De albañil a goleador mundialista: la increíble historia de Igor Thiago, el 9 de Brasil que rechazó el delito
La increíble historia de Igor Thiago, el delantero brasileño que fue albañil y rechazó el delito para convertirse en el 9 de Brasil en el Mundial 2026. ¿Cómo logró escapar de la pobreza y las malas influencias?
Igor Thiago pasó de trabajar como albañil a los 13 años a ser el inesperado 9 de Brasil en el Mundial 2026. Con 22 goles en la Premier League, el delantero del Brentford llegó a la selección tras una infancia marcada por la pobreza, la orfandad y la presión de su entorno para delinquir.
Nacido en Gama, Distrito Federal, el 26 de junio de 2001, Igor Thiago Nascimento Rodrigues perdió a su padre a los 13 años por alcoholismo. Desde entonces, su madre, recolectora de basura, luchó sola para mantenerlo a él y a sus tres hermanos. “Mis amigos querían que fuera a robar con ellos”, confesó el futbolista.
A los 13, Igor ya trabajaba de albañil para ayudar en casa. También fue conserje, jardinero y repartidor de folletos. Se levantaba a las 5 de la mañana para trabajar y, cuando podía, se entrenaba. “Todos esos trabajos me ayudaron a forjar mi carácter”, reconoce.
La promesa que cambió su destino
Un día, su madre llegó sin comida y un familiar la humilló. Igor, testigo de su llanto, le juró: “A partir de hoy, nadie volverá a humillarte. Voy a ser futbolista, ya verás. Algún día todo el mundo me conocerá”.
Empezó a jugar a los 9, pero fue rechazado en todas las pruebas hasta los 17, cuando ingresó al Veré y se consagró goleador del Sub-17 estatal de Paraná. Luego pasó al Cruzeiro, donde sufrió prejuicios por no haber hecho inferiores.
Del fútbol búlgaro al Mundial
Tras tres temporadas en Cruzeiro, jugó en Bulgaria y luego en el Brujas belga. En 2024 llegó al Brentford inglés, donde en su primer año se rompió los ligamentos cruzados. “Volví a reconstruirme como un albañil de mi propia carrera”, dice.
Hoy, con 22 goles en 37 partidos de Premier League, Carlo Ancelotti lo observa y Brasil lo tiene como su 9 en el Mundial de 2026. “Todavía no me lo creo. Es el mayor logro de mi vida”, declaró.
Su madre recuerda: “Llegaba a casa con las manos llenas de callos y ampollas, pero nunca se rendía. Tenía amigos que querían que robara, pero él eligió el buen camino”.