Dejó su casa en Conesa y entró a VMOS: a los 42 años, el desafío que nunca imaginó
Marianela Martos dejó su casa en General Conesa y se metió en un proyecto que le cambió la vida a los 42. Lo que encontró adentro de la planta, y lo que todavía sueña aprender, es lo que nadie esperaba de ella.
Marianela Martos vendió ropa durante 15 años en General Conesa. Hoy trabaja en Vaca Muerta Oil Sur, a 240 kilómetros de su hogar, y sueña con aprender a soldar.
«Con 42 años nunca pensé que iba a estar en un proyecto tan grande», dice Marianela Martos, y la frase resume un cambio de vida que empezó hace apenas un mes. Oriunda de General Conesa, pasó década y media detrás de un mostrador vendiendo ropa hasta que surgió la chance de sumarse a Vaca Muerta Oil Sur (VMOS).
Allí, junto a otras nueve mujeres, prepara los tanques que almacenarán el petróleo que se produce en la región. La obra está en Punta Colorada, a 240 kilómetros de su casa.
Una vida entre VMOS y Conesa
Para instalarse cerca del trabajo alquiló un departamento en Playas Doradas. El cambio no fue solo laboral: tuvo que aprender a vivir lejos de los suyos y a acomodar la rutina familiar a un diagrama de 28 días de trabajo por siete de descanso.
Durante esas semanas habla con sus hijos por teléfono y videollamada. En Conesa, su papá acompaña a Joaquín, de 12 años. Las trillizas Martina, Juana y Bárbara tienen 19 y estudian en Bahía Blanca. «Se extraña», admite, aunque como madre de trillizas sabe que puede con los grandes desafíos.
El recuerdo de aquellos primeros años no es menor. «No sabía si llorar o reírme. Era una cosa de locos. Estuve un mes en el hospital de Viedma, porque nacieron prematuras. Y después, cuando llegué con ellas, era todo un mundo», relata.
Con las hijas ya en la universidad y el menor al cuidado de su abuelo, se animó a dejar su CV en la bolsa de trabajo de la Unión Obrera de la Construcción de la República Argentina (UOCRA). Así llegó a VMOS. «Es todo algo nuevo para mí», enfatiza.
Del miedo a subirse a un tanque flotante
Los primeros días en la obra fueron de aprendizaje acelerado. «El primer día empecé a hacer maripositas, tornillitos, con dos o tres compañeros. El segundo día le digo al supervisor, ¿puedo empezar otra cosa para aprender? Así que ahí empecé a meterme. Me acuerdo que el cuarto día me dice: tenés que subir al techo», cuenta Marianela.
«Con mucho miedo» se subió y se fue entusiasmando. «Yo jamás pensé que me iba a subir a un tanque flotante a los 42 años», confiesa. De a poco fue incorporando otras tareas y destaca la disposición de sus compañeros para enseñarle. «Día a día voy aprendiendo», dice.
Quiere seguir capacitándose: le interesa aprender a usar la amoladora y también a soldar. «De poquito se me van abriendo muchas puertas», comenta.
Marianela creció a 95 kilómetros de Las Grutas. Junto a sus hermanas y hermanos conoció el mar desde chica y allí vuelve cada vez que puede con sus cuatro hijos. Eligió criarlos en Conesa, un lugar que describe como «hermoso y verde».
Allí también está su otra pasión: organiza carreras de ciclismo. «El ciclismo es mi pasión, es mi cable a tierra», asegura. Desde que empezó en VMOS dejó de entrenar, aunque espera volver a pedalear cuando se acomode a la nueva rutina.
A las mujeres que piensan en postularse para un trabajo nuevo, incluso sin experiencia previa, les deja un mensaje: «que se animen, que se postulen, que todo llega».
Agradeció en particular al secretario general de la UOCRA, Gerardo Martínez; al secretario de Organización Nacional, Rubén Pronotti; al secretario general Zona Atlántica, Damián Miler, y al secretario de Organización Zona Atlántica, Gustavo Riquelme. «Sin ellos no hubiese tenido este trabajo».
Sobre el proyecto, no ahorra entusiasmo: «Es un proyecto tan grande el que tenemos acá los rionegrinos. Esta empresa es mundial, es terrible lo que se generó acá gracias al gobernador, Alberto Weretilneck, y a toda la gente de la UOCRA, que trajo este proyecto acá a Río Negro».
Prevé trabajar en VMOS por dos años y después, quién sabe, concretar algunos pendientes personales. «Apuntamos a ese sueño de mi gran tienda», confía.
