Dos guitarristas se juntan en Rosario y avisan: "No estamos fusionando folclore con jazz"
Dos referentes de la guitarra y la trompeta se cruzan en un escenario rosarino con un repertorio que promete sorpresas, pero uno de ellos aclaró qué NO van a escuchar. La noche que empezó como guitarreada de bar y terminó en un espectáculo.
El folclore y el jazz vuelven a cruzarse en un escenario rosarino de la mano de Juan Falú y Mariano Loiácono, dos músicos que llegan con un repertorio de clásicos argentinos abordados desde la improvisación. El espectáculo se llama Cuerda y metal y propone versiones libres sobre músicas que ambos llevan en la memoria.
Cómo nació el encuentro
El origen de la dupla tiene más de guitarreada que de producción artística. Falú recuerda que la idea de tocar juntos "surgió de Mariano o, probablemente, de ambos al mismo tiempo", algo que suele pasar cuando se hace música de manera informal en una reunión y aparece una sintonía que después se busca plasmar en un encuentro.
Loiácono pone la anécdota precisa: conoció a Falú por intermedio de Carlos Moscardini, amigo y también guitarrista. Una noche, al terminar de tocar, Moscardini le contó que iba a estar comiendo con Falú en un bar. Loiácono se fue para allá y se armó la guitarreada. "Ahí compartimos las primeras notas", cuenta. Después, cada vez que se cruzaban en las trasnoches de algún bar tocaban una zamba, hasta que decidieron hacer algo juntos "en horarios más apropiados para el público en general".
Qué va a escuchar el público
Falú describe la propuesta sin vueltas: "Van a ver a dos músicos provincianos, y lo que van a escuchar es sobre todo folclore argentino". Reconoce que Loiácono cultiva el lenguaje del jazz y él el del folclore, y agradece que su compañero se acerque al terreno criollo, aunque aclara que ese lenguaje también es de Loiácono. "Mariano se acerca al folclore con la seguridad de quien lo ha mamado, vivido y lo ama también", dice. El resultado: versiones libres sobre folclore argentino.
Loiácono suma que los conciertos recorren clásicos del repertorio de música argentina con una fuerte impronta de improvisación, ese modo de tocar que les gusta a los dos. Y anticipa que habrá cosas que nunca tocaron antes y otras que ya transitaron en presentaciones previas.
Sin plan, con deseo de jugar
Consultados por los objetivos artísticos que se fijaron, la respuesta de Loiácono va por otro lado: "Nunca hablamos mucho, siempre vamos encontrando nuestro mensaje con la música". Cuenta que en cada concierto sigue aprendiendo a tocar con Falú, a entender su rítmica y su espontaneidad, y que con el correr de las presentaciones fueron encontrando más comodidad en los espacios y en la escucha atenta del otro.
Falú es todavía más categórico: "Generalmente, los objetivos responden a un plan, y acá no hubo plan". La decisión fue tocar músicas que les gustan y que forman parte de sus memorias, aunque en algunos casos se trate de composiciones nuevas dentro de géneros muy memoriosos, como una zamba. "Más que objetivos, hay el deseo de tocar en el formato de versión libre y dejar que la cosa fluya, jugar ese juego", explica.
La discusión sobre la fusión
La pregunta sobre cómo fue mezclar folclore y jazz encuentra respuestas que desarman la premisa. Loiácono aclara que "sinceramente, no hay mucho jazz", salvo lo que su lenguaje pueda denotar melódicamente en algún momento. Asegura que intenta acercarse lo más posible a la música argentina y que, aunque el oyente encuentre giros jazzísticos en ambos, él está pensando en Atahualpa Yupanqui y en Eduardo Falú durante todo el concierto.
Falú lo dice con todas las letras: "No estamos fusionando folclore con jazz". Admite que existe un denominador común entre los dos lenguajes, que es el concepto de improvisación. El jazz es el reinado principal de esa práctica, pero también puede aplicarse en otros universos musicales, y de hecho ocurre bastante en el folclore. "Más que fusionar jazz con folclore, lo que hacemos es folclore con versiones libres", sintetiza.
El desafío de los grandes escenarios
Ante la posibilidad de llevar esta propuesta a un escenario masivo como Cosquín, Loiácono es honesto: hace muchos años no mira el festival y no podría responder.
Falú, en cambio, se entusiasma con la idea de asumir desafíos. Ir a un festival, a un espacio abierto y con un público multitudinario, y hacer una música que tiene más de introspección y de movimiento reflexivo que de expansión o entretenimiento, le parece todo un reto. Confía en una parte sensible de esos públicos, la que va a escuchar otras músicas y que, cuando se encuentra con algo diferente que concita atención, reflexión y un contacto más profundo y sutil con la música, vive un momento glorioso. "Siempre creo que es posible lograrlo, sea en Cosquín o en cualquier lugar", afirma. Y cierra: "Es una apuesta que hay que hacerla y un desafío que asumirlo. Si no, dejamos liberados los campos de la música a los designios de los formatos estéticos del mercado y nada más que eso".
Dos trayectorias de peso
Juan Falú, guitarrista, acumula seis décadas de recorrido. Es director y creador del Festival Guitarras del Mundo desde 1995, que reúne guitarristas de todo el planeta en escenarios de todo el país. También creó la carrera de folclore en el Conservatorio Manuel de Falla de la ciudad de Buenos Aires, desde donde transmitió sus conocimientos a nuevas generaciones. Su extensa discografía como solista incluye colaboraciones con Liliana Herrero, Teresa Parodi e Hilda Herrera, entre otros artistas. En 2005 recibió el premio Konex Diploma de Honor al mejor grupo de folclore por su trabajo junto a Liliana Herrero.
Mariano Loiácono, trompetista, egresó de la Escuela de Música Contemporánea Berklee International Network y luego se perfeccionó con músicos de jazz de primer nivel como George Garzone, Jeremy Pelt, Scott Wendholt, Tim Haggans, Eddie Henderson, Jim McNeely y Alex Sipiagin. Compartió conciertos y festivales con artistas de Argentina y del exterior, entre ellos Cyrus Chestnut, Mary Stallings, Clarence Penn, Donald Harrison, Rodney Jones, Russell Malone, David Williams, Willie Jones III, Benny Green y Gerald Cannon. Entre sus premios figuran el de "Músico de Jazz Revelación 2008" (Clarín) y el Jazz Is por su disco What's New? (2011, USA). En 2015, el Mariano Loiacono Quintet obtuvo el diploma distinción de los premios Konex como Mejor Grupo de Jazz de la década 2005-15.