De Villa Alem a Hollywood: la increíble historia del tucumano que peina a las estrellas
¿Sabías que un tucumano de Villa Alem peina a las estrellas de Hollywood? Ricardo Rojas dejó todo para triunfar en Nueva York y hoy trabaja con Donatella Versace, Mariah Carey y más. Conocé su historia de superación.
Un tucumano de 61 años que vive entre Nueva York y Miami se convirtió en el estilista de las mujeres más famosas del mundo, desde Donatella Versace hasta Mariah Carey. Su historia arrancó en Villa Alem, donde de chico armaba circos para los vecinos y soñaba con ser actor.
Ricardo Rojas nació en Tucumán con alma de artista. Antes de agarrar las tijeras, ya había montado funciones de títeres y dibujos a las que hasta cobraba entrada. “Siempre quise ser actor. Siempre estuve más inculcado en la actuación”, recuerda. Creció en un barrio de libertad total, entre chicos que él define como “salvajes”, y mientras su hermano se destacaba en la escuela, él solo respetaba las clases de teatro que tomaba con Rosita Ávila y Rafael Nofal, quien lo llevó al Teatro Estable de la Provincia.
Pero en los años 80, en una familia católica y conservadora, ser gay era un tabú. “No eran las épocas en que vos decías salís del clóset. No podías ni hablar de eso”, confiesa. Intentó encajar: tuvo novias, estudió Arquitectura en la UNT, pero la dejó a los pocos meses porque no le alcanzaba ni para un lápiz. La incomodidad y la falta de plata lo empujaron a tomar un colectivo a Córdoba.
¿Cómo empezó todo en la peluquería?
“Lo de peluquería salió como accidente”, admite. Caminando por La Cañada confundió un salón llamado “Shampoo” con una heladería. Volvió mil veces a pedir trabajo sin saber ni agarrar un cepillo. Lo echaron el primer día, pero rogó que lo dejaran barrer y llevar toallas. “Déjalo”, dijeron los dueños. Aprendió mirando: a los tres meses cortaba flequillos y llegó a atender 23 clientas por día. Cuando la sociedad del salón se disolvió, una de las dueñas lo llevó con ella y le ofreció quedarse con el negocio. Sin un peso, su papá le aconsejó: “Pagalo con tu trabajo”. Así, a los 23 años, se convirtió en dueño de su propia peluquería durante siete años.
El salto a Nueva York y el encuentro con Oribe
Entre las páginas de la revista Hola, Ricardo seguía a Versace y sobre todo a Oribe, el legendario estilista cubano-estadounidense. “Quiero trabajar con Donatella”, se decía. Una profesora de inglés resultó ser el puente: su hermana trabajaba con Oribe. Ricardo dejó todo, incluso la peluquería que pasó a su hermano, y se instaló en Nueva York a empezar de cero. Esperó tres años, armó un portafolio y el día que lo recibieron, Oribe salió, se sentó a su lado y lo abrazó: “Bienvenido a mi peluquería. Me encantó lo que vi”.
Después vinieron los shows en Milán y la inauguración de la línea de maquillaje de François Nars, donde vio por primera vez a Donatella Versace. Un amigo lo invitó a tomar un café con ella, cruzaron pocas palabras, pero al otro día lo llamaron para hacerle el pelo. Ese fue el principio de una carrera que lo llevó a peinar a Mariah Carey, Cher, Anne Hathaway, Eva Longoria, Salma Hayek, Hilary Swank, Naomi Campbell, Valentino y Pampita. Sus peinados brillaron en pasarelas de Versace, Chanel y Dolce & Gabbana, y en las páginas de Vogue. Hoy también es actor: interpreta al peluquero Juan José en “And Just Like That”, la secuela de “Sex and the City”.
El detrás de escena: egos, puntualidad y el Me Too
“Trabajo rodeado de mucho ego, no solo de la actriz, sino de todo el entorno”, describe. Su primera regla es la puntualidad: “Mi clienta puede estar a dos cuadras de mi casa o en París, pero yo llego a tiempo”. Se ríe con ellas, chusmea, critica, pero con cuidado: “A partir del movimiento Me Too todo cambió. Hay cámaras en todos lados”. Estuvo un mes en Maldivas para la renovación de votos de Mariah Carey, con apenas 10 invitados, y saltó al Festival de Cannes.
Hoy, Ricardo se define como “tucumano neoyorquino”. Cada vez que vuelve saluda a los vecinos de Villa Alem, abraza a los que quedan y extraña a los que ya no están. Desde el balcón de Miami, con la ciudad pintada de celeste y blanco por el Mundial, se ríe de cómo cambió el idioma: “Antes se lo llamaba soccer, ahora se lo llama fútbol. Todo el mundo está revolucionado”.
Su consejo para quienes sueñan: “Tenés que seguir tus sueños. Tenés que escuchar tus voces. Tenés que respetar tus sueños”. Y agrega: “Nunca podés ir en la vida pensando que tenés un paracaídas. Te tirás y después ves”.


