De mostacillas a cota de malla: la historia detrás de las joyas que se habitan

Carolina Díaz Casco empezó vendiendo collares de cuentas a los 7 años. Hoy transforma kilos de argollas en joyas que parecen armaduras de cuento. ¿Cómo logra que el metal se convierta en un lenguaje propio?

· 3 min de lectura
De mostacillas a cota de malla: la historia detrás de las joyas que se habitan
De mostacillas a cota de malla: la historia detrás de las joyas que se habitan

Carolina Díaz Casco empezó vendiendo collares de cuentas a los 7 años. Hoy, 28 años después, transforma kilos de argollas metálicas en piezas que parecen sacadas de un cuento de hadas gótico. Su marca, Reina de Calabazas, desafía la idea de que la joyería es solo un adorno.

¿Cómo empezó todo?

La vocación de Carolina nació en la infancia, rodeada de agujas e hilos. "Mi mamá me enseñó a bordar a los 6 años y también a coser. A los 7 años, como muchas niñas, me regalaron una caja de cuentas plásticas e hilo elástico, a esa edad ya vendía mis creaciones", recuerda. Lo que comenzó como un juego se transformó en una obsesión por dominar técnicas de cota de malla y ensamblaje en metal.

"Acá estoy transformando kilos de argollas en tejidos intrincados para realizar piezas de joyería, lo cual disfruto enormemente", confiesa. Su taller es un laboratorio donde la paciencia y la precisión se encuentran.

El proceso creativo: del caos a la obra de arte

Carolina no sigue un método rígido. "Hay veces que la idea está completamente formada y vas con un plan claro de confección. Otras veces es más experimental y tenés que cambiar cosas sobre la marcha", explica. Una fotografía, el color de una piedra o una textura pueden desencadenar el diseño. "Me ha pasado de estar armando una pieza y que se me ocurren tres variantes, que se transforman en mis próximos proyectos inmediatos", agrega.

Sus materiales principales son metales de aleación (fantasía) por su versatilidad en tamaños y grosores, aunque también ofrece acero quirúrgico para clientes con alergias. Cristales, vidrio y perlas completan piezas que, asegura, duran años: "Conozco personas que aún conservan y usan collares que me compraron hace 15 años".

Maximalismo con equilibrio

Las referencias de Reina de Calabazas no vienen de las pasarelas, sino de la mitología, la naturaleza, la estética gótica y la fantasía. "Son cosas que se pueden ver reflejadas en mi trabajo y mi estética, siguiendo un lenguaje visual fuerte con mi visión característica", dice. Su catálogo incluye desde aros y collares hasta bodychains, cinturones, tocados y prendas como tops y faldas a medida.

Cuando se le pide elegir una pieza que defina su marca, Carolina confiesa que es imposible. Pero hay un denominador común: el maximalismo. "Se refleja en la mayor parte de mi trabajo: me gustan las cosas elaboradas y cargadas, pero con balance y elegancia", explica. Diseños como los collares Athena, Twilight Priestess, The Countess y The Victim son el ejemplo perfecto: verdaderas armaduras de belleza y carácter.

Reina de Calabazas demuestra que el lujo artesanal está en la dedicación, la coherencia y la capacidad de transformar el metal tejido en piezas con alma.

Modelo Cristina Storoz. Maquilladora Barbara Zampini. Vestuario Guillermo del Prete. Foto: Darío Pin. Studio Duplo

Collar Twilight Priestess

Carolina en su taller

Collar The Countess

Aros Excalibur

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