Diez meses sin medicamentos en el Cottolengo: la advertencia que nadie quiere escuchar antes de la visita del Papa
El Cottolengo Don Orione lleva diez meses sin recibir medicamentos, pañales ni apósitos del Estado, y las familias ya no saben a quién recurrir. La visita del Papa León XIV podría cambiar algo, pero el desabastecimiento no da tregua. ¿Qué pasará con los residentes que dependen de esos insumos para vivir?
El Pequeño Cottolengo Don Orione atraviesa una situación límite: hace diez meses que no recibe medicamentos, pañales ni apósitos de los programas estatales. La institución, referente histórico en el cuidado de personas con discapacidad, tuvo que recurrir a fondos propios y donaciones para cubrir lo que el Estado dejó de enviar.
Fernando Montero, director del Servicio de Discapacidad del establecimiento, describió el impacto del desabastecimiento en la vida diaria de los residentes y en la angustia de sus familias. La crisis se da en la antesala de la visita del Papa León XIV a la Argentina, un hecho que, según Montero, podría visibilizar la situación de las personas con discapacidad.
Un desfasaje que ahoga las cuentas
Al problema de los insumos se suma el deterioro económico del sector. Durante los últimos dos años, el congelamiento de los aranceles generó una brecha entre los costos reales de operación y lo que liquidan las obras sociales y los programas de cobertura estatal.
La aplicación de aumentos mensuales según el Índice de Precios al Consumidor (IPC) trajo cierta previsibilidad, pero no alcanza porque se calcula sobre una base ya devaluada. "Durante el 2024 y 2025 se congelaron los aranceles, o sea, se licuaron en relación a la inflación y luego de la ley de emergencia ahora se dan aumentos por IPC, pero de un arancel que está devaluado en un 30 a 35%", explicó Montero.
El riesgo clínico de quedarse sin remedios
La interrupción en la entrega de fármacos tiene consecuencias directas sobre la salud de los residentes. Muchos necesitan esquemas farmacológicos ininterrumpidos para controlar crisis convulsivas y patologías psiquiátricas o conductuales.
Con la medicación a tiempo, los pacientes mantienen un cuadro estable. Sin ella, los episodios se agravan y la convivencia se vuelve más compleja. Ver a un familiar convulsionar por falta de remedios básicos genera una angustia profunda en las familias, sobre todo porque son situaciones evitables con una provisión regular.
La institución espera que la visita del Papa ponga el tema en agenda y que las personas con discapacidad dejen de ser invisibles para las políticas públicas.