De Cipolletti a la carpa: la bailarina que dejó todo para girar con el Circo Rodas

Tenía todo planeado: recibirse y ser profesora. Pero un aviso del Circo Rodas le cambió la vida. Hoy vive en un tráiler y recorre el país.

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De Cipolletti a la carpa: la bailarina que dejó todo para girar con el Circo Rodas
De Cipolletti a la carpa: la bailarina que dejó todo para girar con el Circo Rodas

Luna Coronel tenía 22 años y un plan: recibirse de profesora de danza contemporánea. Pero un aviso del Circo Rodas en Neuquén cambió su rumbo. Hoy vive en un tráiler, recorre el país y baila hasta cuatro funciones por día.

La joven del barrio Piedra Buena, en Cipolletti, nunca imaginó que su vida tomaría ese giro. "Nunca me hubiese imaginado estar en un circo y vivir así, un rato acá y otro allá", confesó a Río Negro.

Del IUPA a la pista

Luna empezó a bailar a los cuatro años, impulsada por su madre, profesora de teatro. Pasó por el ballet y el flamenco hasta encontrar su lugar en la danza contemporánea. Tras el secundario, se mudó a Roca para estudiar en el Instituto Universitario Patagónico de las Artes (IUPA). El año pasado terminó de cursar y volvió a Neuquén, con solo dos materias para recibirse.

A fines de marzo, se enteró de que el Circo Rodas buscaba bailarinas. Mandó su CV y un video, y pasó a la etapa presencial. "Yo no tenía fe en esta experiencia, pensé que no iba a quedar", admitió. Ni siquiera tenía zapatos de jazz: se presentó con zapatillas deportivas. "Y quedé", contó.

Al principio, el trabajo era casi rutinario: ensayar, hacer las funciones y volver a casa. Pero al mes le ofrecieron sumarse a la gira nacional. "¿Qué hago?", se preguntó. La respuesta la encontró en esa niña que soñaba con bailar en un escenario. "Pensé que iba a ser profesora y que ya no iba a poder ser bailarina como intérprete. Me había cerrado a esa idea y, de repente, apareció el circo y me hizo volver a creer que podía trabajar como bailarina", reflexionó.

Una vida de camping y cuatro funciones por día

La primera parada fue La Pampa. Luna se acostumbró a vivir en un tráiler, compartiendo habitación con otra bailarina. "Es una vida como si estuvieras de camping", graficó. "La experiencia me está enseñando muchísimo sobre la vida en general y sobre cómo valorar las pequeñas cosas", agregó.

La exigencia es alta: ensayos extenuantes y coreografías que cambian constantemente. "Estoy aprendiendo muchísimo de Jonathan Plaza como coreógrafo, sus estructuras de coreografía y de técnica", destacó.

En Buenos Aires, el ritmo se volvió frenético: ensayo por la mañana y cuatro funciones diarias, cinco días a la semana. "Hay días en los que digo, '¿por qué estoy acá?'", confesó. Pero las dudas se disipan rápido: "Cuando me fui amoldando, la verdad es que me empezó a gustar".

La inestabilidad es parte del encanto. "Una chica me dijo que un mes en el circo es como un año en la vida de una persona normal. Y es totalmente así", enfatizó.

En escena, Luna participa de casi todo: la apertura, los números de malabares y magia, el segmento de los payasos y la antesala del Globo de la Muerte. "Por más que hagas el mismo baile cinco veces, ninguna vez es igual. Todo es un descubrimiento", describió.

El futuro, entre Santa Fe y la calle Corrientes

El próximo destino es Santa Fe, y luego volverá a Neuquén para las fiestas. Luna presiente que su tiempo en el circo terminará con el cierre de 2026. "Siento que esta experiencia en algún momento se va a terminar. Yo no vengo de una familia de circo", reconoció. Pero no cierra puertas: "Yo me iba a ir del circo la primera semana, iba a renunciar, y acá estoy. Nunca digas nunca".

El auge de la serie de Moria Casán le reavivó el sueño de llegar a la calle Corrientes. "Es mi sueño", dijo. Mientras tanto, la tranquiliza saber que en el Alto Valle la espera Astra Producciones, la productora que fundó hace dos años y quedó a cargo de un amigo.

Su madre le dio el empujón final antes de partir: "Andá, viví la experiencia. Fijate si te gusta y, sino agarrás tus cosas y te volvés. Siempre podés volver".

Una experiencia inmersiva

Luna describe el espectáculo del Circo Rodas como un universo pensado para mantener el asombro durante dos horas. El cuerpo de baile es el hilo conductor: "Aportamos la estética y las coreografías que enlazan los números".

El público pasa de la tensión hipnótica de la magia a la destreza de los malabaristas, y del humor de los payasos al clímax del Globo de la Muerte, donde las motos rugen dentro de la esfera metálica. Luna participa en la antesala de ese número, preparando el clima.

De niña, adoraba ir al circo. Ahora, es ella quien entretiene al público desde el escenario.

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