Dio su primera clase en un salón del Padre Zink y 26 años después sigue bailando: el sueño que Claudia Cozzolino persigue

Veintiséis años, cientos de alumnas y un nombre que nació en una playa de Brasil: la historia de Claudia Cozzolino con la danza árabe en Río Grande. Lo que todavía le falta, en la nota.

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Dio su primera clase en un salón del Padre Zink y 26 años después sigue bailando: el sueño que Claudia Cozzolino persigue
Dio su primera clase en un salón del Padre Zink y 26 años después sigue bailando: el sueño que Claudia Cozzolino persigue

Claudia Cozzolino conoció la danza árabe de la mano de Laura del Toro y nunca más se separó de ella. Hace 26 años que esa disciplina es su "cable a tierra" y el eje de una historia que combina enseñanza, creatividad y comunidad en Río Grande.

En una entrevista del ciclo Raíces en Movimiento, junto a Diana Flores, repasó su recorrido: sus primeros años como profesora en un pequeño salón del Padre Zink, por donde pasaron cientos de alumnas y varias generaciones que mantuvieron el vínculo con la danza.

Para Claudia, bailar nunca fue solo aprender una coreografía. También estaban los vestuarios, el maquillaje, la estética y todo lo que hace posible un espectáculo. Ella misma confeccionaba los trajes y compartía sus conocimientos con madres y abuelas. Además, impulsó capacitaciones y acercó a Río Grande a profesores reconocidos, entre ellos Oscar Flores.

Cuentos, escenarios y un nombre con historia

Esa manera de entender la danza la llevó a crear cuentos acompañados por coreografías, en los que las bailarinas y sus familias también formaban parte de la propuesta.

Entre tantos recuerdos hay uno especial: el origen de Mahatma, el nombre de su ballet. Inspirada por un espectáculo de Flavio Mendoza, encontró en esa palabra un significado que la representaba: "corazón grande". Años después, escribió "Mahatma" junto a un corazón en la arena de una playa de Brasil. Para ella, esa imagen terminó de confirmar el nombre de su grupo.

Su historia también está ligada al mundo del vestuario. Durante 14 años tuvo Alquimia Disfraces, un emprendimiento que arrancó como sedería y terminó convertido en un espacio dedicado al alquiler de trajes.

Lo que todavía falta

Hoy, entre fotografías, recuerdos, alumnas y familia, Claudia mira todo lo construido y también aquello que sueña. Quiere viajar a Egipto, recorrer el desierto en camello vestida de blanco y algún día aprender a tocar la batería.

Después de 26 años, la danza sigue siendo para ella ese lugar donde la creatividad, los vínculos y la pasión encuentran un mismo escenario.

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