De la vereda a la góndola: así transforman las naranjas agrias de Tucumán en dulces y licores premium
¿Te imaginás que las naranjas agrias que ves en las veredas se conviertan en mermeladas y licores premium? En Tucumán ya es una realidad y los números te van a sorprender.
Lo que antes era un dolor de cabeza para los barrenderos de San Miguel de Tucumán hoy se convierte en mermeladas y licores artesanales. Un proyecto municipal con el INTA logró darle valor a las naranjas agrias que nadie aprovechaba, transformando un residuo urbano en una fuente de ingresos y empleo.
La iniciativa abarca unas 9.000 plantas distribuidas en veredas, equivalentes a unas 40 hectáreas, y lleva más de un año en ejecución. La recolección planificada permitió montar salas comunitarias de agroindustria en los Centros Integradores Comunitarios, donde técnicos del INTA capacitan a vecinos en pesado, lavado, pelado y control de pH.
La jefa de la Agencia de Extensión Rural del INTA San Miguel de Tucumán, doctora Myrna Lazarte, explicó: “El INTA viene articulando con el municipio desde hace varios años, fundamentalmente desde las bases de lo que era el programa ProHuerta en temas de autoproducción de alimentos”. Y agregó: “Ahí están usando un brixómetro para evaluar cómo va la cocción”, bajo normas municipales de inocuidad.
De la fruta al frasco: los números que sorprenden
La primera producción arrojó 1.251 frascos de mermelada y 300 botellas del licor artesanal “Naranchello”. Con ese volumen nació la marca cooperativa LA MIGUE, mermelada tucumana. Además, 43 vecinos y vecinas recibieron certificación en Buenas Prácticas de Manufactura, una herramienta clave para salir al mercado formal.
Parte de lo producido se destinó a comedores populares y el resto se comercializó en ferias municipales, con apoyo técnico del municipio. Desde la comuna aseguraron que el objetivo es generar ingresos familiares sostenibles y explorar nuevas materias primas para futuros procesos.
Economía circular: del árbol al abono
El proceso no termina en el frasco. Las cáscaras y descartes van al Compostaje Municipal en el campus Yolanda Ortiz y se transforman en abono de alta calidad, que vuelve gratis a quienes mantienen huertas. Lazarte sintetizó: “La propuesta técnica busca que el vecino elabore para autoconsumo, distribuya en comedores o comercialice el producto”.
La naranja agria dejó de ser un problema de barrido para convertirse en un producto premium, generando empleo, soberanía alimentaria y una verdadera economía circular en pleno ámbito urbano.