De las burlas al récord Guinness: por qué un joven con síndrome de Poland convirtió el LEGO en su gran aliado
El andorrano convirtió el acoso escolar en un motor para crear prótesis funcionales con bloques de juguete. Su primer modelo, hecho con piezas de un barco, fue solo el comienzo de un camino que lo llevó a batir marcas mundiales.
David Aguilar nació con síndrome de Poland, una condición que le impidió desarrollar parte del antebrazo y el músculo pectoral. A los 9 años, en lugar de dejarse vencer por el bullying, construyó su primera prótesis con piezas de LEGO. Lo que empezó como un juego se transformó en una hazaña reconocida por Guinness World Records.
La historia comenzó a los 5 años, cuando recibió su primer set de bloques. En ese entonces, el LEGO se convirtió en su refugio frente a las burlas de sus compañeros por su aspecto. Cuatro años después, apoyó una de sus creaciones sobre el brazo y descubrió que podía funcionar como una prótesis.
El primer prototipo y el salto al MK-I
La primera prótesis la armó con las piezas de un barco. No era completamente funcional ni resistente, pero le sirvió para confirmar que su idea era viable y para ganar confianza frente a quienes se reían de él. "LEGO fue mi primer juguete cuando era chico. Sentía que se podía construir una cantidad infinita de cosas. La imaginación era el único límite", recordó años después.
Recién en 2017, a los 18 años, logró dar el gran salto: usó las piezas de un helicóptero LEGO Technic para fabricar el modelo MK-I. Tenía una estructura roja, una articulación móvil en el codo y una pinza que se activaba al flexionar el brazo. Con ese mecanismo podía agarrar objetos, hacer tareas cotidianas e incluso soportar su propio peso haciendo flexiones.
El récord Guinness y la evolución del diseño
En enero de 2017, el MK-I fue reconocido por Guinness World Records como la primera prótesis de brazo funcional fabricada con piezas de LEGO. Pero Aguilar no se detuvo ahí: desarrolló cinco modelos más. El más avanzado, el MK-V, tiene cinco dedos móviles, sensores, motores y un sistema de poleas que se controla con los movimientos del brazo.
Además, estudió Bioingeniería y comenzó a fabricar prótesis económicas para otras personas. Entre sus proyectos, construyó dos brazos para Beknur, un chico de ocho años que nació sin desarrollar por completo sus cuatro extremidades. Las piezas utilizadas le costaron apenas 15 euros.
Lo que nació como una respuesta al bullying se convirtió en una iniciativa para demostrar que las prótesis funcionales pueden ser accesibles y creativas.

