Dos amigos de Villa Pehuenia van a cruzar el país en kayak: el tramo que nadie se anima a contar

Más de 1.300 kilómetros, un mes de remo y kayaks de aguas blancos cargados al límite: dos amigos de Villa Pehuenia largarán desde la cordillera rumbo al Atlántico. Lo que casi nadie sabe es cómo piensan resolver la parte más dura del viaje.

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Dos amigos de Villa Pehuenia van a cruzar el país en kayak: el tramo que nadie se anima a contar
Dos amigos de Villa Pehuenia van a cruzar el país en kayak: el tramo que nadie se anima a contar

Sebastián y Alexis, dos kayakistas de aguas blancas radicados en Villa Pehuenia, remarán más de 1.300 kilómetros desde la cordillera hasta el océano Atlántico con embarcaciones de aguas rápidas, sin apoyo externo. La expedición arranca a fines de septiembre y les demandará cerca de un mes de travesía.

La idea no nació de un día para otro. La primera conversación seria se dio en 2020, en plena pandemia, durante una expedición por el río Aluminé que compartieron con otros amigos. Después de meses de encierro, volver al agua y pasar varios días en contacto con la naturaleza les dejó una sensación de libertad que, según cuentan, difícilmente encontraban en otro lugar. Ahí apareció la pregunta que lo cambió todo: ¿hasta dónde podía llevarlos ese río?

En un principio pensaron en una balsa, porque permite cargar más equipo. Pero con el tiempo se impuso otra opción, más coherente con lo que son. Ambos son kayakistas de aguas blancas y querían hacer el recorrido con ese tipo de embarcación, aun sabiendo que el río cambia por completo sus características a lo largo del camino. “Somos kayakistas de pura cepa. Queremos llegar con estos kayaks”, resumieron.

De la montaña al mar: el recorrido

La travesía arrancará en las aguas altas de la cuenca, en la zona del río Quillahue, y seguirá por distintos cursos y embalses hasta alcanzar el río Negro y, finalmente, el Atlántico. El plan incluye el Aluminé, el Collón Curá, los embalses y el Limay, para luego tomar la confluencia con el Neuquén. Desde ahí, el río Negro los llevará por localidades como Choele Choel y General Conesa hasta la zona de Viedma y el balneario El Cóndor, donde el agua desemboca en el mar.

Calculan unas ocho horas de remo por día y un promedio de 30 a 35 kilómetros por jornada. En los tramos más rápidos del Aluminé podrían superar esa distancia; en los embalses y aguas tranquilas, en cambio, avanzarán más lento. La partida está prevista para cerca del 25 de septiembre y la idea es estar de vuelta en la zona para noviembre, antes de que arranque la temporada alta de verano, cuando ambos retoman sus trabajos.

Sin apoyo externo: el desafío de la logística

Uno de los puntos que más remarcan es que quieren hacer el viaje por sus propios medios. No habrá una embarcación de apoyo siguiendo el recorrido ni un equipo que les lleve comida o equipamiento. La capacidad de carga es mínima: entre el equipo de seguridad, la ropa, la bolsa de dormir y los elementos de cocina, queda muy poco espacio.

Por eso deberán planificar con precisión los puntos de abastecimiento. Hay sectores donde podrían pasar hasta diez días sin encontrar un lugar para comprar alimentos. “Cuando sepamos que podemos reabastecernos, caminaremos hasta algún lugar. Y seguramente también aparezca gente que nos quiera arrimar o llevarnos a comprar algo”, contaron. Esa posibilidad ya empezó a aparecer: la difusión del proyecto en redes sociales les trajo mensajes de personas que quieren acompañarlos o ayudarlos. Agradecen la buena voluntad, pero buscan mantener el espíritu original: resolver todo sobre la marcha.

Preparación, frío y una bitácora desde el agua

El arranque en primavera agrega otra dificultad. En las zonas altas de la cordillera todavía puede haber nieve y temperaturas bajo cero. Calculan noches de entre -5 y -7 grados, además de lluvia y condiciones climáticas que cambian rápido. Por eso insisten en que no se trata de una decisión impulsiva: ambos reman todo el año y hacen expediciones por los ríos desde hace más de una década. Sebastián, además, tiene formación en socorrismo y primeros auxilios. La planificación incluye mapas, distancias, zonas de abastecimiento y lugares de evacuación, más un botiquín pensado para una expedición prolongada.

“Hay que informarse mucho. Esto no es subirse al kayak y darle. Lleva planificación, entrenamiento y conocimiento”, remarcaron. El objetivo, dicen, es que el mensaje de animarse a algo no quede asociado a la improvisación, sino a perseguir los sueños de manera responsable.

Durante el viaje también quieren documentar lo que ocurra. Alexis se ocupará de la parte audiovisual que compartirán en Instagram (@remandoalatlantico), mientras que Sebastián escribirá una bitácora. No saben todavía qué forma tendrá ese material: puede quedar como un recuerdo personal, convertirse en un documento de la expedición o servir para que otros conozcan el camino. También saben que habrá jornadas en las que el cansancio gane la batalla y no queden fuerzas para escribir o volar un dron. La idea será registrar cuando el viaje lo permita y no perder de vista el motivo por el que decidieron hacerlo.

“Espero que cuando estemos bajo la lluvia, con un toldo en el medio de la nada, podamos hacer un video riéndonos de la situación. No para el video, sino porque realmente estaremos disfrutando de eso”, imaginaron.

Con la fecha cada vez más cerca, la ansiedad empieza a aparecer. Hay noches en las que cuesta dormir y mañanas que arrancan demasiado temprano, con la cabeza puesta en lo que viene. Saben que la expectativa externa puede convertirse en una distracción y por eso intentan mantener el foco en la expedición y en todo lo que todavía falta preparar.

“Siempre hay que ir atrás de los sueños. Proponerse un objetivo, tomar la decisión y decir: vamos y le metemos”, aseguran. “Somos uno de Rosario y el otro de Buenos Aires. Soñamos estar en los lagos, en la cordillera, en los ríos de montaña. Y vivimos acá hace muchos años porque fuimos atrás de ese sueño. Ahora vamos atrás de otro: intentar unir humildemente los Andes, bien arriba, con el mar”, afirma Alexis.

Ahora falta lo más importante: dejar la cordillera atrás, entrar al agua y empezar a avanzar. Primero serán los ríos de montaña. Después, los embalses, el Limay, la confluencia, el río Negro y cientos de kilómetros hacia el este. Hasta que el agua que hoy conocen entre las montañas termine encontrándose con el Atlántico.

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