De vendedora a jefa narco: la novia de un preso que manejaba un búnker en Empalme con ayuda policial

¿Cómo una vendedora de drogas terminó manejando su propio búnker con la ayuda de su novio preso y un policía cómplice? Los detalles escalofriantes de la causa.

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De vendedora a jefa narco: la novia de un preso que manejaba un búnker en Empalme con ayuda policial

Una mujer de 37 años, Jésica Nadia Ledesma, fue imputada este viernes como pieza clave de una red de venta minorista de drogas que operaba en el barrio Empalme Graneros desde finales del año pasado. La investigación reveló que contaba con complicidad de un efectivo de la comisaría 12ª. Ledesma, pareja de un recluso, pasó de ser vendedora a administrar su propio búnker en Campbell al 400.

La imputada se entregó el jueves de la semana pasada en la comisaría 20ª y quedó en prisión preventiva efectiva, según resolvió la jueza Luciana Vallarella. Además, se ordenó que un médico forense la examine debido a que cursa un embarazo, para determinar las medidas de atención necesarias.

¿Cómo ascendió en el mundo narco?

Según el fiscal Diego Giro, Ledesma vendía drogas para la violenta “Banda del playón”, que operaba en la zona de Bielsa y Magallanes y fue desbaratada en noviembre pasado. Aprovechó los contactos, proveedores y clientes de esa banda para montar su propio punto de venta.

Su novio, Cristian Gonzalo Alonso, desde el pabellón 3 de la unidad penitenciaria Nº 12 de Rosario, le aportó contactos y proveedores, y dio directivas para abrir nuevas bocas de expendio en Empalme Graneros y barrio Godoy. Las escuchas telefónicas de la Policía Federal revelaron que Alonso usaba un celular escondido en el colchón de su celda.

“Soy traficante, soy narco”

La imputación detalla que Ledesma administraba búnkeres, recaudaba dinero —incluso mediante transferencias bancarias— y estiraba estupefacientes. En los audios se la escucha mezclar cocaína con bicarbonato y decirle a su pareja: “¿Entonces puedo ser cocinera ahora? ¿Me dedico a eso? (…) Sí, soy traficante, soy narco”, mientras reía y contaba dosis.

El agravante más grave es que utilizaba a adolescentes de entre 14 y 17 años para hacer los “pasamanos” y custodiar los búnkeres con armas. Además, en una escucha del 27 de marzo, admite que recibe filtración de datos de allanamientos gracias a un agente de la seccional 12ª de barrio Ludueña.

Violencia extrema y balaceras

La banda vivía en un clima de violencia constante. El expediente menciona balaceras cruzadas: la propia casa de Ledesma recibió seis impactos. Ella daba órdenes de “ir a hacerle una balacera a cualquiera” para infundir miedo y hasta planificó atentados con bombas molotov contra locales de ropa en la calle Juan José Paso para incriminar a competidores.

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