De vender semitas a codearse con la NASA: la sanjuanina que desafió a la pobreza y conquistó el cielo
Infancia marcada por la pobreza, pérdidas que la quebraron y una carrera que parecía imposible. ¿Cómo logró Carolina llegar a trabajar con la NASA y el MIT?
Carolina, una científica sanjuanina de 46 años, pasó de vender semitas en la calle y limpiar casas para ayudar a sus abuelos, a presentar desarrollos tecnológicos en Alemania y ser investigadora del Observatorio Astronómico Félix Aguilar. Su historia, marcada por pérdidas devastadoras y una determinación inquebrantable, es un ejemplo de superación que desafía cualquier pronóstico.
La niña que miraba las estrellas
Desde muy pequeña, Carolina sintió una curiosidad innata por el cielo. Una de sus primeras preguntas, tan simple como profunda, fue: “¿Por qué la Luna me sigue?”. En ese entonces, el cielo de 25 de Mayo, su localidad natal, era un espectáculo sin contaminación lumínica, un escenario perfecto para contemplar las estrellas.
Su abuela, la mujer que la crió, fue su compañera en esas noches de observación. Juntas miraban las Tres Marías, una de las formaciones que más le llamaban la atención. Pero mientras su imaginación volaba, la realidad económica golpeaba fuerte en su hogar.
La infancia de Carolina estuvo atravesada por la pobreza. Vendía semitas por las calles y, en su adolescencia, limpiaba casas para conseguir algunas monedas. En su familia hubo problemas de alcoholismo, violencia y hacinamiento. Su abuela no solo la crió a ella y a su hermano, sino también a otros familiares. Durante mucho tiempo, Carolina sintió vergüenza de su situación, aunque con los años pudo reflexionar: “Ahora digo qué tonta que fui, porque era mi situación, mi condición. Mis abuelos hicieron lo que pudieron”.
La beca que cambió su destino
En la secundaria, una oportunidad determinante marcó su futuro: fue becada durante cinco años gracias a su excelente rendimiento académico y su situación de vulnerabilidad. Ese colegio y sus docentes fueron clave para que pudiera imaginar un futuro diferente. “Si yo no hubiera tenido esa posibilidad del colegio, no sé qué sería de mi vida. Siento que les debo todo a este colegio”, aseguró.
Hasta el último año, Carolina no sabía qué carrera elegir. Le gustaban la literatura, la matemática, la física y la programación. En una feria educativa descubrió que en San Juan existía la carrera de Astronomía. Al ver el plan de estudios, encontró todo lo que le interesaba y decidió intentarlo.
Obstáculos y pérdidas en el camino
En 1998 ingresó a la carrera de Astronomía, superando un cursillo eliminatorio. Fue una de las pocas estudiantes en lograrlo, sin haber pasado por una escuela preuniversitaria. “Lo aprendí todo en el momento”, recordó.
Pero la vida le pondría pruebas duras. Su abuela enfermó y falleció. Carolina tuvo que afrontar problemas económicos, buscar un lugar para vivir y trabajar para mantenerse. Daba clases particulares para costear sus estudios. Aunque existían becas y programas de alojamiento, no se presentó: “Sentía que me iba a rebajar si pedía esa ayuda”, explicó. El estigma de la pobreza la acompañó durante años.
Mientras avanzaba en la carrera, formó una familia y tuvo hijos. Su suegra fue un pilar fundamental, ayudándola con el cuidado de los niños. Llegó a rendir materias durante el embarazo, pero su suegra murió poco después. A esa pérdida se sumó la más dura: su único hermano falleció a los 27 años tras una enfermedad. Carolina quedó devastada y se alejó de la carrera por un tiempo. Incluso pensó en abandonar Astronomía para estudiar un profesorado de Matemática, pero finalmente volvió.
En 2012 retomó los estudios y en 2013 avanzó con las materias pendientes. Ese año, con el dinero de vender algunas pertenencias de su hermano, compró una computadora. Con ella profundizó en programación, y allí apareció el profesor Hugo Orellán, quien descubrió su talento y hoy es su compañero de trabajo en la Facultad.
La tragedia y el título
Cuando parecía que la meta estaba cerca, su esposo sufrió un grave accidente y se fracturó la columna. Carolina tuvo que conseguir un empleo formal para sostener a su familia. En 2016 comenzó a trabajar en escuelas, mientras seguía estudiando. En 2018, su esposo enfermó gravemente y murió a los tres meses. Carolina quedó sola, pero no se rindió. En 2019 obtuvo el título de Licenciada en Astronomía.
El salto a la Radioastronomía
Después de recibirse, Carolina inició un doctorado en Astrofísica, pero luego se orientó hacia la Radioastronomía, área en la que trabaja actualmente y donde finaliza su doctorado. En 2022 realizó una diplomatura en Ciencia de Datos en la Universidad Nacional de Córdoba, con media beca. En 2023 se especializó en Inteligencia Artificial, conocimientos que aplica en su trabajo científico.
En 2023, se presentó a un concurso para ingresar a un importante observatorio argentino, pero no quedó seleccionada. La frustración fue enorme, pero esa derrota la llevó a hacer un curso de Radioastronomía avanzada, donde se destacó. En septiembre de 2024, recibió una propuesta para trabajar en el proyecto SAYO Telescope. La decisión de abandonar la astronomía quedó atrás para siempre.
De San Juan a Alemania
Hoy, Carolina es investigadora del Observatorio Astronómico Félix Aguilar desde diciembre de 2025. En 2025 viajó a Chile para presentar una investigación sobre el movimiento y rotación de la Tierra. En 2026, viajó a La Plata para probar desarrollos tecnológicos. Y luego llegó el viaje más importante: Alemania.
Su equipo fue aceptado para participar en una reunión internacional con representantes de instituciones como la NASA y el MIT. Para moverse en Alemania, Carolina creó dos herramientas de inteligencia artificial: una para orientarse y otra para traducir del alemán. Un ejemplo de su ingenio y determinación.
La carta que llegó a la Casa Rosada
El año pasado, Carolina se convirtió en una de las voces que reclamaron por la continuidad de un proyecto científico vinculado a un radiotelescopio. Al enterarse por los medios de que el proyecto podía darse de baja, escribió una carta personal contando su historia. El Presidente nunca respondió, pero desde la Casa Rosada se comunicaron con ella para pedirle que la reenviara por correo. Carolina cree que su reclamo “movió algo” y mantiene la esperanza.
Además, aclaró la participación de China en el proyecto: “No solamente trabajamos con China”. Explicó que Argentina colabora con varios países, como Brasil, Rusia, Francia y Estados Unidos, por la dificultad de financiar estos proyectos de forma individual. Considera que reducir el proyecto a una cuestión geopolítica es desconocer la cooperación científica internacional.
El sueño de la abuela
Su abuela soñaba con verla como maestra. Carolina eligió otro camino: es Licenciada en Astronomía, científica de datos, especialista en IA, docente universitaria e investigadora, y está por terminar su doctorado en Radioastronomía. Pero de alguna manera cumplió el deseo de su abuela: además de estudiar el universo, enseña y busca formar a las nuevas generaciones.
La niña que vendía semitas y limpiaba casas hoy viaja por el mundo presentando sus desarrollos. La adolescente que escondía su pobreza hoy habla de ella sin vergüenza. Carolina transformó una vida de carencias y pérdidas en una herramienta para que otros también puedan llegar más lejos.