedora, artesana, fabrica aromatizantes, jabones y velas, y es voluntaria de Lalcec.

Más para leer

El peaje sin efectivo colapsó en Misiones: hay un proyecto para que vuelva el pago en mano
Sociedad
La Poceada dejó un premio récord en Iguazú: la boleta salió de una agencia del centro
Sociedad
Compró su Poceada en Iguazú y se llevó el premio más alto de la historia: cuánto cobró
Sociedad
El Padre Paco llegó a Posadas y encendió la alarma por lo que pasa en los barrios
Sociedad
La Costanera de Posadas se llena de cañas: abuelos y nietos vuelven a pescar juntos
Sociedad
San Vicente suma cuatro oficios con salida laboral inmediata: dónde anotarse
Sociedad