De dos pelotas a un centenar de chicos: la historia del Dream Team que conquistó Guaymallén

Con solo dos pelotas y un sueño, esta pareja creó una escuelita de fútbol que hoy reúne a casi cien chicos en Guaymallén. ¿Cómo lograron convertir la pasión en su forma de vida?

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De dos pelotas a un centenar de chicos: la historia del Dream Team que conquistó Guaymallén
De dos pelotas a un centenar de chicos: la historia del Dream Team que conquistó Guaymallén

En Guaymallén, una escuelita de fútbol pasó de tener apenas dos pelotas y un puñado de chicos a reunir a casi un centenar de niños y niñas. Lo que comenzó como el sueño de una pareja hoy es el sustento de toda una familia.

Franco Galván siempre quiso tener su propia escuela de fútbol. A fines de 2020, una oportunidad en el camping Rayón Curá, en Puente Hierro, le dio el empujón que necesitaba. Con el apoyo de su familia, repartió volantes, compró dos pelotas y un juego de pecheras, y empezó a entrenar a los primeros chicos que se acercaron.

Celeste Manuchi, coordinadora y pareja de Franco, recuerda los inicios: “Empezamos con muy pocos chicos, apenas dos pelotas y un juego de pecheras que compró mi suegra. Hicimos unos flyers, comenzaron a llegar los primeros niños y así arrancó todo.”

Un salto a Corralitos

En marzo de 2021, un amistoso en unas canchas de césped sintético de Corralitos cambió el rumbo. El dueño del predio, que conocía a Franco desde chico, les ofreció mudarse allí. La escuela no paró de crecer desde entonces. Hoy, Dream Team alberga entre 90 y 110 chicos durante todo el año, según la época.

La mudanza trajo estabilidad. “Desde que nos mudamos al predio donde estamos hoy no volvimos a cambiar. Ya llevamos más de cinco años allí y estamos muy cómodos”, asegura Celeste.

Del sueño al sustento familiar

Lo que arrancó con una cuota mínima para sumar chicos se convirtió en el principal ingreso de la familia. “Al principio cobrábamos una cuota muy baja. Con los años nos fuimos capacitando y hoy cobramos una cuota que nos permite afrontar el alquiler de la cancha, comprar materiales y pagar a los profesores. Actualmente vivimos de la escuela de fútbol”, explica Celeste.

Franco, que trabajaba como administrativo en la Clínica de Cuyo, tomó una decisión difícil tras el fallecimiento de su papá. “Atravesó una depresión y sufrió cuadros de estrés. Durante el tratamiento médico tuvo que elegir entre seguir con ese trabajo o dedicarse por completo a la escuela. Finalmente decidió apostar por su sueño”, relata Celeste.

Más que fútbol: contención y compañerismo

Uno de los mayores logros de la institución es el clima de compañerismo. “Tenemos niños de distintas realidades sociales, pero una vez que entran a la cancha no existen diferencias. Son muy compañeros, tanto en los entrenamientos como en los torneos”, destaca Celeste. El año pasado viajaron a Córdoba con un grupo y fue una experiencia que demostró ese espíritu.

La organización diaria implica mucho trabajo. Celeste se encarga de la parte administrativa, consigue sponsors y, además, lava entre 80 y 90 equipos deportivos cada fin de semana para que estén listos para los partidos. Franco trabaja junto a su hermano Leandro, también profesor, y cuentan con otra profesora que colabora con las categorías más pequeñas.

Integrantes del Dream Team

- Coordinador y profesor: Franco Galván
- Coordinadora: Celeste Manuchi
- Profesor: Leandro Galván

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