Don Mezón, el hombre de los cubanitos ¿Cuelga su bandeja y se jubila?

Después de cuatro décadas endulzando los días de los monterizos, don Juan Mezón, el querido vendedor de cubanitos, ¿Ha decidido colgar su bandeja y disfrutar de una merecida jubilación. Su figura, inconfundible con sus coloridos trajes y su sonrisa contagiosa, se ha convertido en un símbolo de la ciudad y un referente para muchas generaciones. […]

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Don Mezón, el hombre de los cubanitos ¿Cuelga su bandeja y se jubila?

Después de cuatro décadas endulzando los días de los monterizos, don Juan Mezón, el querido vendedor de cubanitos, ¿Ha decidido colgar su bandeja y disfrutar de una merecida jubilación. Su figura, inconfundible con sus coloridos trajes y su sonrisa contagiosa, se ha convertido en un símbolo de la ciudad y un referente para muchas generaciones.

Para celebrar su retiro, don Mezón quiso compartir su alegría con quienes más lo han acompañado a lo largo de todos estos años: los niños. Organizó una pequeña fiesta en la Escuela 121 de Yonopongo, donde regaló sus clásicos cucuruchos con dulce de leche a los más pequeños.

Según consigna Radio Municipal Monteros a través de las redes sociales, “Dios me dio de más y algo tengo que devolver en la vida. Más a los niños, a ellos les debo todo”, expresó emocionado don Juan.

Una vida dedicada a endulzar los días con los cubanitos en Monteros

Nació en Capital Federal, pero a muy temprana edad llegó a Monteros, donde se crió rodeado de afectos y comenzó a trabajar desde muy joven. Su pasión por la venta ambulante surgió en Güemes, Salta, donde vendió caramelos y manzanas acarameladas.

Sin embargo, fue en Monteros donde encontró su verdadera vocación, convirtiéndose en el vendedor de cubanitos más querido de la ciudad.

Don Juan Mezón no solo era un vendedor, era un amigo, un confidente y un referente para muchos niños. Su simpatía, su paciencia y su generosidad lo convirtieron en una figura entrañable para toda la comunidad.

Una rutina inconfundible

Durante más de cuarenta años, don Juan recorrió las calles de Monteros con su bandeja llena de delicias. Desde el centro hasta las escuelas, su presencia era esperada con ansias por grandes y chicos. Su vestimenta, siempre colorida y elegante, y su saludo cordial lo hacían inconfundible.

“No vuelve hasta que no termina de vender todo”, trascendió en 2019 tras un artículo en un medio capitalino. Y así era, día tras día, don Juan se dedicaba a alegrar los días de los monterizos con sus cubanitos

Un legado imborrable

La figura de don Juan Mezón trasciende la simple venta de dulces. Se ha convertido en un símbolo de la calidez y la solidaridad de la gente de Monteros. Su legado perdurará en los corazones de todos aquellos que tuvieron la suerte de conocerlo y compartir un momento con él.

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