Dejó Turismo por un ensayo de teatro en Misiones y hoy recorre aldeas guaraníes con un nariz roja
Tenía 20 años y estudiaba Turismo en Misiones cuando un compañero lo llevó a un ensayo de teatro comunitario. Lo que encontró ahí lo llevó a dejar de lado una carrera y subirse a un camino que hoy lo cruza entre Jujuy, Misiones y las comunidades guaraníes.
Víctor Vildoza tenía 20 años y una carrera de Turismo por delante en Misiones. Un compañero lo arrastró a un ensayo de La Murga de la Estación, en Posadas, y esa tarde le cambió el plan de vida: hoy es payaso, titiritero y uno de los artistas jujeños que vuelve a ser convocado por el Encuentro Internacional de Mimo y Clown (EIMIC).
En diálogo con la prensa, el artista repasó un recorrido que arrancó casi sin buscarlo y que lo llevó del teatro comunitario al circo, del circo al clown y de los escenarios tradicionales a las escuelas y aldeas de comunidades guaraníes, conocidas como tekoá.
La familia que encontró en un ensayo
Vildoza recuerda ese primer acercamiento como un hallazgo doble: un espacio artístico y, sobre todo, una comunidad. "Ahí encontré primero una familia. Son vecinos que se juntan a hacer teatro para contar su realidad. Tiene mucha contención y una mentalidad cooperativa y comunitaria, y eso me encantó", relató.
La curiosidad hizo el resto. Cuando el grupo se mudó, aparecieron elementos de circo que nadie usaba. Ese fue el puntapié para formarse en esa disciplina y, más tarde, meterse de lleno en el mundo del clown.
El clown como una forma de liberarse
El propio Vildoza se define como alguien que fue tímido e introvertido durante buena parte de su vida. Encontrar el clown le abrió una puerta que no conocía: un lugar donde equivocarse no era un problema y donde la mirada ajena dejaba de pesar.
"Fue una liberación. Empezar a jugar con lo cotidiano y con todo lo que te sucede internamente te libera de una manera que yo no pensaba", explicó.
El artista también apuntó contra el clima de época, marcado por la presión de las redes sociales y la necesidad de mostrar una imagen impecable. "Estamos cada día más restringidos, más serios. Nos cuesta reírnos de nuestros propios errores. Todo tiene que ser perfecto, todo es un like o un follow", señaló.
Para él, el escenario funciona como un antídoto contra esos mandatos. "Puedo seguir jugando como un niño, puedo seguir liberando una energía creativa sin prejuicios y sin autoprejuicios", afirmó.
Circo y títeres en las tekoá
Una parte central de su trabajo ocurre lejos de las salas. Vildoza integra proyectos que llevan espectáculos de circo y títeres a aldeas y escuelas de comunidades guaraníes. En esos encuentros, dice, el idioma deja de ser una barrera y el vínculo se arma desde otro lugar.
"Aunque no entiendas el idioma, aunque ellos no te entiendan mucho a vos, hay un compartir de una energía linda que a uno lo llena como artista", expresó.
El paso por esos territorios le cambió la mirada sobre lo cotidiano y sobre el vínculo con la naturaleza. "Aprendí mucho a escuchar y a observar", sintetizó.
"Económicamente es muy difícil remarla"
Vildoza no idealiza la vida artística. Reconoce que vivir del arte implica dificultades económicas y una carga de trabajo que el público no ve. "Económicamente es muy difícil remarla. Es más lo que se gestiona, lo que se produce y lo que se actúa que lo que se ve", señaló.
Aun así, asegura que el trabajo social y artístico le devuelve una energía que no encuentra en otros ámbitos, y destaca la posibilidad de armar proyectos junto a amigos y colegas.
Entre Jujuy y Misiones, con el EIMIC a la vuelta
Desde hace aproximadamente un año y medio, Vildoza reparte su trabajo entre Jujuy y Misiones, además de sumarse a giras y proyectos. En la provincia mantiene vínculos con artistas y docentes locales y fue convocado otra vez para el Encuentro Internacional de Mimo y Clown (EIMIC).
Será su segunda participación. El año pasado había llegado junto a un grupo de Misiones con una propuesta protagonizada por "dos payasos locos" que salen a buscar el trabajo ideal.
Hoy sigue ampliando sus contactos en el mundo del clown y sostiene que todavía hay muchos espacios a los que este tipo de propuestas pueden llegar. Jugar, escuchar, observar y compartir alegría son parte de un recorrido que empezó casi por casualidad en Misiones y que terminó convirtiendo al arte en su forma de vida.