De la Marina de EEUU a los Valles Calchaquíes: el insólito giro de un veterano tucumano que ahora produce su propio vino
¿Un exmilitar de la Marina de EEUU elaborando vino en los Valles Calchaquíes? Conocé la historia de Daniel Cordomí y su finca Casilla Verde.
Daniel Cordomí pasó de diseñar submarinos para la Marina de Estados Unidos a elaborar vinos artesanales en Colalao del Valle. Este tucumano de 60 años dejó atrás Hawái para cumplir un sueño: producir vino agroecológico en una finca de media hectárea, donde el método artesanal es ley.
¿Quién es Daniel Cordomí?
Nacido en Chicago, hijo de dos tucumanos becados, Cordomí vivió en Argentina hasta los 26 años. Estudió Bioquímica y trabajó en el Hospital Padilla, pero en 1991, en plena crisis, emigró a Europa. Allí, con pasaporte estadounidense, ingresó a una base militar en Múnich y luego se alistó en la Marina. Durante casi tres décadas fue ingeniero naval, destinado en California, Islandia, Guam, Virginia, Hawái, Singapur y Japón.
Se retiró en 2023, pero la masificación turística y el alto costo de vida en Hawái lo empujaron a regresar a Tucumán. Tras probar en El Mollar, el frío lo llevó a la Ruta 40, donde encontró una finca que pertenecía a una pareja de holandeses trotamundos, quienes la llamaban "Vagabundia". Cordomí la compró y conservó el cartel como homenaje.
¿Cómo nació Finca Casilla Verde?
A fines de 2024, al tomar posesión, pintó de verde la casilla de la luz siguiendo un consejo de su padre. Ese gesto bautizó a la finca. Con ayuda de pobladores locales, construyó un salón de cata de 32 m² con adobe, cañizo y madera de algarrobo. El viñedo tiene 70% Malbec y 30% Cabernet Sauvignon, sin riego por goteo: usa inundación con agua pura del río cada cinco semanas. Las hormigas se controlan manualmente, sin agroquímicos.
El desafío de la cosecha 2025
Para aprender, Cordomí cursó la tecnicatura en Enología en 2024 y se hizo amigo del enólogo Jorge Humano. En febrero de 2025, una granizada dañó la mitad de los racimos. Sin poder separar la uva golpeada, todo fue a la despalilladora, dando un Malbec de 16,3% de alcohol, criado cinco meses en roble francés, y un Cabernet Sauvignon de 14,2% añejado en roble americano, con notas a grosellas.
El embotellado se hace por gravedad en el salón, sin que el vino salga de la finca. Las etiquetas, diseñadas por Cordomí e impresas en Cafayate, destacan su carácter artesanal. La venta es boca en boca, con ayuda de su hija Daniela, sommelier en Wisconsin.
