Dejaron Venezuela por la crisis y hoy venden arepas en Paraná: la historia de los Colmenarez
¿Qué lleva a una familia a dejarlo todo y cruzar el continente? La historia de los Colmenarez, que cambiaron la crisis venezolana por un emprendimiento gastronómico en Paraná, te va a tocar el corazón.
Frankling y Karla Colmenarez escaparon de la hiperinflación y la inseguridad de Ciudad Bolívar para reinventarse en Paraná. Hoy, junto a sus hijos Sheila y Christopher, regentan un local de comidas típicas venezolanas y educan a los chicos en casa. Su historia es un testimonio de resiliencia y esperanza.
La familia llegó a la capital entrerriana hace casi cuatro años. Lo que iba a ser una visita familiar en diciembre se convirtió en una radicación definitiva al comprobar que la situación en su país no mejoraba. "Resistimos en Venezuela lo más que pudimos, pero al llegar aquí y ver las oportunidades de emprender y la posibilidad de acceder fácilmente a lo básico, entendimos que este era el país ideal para empezar de nuevo", contó Karla a UNO.
¿Qué los enamoró de Paraná?
Para Frankling, la tranquilidad y la seguridad fueron decisivas. "Poder sentarnos en un parque a hacer un picnic con los niños o cenar en una mesa en la vereda después de las 19 horas es un tesoro recuperado", expresó. En Ciudad Bolívar, la inseguridad extrema hacía imposible salir de noche.
Además, Frankling guarda un vínculo especial con Argentina desde la infancia, ya que su padre trabajó en Sidor, el complejo siderúrgico que perteneció al grupo Techint. "Al caminar por las calles de Paraná reconozco ese mismo orden y prolijidad", admitió.
Épale: un puente gastronómico entre culturas
Con su emprendimiento bautizado Épale —un saludo venezolano de confianza—, la familia busca compartir su tradición culinaria. El menú incluye arepas, tequeños y la cachapa, una tortita dulce de maíz apta para celíacos. También crearon la "salcharepa", una fusión local.
El local, ubicado en calle Perú, abrió sus puertas el sábado pasado. Aunque pensaron que sus clientes serían principalmente venezolanos, se sorprendieron al ver que la mayoría son argentinos curiosos por conocer su cultura. Próximamente sumarán el "perico" y bebidas típicas como la malta y la Frescolita.
El dolor de la distancia
Karla no oculta su tristeza al hablar de Venezuela. "Vivir la noticia del terremoto desde aquí fue muy doloroso. Yo nací en Caracas y toda la familia de mi mamá es de allí", relató. Su madre, Elizabeth, de 80 años, sigue viviendo en el país caribeño, y el deseo más profundo de la familia es poder traerla a Paraná para que comparta esta nueva etapa.
Educación en casa y valores
Los Colmenarez practican el homeschooling. Sheila, de quinto grado, y Christopher, de tercero, estudian con plataformas internacionales y la colaboración de otros padres. "Nuestra filosofía es integrar la educación con nuestra fe", explicó Karla. Además, los chicos se involucran en el negocio familiar: Christopher, de 8 años, ya ayuda con las cuentas y los vueltos.
"Lo más importante no es solo que sean inteligentes, sino reforzar su carácter a través del trabajo en equipo, la disciplina y el ejemplo constante", sostuvo la madre.
Un futuro con esperanza
A pesar de los desafíos económicos, la pareja mantiene una visión optimista. "Si somos resilientes y constantes, podemos sacar provecho de las turbulencias", afirman. Su red de contención ya está mayormente en Paraná, y su mayor anhelo es reencontrarse con Elizabeth para completar el círculo de paz y crecimiento que encontraron en Entre Ríos.