Diez años sin Claudia, Marta y Silda: la hija mayor revela qué pasó realmente esa noche

Se creía que la noche del triple femicidio de Godoy Cruz había empezado con una discusión. La hija mayor de Claudia Arias, diez años después, contó qué pasó realmente adentro de la casa y qué encontró la Policía en un contenedor.

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Diez años sin Claudia, Marta y Silda: la hija mayor revela qué pasó realmente esa noche
Diez años sin Claudia, Marta y Silda: la hija mayor revela qué pasó realmente esa noche

Milagros, la hija mayor de Claudia Arias, habló a una década del triple femicidio de Godoy Cruz y desmintió la versión de la discusión previa. También recordó a su madre, a su tía Marta Ortiz y a su bisabuela Silda Díaz, y contó cómo la familia sigue atravesando la ausencia.

"Ellas fueron muy queridas. Nuestra familia era y sigue siendo unida, pero era mucho más unida con ellas", expresó Milagros en diálogo con Sitio Andino, al cumplirse diez años del crimen que conmocionó a Mendoza.

Tres mujeres, tres pilares

Al repasar el lugar que cada víctima ocupaba en su vida, Milagros describió a su madre como una mujer "súper alegre, trabajadora", que estudiaba y se ocupaba de sus hijos. Claudia había sido madre soltera y sacó adelante a su familia con esfuerzo.

De su tía Marta Ortiz recordó: "Me acuerdo mucho de ella, era bromatóloga y siempre ayudó a todos". La definió como una segunda mamá. De su bisabuela Silda Díaz, en tanto, destacó las comidas caseras y las largas charlas que compartían.

Eran mujeres muy presentes en la vida cotidiana de la familia, por lo que su ausencia transformó las celebraciones y los momentos compartidos. Milagros también rememoró que 2016 había sido especialmente duro para sus seres queridos: apenas seis meses antes del triple femicidio había fallecido su bisabuelo.

"Fueron personas muy amadas, pero no solo por nosotros, sino por mucha gente", afirmó.

La noche del ataque: sin discusión previa

Según el relato de Milagros, Daniel Zalazar llegó a la vivienda con la excusa de llevarle alimento a la bebé que tenía con Claudia. La joven rechazó las versiones que indicaban que antes del ataque había existido una discusión entre ambos.

"Él simplemente fue con la excusa de llevarle alimento a mi hermana, porque era el padre. Mi mamá fue y la acostó a la bebé y, cuando volvió al comedor, ahí empezó todo el ataque", relató.

Milagros insistió en que no hubo un reclamo de su madre hacia el agresor: "No hubo una discusión, no es que mi mamá le reclamó algo ni nada por el estilo. Mi mamá fue mamá soltera y, si él no se quería hacer cargo, no le iba a afectar en el sentido de que si pudo con tres, pudo con cuatro. Es lo que ella nos decía. Entonces, es como que nunca hubo un reclamo por ese lado", explicó.

Los chicos que sobrevivieron

Durante el ataque, Zalazar también hirió a su bebé de apenas nueve meses y a un niño de 11 años. Ambos sobrevivieron. La bebé sufrió heridas en el cuello, mientras que el niño fue trasladado al hospital Notti con una lesión en la cabeza: debieron extraerle un fragmento de cuchillo que había quedado incrustado en el cráneo.

En medio del suceso, Bautista, que entonces tenía 8 años e hijo de Claudia, se escondió en el baúl de un auto para refugiarse y llamó a su abuela para alertarle sobre lo que estaba ocurriendo. La única que no estaba en la vivienda era Milagros, que se encontraba en la casa de una amiga.

Tras el episodio, los cuatro hijos de Claudia aprendieron a vivir con la ausencia. Hoy, la mayor estudia Instrumentación Quirúrgica; Lucas, el pequeño de 11 años en aquel entonces, cursa Ingeniería Electrónica; y Bautista trabaja.

Las pruebas de ADN que lo complicaron

La investigación reunió distintas pruebas que vincularon a Zalazar con el ataque: estudios de ADN sobre prendas manchadas con sangre, rastros hemáticos en la escena y pericias sobre las armas blancas secuestradas.

Cerca de la vivienda del sospechoso, en la calle Primitivo de la Reta, en Ciudad, la Policía encontró dentro de un contenedor un par de zapatillas, una campera con sangre y dos cuchillos.

Los análisis del calzado detectaron rastros genéticos coincidentes con el ADN del niño de 11 años herido durante el ataque. Además, el fragmento de cuchillo extraído de su cráneo coincidió con la hoja de una de las armas secuestradas.

Otro dato que estremeció a los investigadores fue la consulta que Zalazar habría realizado a un amigo bombero unos 15 días antes de los asesinatos: según la información incorporada a la reconstrucción del caso, le habría preguntado cómo hacer para "volar" una casa. En la vivienda, tras el ataque, quedaron una vela encendida y las hornallas abiertas, elementos que también formaron parte de la investigación sobre sus posibles intenciones.

La doble vida del agresor

Zalazar era cinturón negro de taekwondo y daba clases en un gimnasio de Estanzuela, en Godoy Cruz, y también en Luján. Quienes lo conocían lo describían como un hombre divertido, educado y buen amigo, además de destacar su desempeño como profesor de artes marciales.

Según los testimonios reunidos en la investigación, su comportamiento público no hacía prever la violencia del ataque. En los torneos, incluso, mantenía poco contacto físico con sus alumnos y era considerado una persona tranquila. Además, trascendió que habría mentido sobre distintos aspectos de su vida: aseguraba ser médico y realizar guardias, pese a no haberse recibido.

También mantenía en secreto su vida sentimental. De acuerdo con la investigación, llevaba alrededor de ocho meses de noviazgo con otra mujer de Godoy Cruz, quien desconocía la relación que él mantenía con Claudia y la existencia de la hija que ambos tenían. Los investigadores analizaron la posibilidad de que Zalazar hubiera actuado para ocultar esa relación y evitar que su pareja se enterara de su otra vida sentimental. Esa hipótesis formó parte de las líneas que se examinaron para intentar establecer los motivos del ataque.

Perpetua y un pedido de contención

Por los asesinatos, Zalazar fue condenado a prisión perpetua. La causa fue encuadrada como triple femicidio, en función de la violencia ejercida contra las víctimas y de las circunstancias consideradas durante el proceso judicial. La investigación también contempló la hipótesis de que el agresor hubiera actuado criminis causa, es decir, con el propósito de cometer otro delito u ocultarlo, según la calificación jurídica aplicada al caso.

Tras admitir los crímenes, recibió la pena de prisión perpetua. De acuerdo con la información difundida sobre su situación penitenciaria, cumple la condena en una cárcel de la provincia de Santa Cruz.

A una década del crimen, las consecuencias siguen presentes en la vida de los familiares. Además de recordar a las tres mujeres, Milagros hizo hincapié en la importancia de la asistencia psicológica que recibieron después de la tragedia. La joven destacó el valor del acompañamiento profesional para afrontar una pérdida de semejante magnitud y sostuvo que otras personas que atraviesan situaciones similares también deberían contar con esa contención.

El triple femicidio de Godoy Cruz dejó tres vidas arrebatadas, niños que sobrevivieron al ataque y una familia obligada a reconstruirse en medio del dolor. Diez años después, el recuerdo de Claudia Arias, Marta Ortiz y Silda Díaz continúa presente en sus seres queridos y en una provincia que todavía recuerda uno de los crímenes más conmocionantes de su historia reciente.

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