Dibujar para sanar: el taller de Bariloche que ayuda a los adolescentes a expresarse
Laura y Alejandro vieron que los adolescentes necesitaban un espacio propio. Crearon un taller donde el arte es excusa para escucharlos. Lo que descubrieron los sorprendió.
En el kilómetro 12 de Bariloche funciona desde hace dos años una propuesta que combina dibujo, aerografía y collage con acompañamiento personal para que los adolescentes puedan expresarse y sentirse escuchados.
La iniciativa nació del vínculo entre Laura Benavídez, consultora psicológica, y Alejandro Hatem, referente de Migra Style. Ambos compartían una preocupación por las adolescencias actuales y la necesidad de generar espacios de contención.
“Ambos tenemos el interés en los adolescentes, viendo cómo vienen las adolescencias, y que es una etapa bastante bisagra en la vida de uno”, señaló Benavídez en diálogo con Ideas Circulares.
El objetivo no es solo aprender una técnica, sino usar el proceso creativo para canalizar emociones, compartir experiencias y fortalecer la confianza. “La propuesta fue cómo podemos acompañar a los chicos, a los adolescentes, para que puedan expresarse, para que puedan desarrollarse como personas en un lugar contenido, que se sientan escuchados”, explicó.
Las actividades incluyen dibujo, aerografía y collage, además de momentos de conversación. En algunos encuentros se utilizan canciones o videos como disparadores para abrir el intercambio. Los jóvenes transitan distintas instancias: algunas producciones arrancan en una hoja, otras en el dibujo digital y luego derivan en técnicas más específicas.
Benavídez destacó la creatividad de los participantes: “Es maravilloso ver todo lo que hacen”, dijo, y agregó: “Talento sobra, claramente”.
El proyecto también tuvo experiencias fuera del taller, como actividades en el SCUM, y sus impulsores esperan seguir creciendo y sumar nuevos espacios de participación.
La idea es que los adolescentes encuentren un ámbito propio, sin miedo a equivocarse. “Que no tengan miedo a crecer, a hacer, a probar”, expresó Benavídez.
Y dejó una reflexión: frente a quienes dicen que “del arte no se vive”, planteó que lo que apasiona puede ser un camino de desarrollo personal. “Por lo menos la felicidad sí te la va a traer”, afirmó.