De Gaulle llegó a Buenos Aires y Perón movió los hilos desde Madrid: la jugada secreta

¿Quién ganó realmente con la visita de De Gaulle a la Argentina en 1964? No fue Illia ni el propio general francés: desde Madrid, Perón movió las piezas de un tablero que terminó jugando a su favor.

· 8 min de lectura
De Gaulle llegó a Buenos Aires y Perón movió los hilos desde Madrid: la jugada secreta
De Gaulle llegó a Buenos Aires y Perón movió los hilos desde Madrid: la jugada secreta

El 3 de octubre de 1964, el general Charles De Gaulle aterrizó en Aeroparque bajo un sol de mediodía. Vestía su uniforme de general de la Francia Libre, medía casi dos metros y tenía 70 años. Llegaba desde Chile, en la última etapa de una gira por América Latina que había tocado Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Paraguay, Uruguay y Brasil. Lo esperaba el presidente Arturo Illia, con honores de héroe de la Segunda Guerra Mundial.

Pero la visita, que debía ser un gesto de amistad, terminó convertida en un tablero donde otro general, exiliado en España y proscripto en su propio país, movió las piezas con precisión: Juan Perón.

Un gigante en un país convulsionado

La Argentina que recibió a De Gaulle era un caldero. Gobernaba Illia, un radical que había llegado a la presidencia en elecciones sin el peronismo, cancelado de la vida política desde el derrocamiento de Perón en 1955. El fantasma del retorno de Perón sobrevolaba cada decisión, la CGT había lanzado un plan de lucha y las Fuerzas Armadas estaban divididas entre un antiperonismo duro y otro más contemplativo. Parte de la prensa nacional hacía campaña para desprestigiar al gobierno.

De Gaulle, curtido en peores plazas, no se amedrentó. Al bajar del avión, Illia lo saludó con frases sobre la amistad argentino-francesa. El general francés respondió en español, un gesto que buscaba acercarse: dijo que se sentía "en una tierra querida y muy familiar".

La "Marcha de San Lorenzo" y un enojo inesperado

No todo salió redondo en la recepción. Después del himno, la banda militar atacó la tradicional "Marcha de San Lorenzo", con letra de Carlos Javier Benielli y música de Cayetano Alberto Silva. De Gaulle se ofuscó: eran los mismos acordes que los nazis tocaban en sus desfiles por los Campos Elíseos durante la ocupación de París. La partitura argentina había llegado a Alemania años antes, en canje por la marcha alemana "Alte Kameraden". Una breve explicación diplomática logró calmarlo.

Afuera del aeropuerto, el caos era otro. Un centenar de muchachos peronistas gritaba consignas que mezclaban a De Gaulle con Perón: "De Gaulle y Perón, un solo corazón", "De Gaulle y Perón, tercera posición", "Aquí están, estos son, los muchachos de Perón". Forcejeaban con la brigada lanza gases de la Policía Federal. La visita se había teñido de peronismo.

Plaza Francia, Congreso y una ciudad en llamas

La comitiva se trasladó a Plaza Francia. Allí, a la una menos diez, el intendente Francisco Rabanal le entregó las llaves de la ciudad. De Gaulle habló de paz y de cooperación entre naciones: "En el mundo de hoy lleno de peligros, con una civilización moderna, pero que vive llena de peligros, las dos naciones deben ayudarse mutuamente". Pero la paz brillaba por su ausencia: los mismos cantos peronistas volvían a oírse y había forcejeos con la policía. Una pancarta ondeaba: "Tres de octubre. Año del retorno de Perón".

A la una y media, De Gaulle se reunió con Illia en la Casa de Gobierno. En la Plaza de Mayo, militantes peronistas y radicales se trenzaban a golpes. A las cuatro descansó en la Embajada de Francia; a las cinco y diez visitó la Corte Suprema; a las seis menos veinte, de traje oscuro y camisa blanca, habló ante la Asamblea Legislativa en el Congreso, ovacionado.

Allí dejó una frase que lo decía todo: "Los Estados Unidos tienen medios poderosos, sobre todo de naturaleza económica. Es natural que ustedes tengan fuertes vínculos cercanos con ellos. Lo que nosotros deseamos es que esos vínculos no sean tales que les impidan transformarse en una entidad internacional propia (...) Mi país podrá, en la medida de sus posibilidades, prestar al vuestro la ayuda que consideren más útil". Esas seis palabras finales —"en la medida de sus posibilidades"— marcaban el límite de lo que Francia podía ofrecer.

La estrategia secreta de Perón

Mientras tanto, Perón había diseñado una jugada maestra desde Madrid. Apenas se anunció la visita, decidió que el peronismo se movilizara para homenajear al presidente francés. Veía en De Gaulle un espejo de su propia "tercera posición": el general francés promovía la independencia de Europa respecto de Estados Unidos, buscaba una capacidad nuclear propia, se retiraría de la OTAN en 1966. Perón creía que esa política era idéntica a la suya.

Sus instrucciones fueron claras: "Él hace la misma política que yo. Recíbanlo como si fuera yo". Esas dos frases buscaban cuatro objetivos: medir la capacidad de movilización del peronismo, debilitar aún más a Illia, instalar la posibilidad de un retorno y sondear la reacción militar.

Algunos dirigentes intentaron acercarse a la embajada francesa, pero no fueron recibidos. El diario Le Monde afirmó que Perón había contactado al gobierno francés, pero no era cierto. Illia, inquieto, redujo las ceremonias públicas y canceló el tradicional saludo desde el balcón de la Rosada. Los actos en Córdoba también se restringieron.

La extrema derecha y la Facultad de Derecho

La extrema derecha no se quedó atrás. El sacerdote Julio Meinvielle, fundador de la Guardia Restauradora Nacionalista, había difundido un panfleto titulado "Plan comunista para la toma del poder en la Argentina". Creía que comunismo y peronismo eran lo mismo. Su prédica logró que el jefe del Estado Mayor del Ejército, general Juan Carlos Onganía, se negara a recibir a De Gaulle en la Escuela Superior de Guerra. Onganía derrocaría a Illia en junio de 1966.

La Facultad de Derecho, temerosa de desmanes, prohibió la participación de estudiantes en el homenaje a De Gaulle, que fue recibido el 5 de octubre por el Consejo Superior, juristas y profesores. Su rector, Julio Olivera, le dio la bienvenida con una frase cargada de intención: "Cedo la tribuna al ciudadano que rechazó la posibilidad de convertirse en dictador". De Gaulle respondió con un discurso sobre el éxito nacional y el esfuerzo.

Antes de viajar a Córdoba, el 6 de octubre, De Gaulle fue agasajado con dos cenas de gala y visitó la sede de La Martona en Cañuelas. Allí, la doma de potros lo indignó: "Si hay un caballo más, me levanto y me voy", sentenció. No hubo más caballos.

Córdoba: la frutilla del postre que se volvió batalla

Córdoba debía ser el broche de oro. Allí se fabricaban los Renault y Citroën con licencia francesa. Illia recibió a De Gaulle en el aeropuerto y viajaron juntos hacia el centro. Pero la ciudad estaba repleta de volantes que exigían el regreso de Perón para el 17 de octubre. El auto presidencial fue casi cercado; una mujer rompió el vidrio de una ventanilla y los fragmentos lastimaron la mano de Illia.

De Gaulle pudo recorrer en jeep la fábrica IKA-Renault, mientras en las calles se libraba una batalla campal: palos, gases, camiones hidrantes y algunos disparos de armas de fuego. La multitud intentaba llegar al Palacio de Justicia, donde el gobernador Justo Páez Molina agasajaba al visitante. Entre los detenidos estaban los dirigentes sindicales Gerónimo Izetta y Augusto Timoteo Vandor. La policía buscaba sin éxito a Andrés Framini y Delia de Parodi.

El balance: Perón ganó la partida

De Gaulle partió rumbo a Paraguay. Nunca más volvió en una visita continental. Al día siguiente, Illia hizo un balance idílico: "Todo se cumplió normalmente. En mis largas luchas políticas, pocas veces he visto una adhesión popular tan extraordinaria como la que brindó la ciudad de Córdoba". Era media verdad: Córdoba también había sido escenario de las manifestaciones más violentas.

La prensa extranjera fue más cruda. El Times de Londres escribió: "Los ojos del mundo convergían sobre Buenos Aires y nada hay que agrade más a los peronistas que hostigar al gobierno. Además, en forma oscura, han adoptado a De Gaulle como a uno de ellos". El diario France-Soir tituló: "De Gaulle está furioso: los argentinos le han encerrado". Y admitió que la visita a la Argentina había sido la etapa más sombría de la gira.

El embajador francés Christian Jacquin de Margerie resumió en su informe: "De Gaulle se encontró, en contra de sus deseos, mezclado en un conflicto de política interior". Y fue más lejos: "El gobierno argentino quiso obtener un beneficio y no lo consiguió, sino que los que sacaron provecho fueron los peronistas".

La semilla germinó a medias. Tres meses después, el 1 de diciembre de 1964, Perón intentó volver en el "Operativo Retorno", pero quedó varado en Río de Janeiro: las autoridades brasileñas lo retuvieron en el aeropuerto y lo obligaron a regresar a Madrid. El fracaso fortaleció la idea de Vandor de un "peronismo sin Perón". El 30 de junio de 1969, Vandor fue asesinado en la sede de la UOM.

¿Hubo contacto directo entre Perón y De Gaulle? El biógrafo Joseph Page afirma: "No hay ninguna evidencia de que De Gaulle haya estado nunca en contacto directo con Perón". Un diplomático francés informó en 1964 a la embajada de Estados Unidos en París: "De Gaulle considera que el intento de Perón de colgarse de la cola de su avión en temas del Tercer Mundo es ridículo".

De Gaulle se retiró de la política en 1969 y murió en Colombey-les-deux-Églises el 9 de noviembre de 1970. Perón murió en la residencia de Olivos el 1 de julio de 1974, en el ejercicio de su tercera presidencia. Ambos tenían 78 años.

Más para leer

Santa Fe cambia el registro de deudores alimentarios: los que no paguen la cuota no podrán sacar el carnet de conducir
Política
Rosario se prepara para elegir a los 28 estatuyentes que redactarán su primera Carta Orgánica
Política
Se sacan fotos con el diputado más denunciado de Catamarca y explican por qué lo hacen
Política
El abogado salteño que se hizo viral y ahora pide un acuerdo para dejar atrás la "herida" argentina
Política
El abogado que defendió la ley de honorarios y ahora apunta contra el jurado popular en causas civiles
Política
120 silos y un predio que el Chaco usa desde años, pero que no le pertenece
Política