Del monte libre al compacto: la revolución silenciosa de la fruticultura del Alto Valle
Alberto Formiga, titular de Kumei Mapu, repasa tres décadas de cambios en la producción frutícola del Alto Valle, donde la tecnología y el manejo de plagas se volvieron claves para sostener la actividad.
Alberto Formiga, titular de Kumei Mapu, repasa tres décadas de cambios en la producción frutícola del Alto Valle, desde la reconversión de los montes hasta el uso de feromonas y drones para cumplir con mercados cada vez más exigentes.
Nacido en General Roca en el seno de una familia ligada a la producción regional, Formiga estudió Agronomía en Cinco Saltos y se recibió en 1973. Su carrera comenzó en General Conesa con cultivos de tomate y morrón, luego pasó por una firma de maquinaria e insumos agrícolas en Roca y más tarde ingresó a una multinacional que, en 1994, lo llevó a independizarse. Ese año nació Kumei Mapu, un emprendimiento que lleva más de tres décadas dedicado al abastecimiento de insumos y, sobre todo, al manejo de plagas en la fruticultura regional.
“En el 94 nos nombraron agentes de la empresa y pasamos a ser independientes, ahí formamos este negocio”, recuerda. Desde entonces, la firma representa a Chemotécnica, compañía con líneas en agroquímicos y salud pública. En la actividad frutícola, uno de sus ejes centrales son las feromonas para el control y monitoreo de plagas.
Una fruticultura que cambió para siempre
Formiga fue testigo de la transformación productiva del Valle. “Pasamos de la fruticultura tradicional, de montes libres, a hoy, que son montes compactos”, dice a Río Negro Rural. El cambio no fue solo productivo: también dejó afuera a muchos productores que no pudieron reconvertirse ante las exigencias de rendimiento, protocolos y compradores internacionales.
“Estamos en otra fruticultura, otra necesidad del mercado”, sostiene. Los mercados externos ahora exigen más controles, certificaciones y límites estrictos de residuos fitosanitarios. “Los requerimientos exteriores de nuestros clientes van teniendo cada vez más exigencias. Se hace más difícil llegar a esos mercados”, señala.
El manejo sanitario se volvió más preciso: los productos dejaron de ser de amplio espectro. “Antes agarrábamos un producto que quizás controlaba tres plagas. Hoy son todos muy puntuales, muy específicos”, explica.
Feromonas y monitoreo: la tecnología que marca el ritmo
Kumei Mapu trabaja desde hace décadas con feromonas de confusión sexual para carpocapsa y grafolita. El principio es simple: generar en el monte una concentración de feromona que interfiera en la búsqueda de hembras por parte de los machos y reduzca el apareamiento. Pero la tecnología no termina con los dispensers; el monitoreo decide si hace falta aplicar insecticida.
“Si hay caídas, tengo que entrar con el insecticida. Y si esto está bien, está en cero o el umbral es de una o dos capturas, no necesito hacer ninguna aplicación”, detalla. Para eso existen trampas específicas que permiten conocer la población de la plaga. En mercados como el chino, los controles son tan estrictos que puede exigirse captura cero.
El monitoreo está a cargo de personal capacitado que registra capturas y elabora informes, parte de la trazabilidad que hoy demandan los mercados exigentes.
Menos productos nuevos, más necesidad de preservar
El desarrollo de nuevos insecticidas se topa con la presión por reducir residuos. “Hoy no están apareciendo gran cantidad de productos nuevos en el mercado, por lo menos en insecticidas, porque empieza a tener mucha importancia el tema de los residuos”, explica Formiga. Por eso, preservar las herramientas disponibles es clave: el uso indiscriminado favorece la resistencia de las plagas.
“Hay que preservar esos productos porque en el futuro va a ser un poco difícil si se siguen utilizando de manera descontrolada”, advierte. La estrategia pasa por combinar herramientas, respetar dosis y momentos de aplicación y, sobre todo, monitorear para evitar tratamientos innecesarios.
El sol, un enemigo silencioso
Otro dolor de cabeza es el daño por sol, que impacta directo en el valor comercial de la fruta. “Pasa de grado elegido a segunda o de segunda a tercera y en cada paso de eso va perdiendo precio y, por lo tanto, la rentabilidad no es la misma”, explica. Las mallas y tecnologías para reducir la exposición solar ganan relevancia en ciertas variedades.
Cooperativas, el salvavidas de los pequeños
Formiga también observa la desaparición de los pequeños productores. El modelo de chacras de cinco o seis hectáreas, históricamente clave en el Alto Valle, hoy es difícil de sostener. “Ese modelo hoy no existe o es muy difícil de mantener”, sostiene. En ese contexto, las cooperativas y organizaciones son fundamentales: “Yo creo que es la única forma que tienen para defender el producto chico”, afirma.
La concentración no es exclusiva de la fruticultura, pero aquí golpea fuerte. “Hay que estar actualizado. Es un desafío para todos los participantes de la actividad”, resume.
Drones y nuevas herramientas
Los drones para aplicaciones agrícolas recién comienzan a ganar espacio en fruticultura. “Hay experiencias buenas”, dice Formiga, y menciona clientes que ya obtienen buenos resultados. En cultivos como alfalfa y maíz, el avance es mayor. Pero la mecanización plantea un interrogante: la fruticultura sigue siendo gran demandante de mano de obra. “Es un desafío de futuro que la fruticultura no siga disminuyendo”, plantea.
Un mercado más abierto y precios en baja
En agroquímicos, los precios se estabilizaron y algunos productos importantes bajaron en dólares, en parte por el vencimiento de patentes. “Mientras está cautivo, el precio lo pone uno. Cuando aparecen varias marcas con el mismo producto, el mercado se maneja de otra manera”, explica. La cadena de pagos está relativamente normalizada, aunque con atrasos típicos de la actividad. “No son quizás las mejores épocas, pero el operativo está andando”, resume.
Tres décadas acompañando al productor
Desde 1994, Kumei Mapu se convirtió en nexo entre fabricantes, distribuidores y productores. La evolución de la fruticultura cambió el trabajo de quienes proveen insumos: ya no alcanza con ofrecer un producto, hay que aportar herramientas para monitorear, registrar y cumplir protocolos.
La trayectoria de Formiga muestra el cambio: de montes de baja densidad a plantaciones modernas; de productos de amplio espectro a herramientas específicas; de aplicaciones programadas a estrategias basadas en monitoreo; de un mercado con menos restricciones a una fruticultura donde la inocuidad y la trazabilidad son condiciones para competir. “Es el camino marcado”, dice. Y en ese camino, la tecnología, el conocimiento y la adaptación seguirán siendo centrales para el Alto Valle.