De andar en bici a hacer dominadas en silla de ruedas: la historia de Abril que desafía la lástima

¿Qué harías si a los 15 años un infarto medular te cambiara la vida para siempre? Conocé la historia de Abril, la joven que estudia finanzas, hace dominadas en silla de ruedas y se niega a ser vista con lástima.

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De andar en bici a hacer dominadas en silla de ruedas: la historia de Abril que desafía la lástima

A los 15 años, un infarto medular la dejó sin poder caminar. Hoy, a los 20, estudia finanzas en Estados Unidos, trabaja en la empresa familiar y clava hasta ocho dominadas en el gimnasio. Pero lo que más llama la atención de Abril Alfaro no es su fuerza física, sino su rotunda negativa a ser vista con lástima.

Todo empezó una tarde de pedaleo con amigas. Un cansancio extraño en las piernas la obligó a bajarse de la bicicleta. Caminó unos metros arrastrando los pies hasta que el cuerpo se le plantó. Lo que parecía un calambre resultó ser un infarto medular, una lesión irreversible. Pasó siete meses internada, los primeros 30 días en aislamiento total por la pandemia.

“Pensaba: ‘listo, esto es una semana y ya está’. Y después eran dos semanas, un mes, dos meses…”, recuerda hoy en diálogo con TN.

La rebelión contra la lástima

Abril no quiere ser “la pobrecita”. Rechaza la condescendencia y las miradas de lástima en redes sociales. “Esos comentarios vienen de una persona que capaz ve esto y dice ‘no, yo no podría’”, explica. Tampoco tolera a quienes buscan explicaciones conspirativas a su diagnóstico: “Ya les dije que no hay cura, que no tuvo causa. ‘Fue la vacuna, fue por el hockey’. No vale la pena ponerse a buscar”.

Para ella, la clave es la aceptación práctica. “Hacerte amigo de lo que te pasa y ya está”, resume.

Del andador a las dominadas

Después del infarto, se aferró a la posibilidad de volver a caminar. “Cuando los médicos me dijeron que no iba a poder, yo decía: ‘si hay al menos un 1% de posibilidades, voy a intentarlo’”, cuenta. Pasó años de rehabilitación intensa en Chicago y Florida. Logró caminar con un andador, pero los valores musculares de sus piernas no regresaron. Entonces se preguntó: “¿Quiero que mi vida sea solo rehabilitarme? Quiero poder decidir sobre mi vida”.

Hoy, el gimnasio es su lugar en el mundo. En un buen día, hace hasta ocho dominadas perfectas colgándose de la barra sin soltar la silla de ruedas. Empezó a subir videos a redes el año pasado para concientizar y motivar. “Teniendo una discapacidad me parece fundamental ir al gimnasio. La mitad de mi cuerpo tiene que hacer las tareas de un cuerpo completo”, dice.

El miedo como brújula

Abril no le escapa al miedo. “Si hay miedo es porque hay algo que tengo que encarar. Te indica que estás avanzando”, afirma. Tampoco esquiva los días grises: “De vez en cuando me agarra angustia, pero perdí esto y tengo muchas otras cosas en las que me quiero enfocar”.

También lidia con ciudades que ignoran la accesibilidad. “Cuando le pregunto a alguien si un lugar tiene rampas, la mayoría no sabe. Si no tienen un baño más grande, la silla no me pasa por la puerta”, expone. Pero prefiere no enojarse: “Por enojarme la situación no va a cambiar”.

Una voz en las redes

La exposición en redes le trajo de todo: comentarios negativos, mensajes morbosos y propuestas de citas. Pero prioriza el contacto con quienes atraviesan una situación similar. “Trato de mostrar que después de un accidente podés vivir la vida de forma lo más normal posible. La idea es que lo usen como motivación, no para ponerme a mí en un pedestal”, aclara.

¿Está orgullosa? Reflexiona: “En parte sí, porque había cosas que veía imposibles. Como irme a vivir y estudiar sola en otro país. Pero tengo otros proyectos. Capaz cuando logre eso, sí”. Su familia le dice que su actitud no es normal, pero para ella es simplemente su forma de ser.

A los 20 años, se reconoce en construcción. “A veces tengo días malos en los que no quiero ir al gimnasio, pero voy igual. Eso es lo que más cuenta”, afirma. Y cierra con una filosofía que la define: “Prefiero pensar qué puedo hacer hoy para que mi vida sea mejor, y que no todo pase por si camino o no camino”.

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