Da clases en tres escuelas y un instituto propio: la confesión de una docente de Montecarlo sobre lo que pasa en el aula

Tres escuelas, un instituto propio y una rutina que no para. La docente de Montecarlo cuenta qué encontró cuando intentó dar una clase de inglés y por qué dice que sin una condición clave, el aprendizaje no ocurre.

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Da clases en tres escuelas y un instituto propio: la confesión de una docente de Montecarlo sobre lo que pasa en el aula
Da clases en tres escuelas y un instituto propio: la confesión de una docente de Montecarlo sobre lo que pasa en el aula

Gabriela Buttner enseña inglés en Montecarlo y fue finalista en 2025 del concurso Docentes que Inspiran. Su rutina refleja lo que viven cientos de colegas: reparte sus horas entre la Escuela Normal N.º 2, el IEA N.º 8 y la EPEP N.º 11, y además atiende un instituto particular en su casa. “Tengo la suerte de estar en tres escuelas únicamente”, dice, y aclara que esa combinación también responde a una necesidad económica: “para poder alcanzar un nivel de ingresos como para poder vivir tranquila”.

La situación es aún más exigente para otros docentes. Buttner asegura que conoce profesores que en una misma mañana pasan por hasta tres establecimientos, una modalidad que en el ambiente se conoce como la del “docente taxi”.

El desafío de conectar con los alumnos

La profesora desarrolló buena parte de su carrera en Montecarlo y destaca su paso por escuelas rurales. “Para mí es uno de los lugares más lindos para dar clases, porque los chicos tienen otra forma de encarar el estudio, están todo el día en la escuela y parece que fuese su segunda casa”, cuenta.

Para ella, el principal reto no pasa solo por transmitir contenidos. “Hoy uno de los grandes desafíos es conectar a los chicos con lo que estamos tratando de enseñar”, sostiene. Un ejemplo: en una clase de quinto año debía enseñar pasado simple en inglés y se topó con el rechazo inicial de los estudiantes. Recurrió a una canción que escuchaba en su adolescencia, …Baby One More Time, de Britney Spears. “Ahí pudimos trabajar y los chicos conectaron, comenzaron a prestar atención, a producir sus propios textos sin estar pensando en la gramática”, relata.

Esa búsqueda por vincular los contenidos con la realidad también la aplica en su vida cotidiana. “Para generar un aprendizaje significativo, un docente debería decir: cómo aplico esto a la realidad, cómo te va a servir, cómo lo conectás con la realidad”, afirma.

Familias, docentes y nuevos límites

Buttner observó cómo cambió la relación entre las familias y las escuelas. Considera necesario redefinir responsabilidades. “La familia tiene que cumplir con lo que es en la casa: enseñar el respeto, los valores, la responsabilidad, la cultura del trabajo, del esfuerzo. Y el docente tiene que estar para enseñar, para guiar pedagógicamente, transmitir conocimiento”, señala.

La profesora sostiene que los establecimientos enfrentan situaciones sociales y familiares que exceden lo académico. Algunas de las escuelas donde trabaja cuentan con gabinetes psicopedagógicos; en otros casos recurren a organismos externos, como Acción Social de la Municipalidad de Montecarlo. “Nosotros necesitamos siempre algún tipo de presencia de algún gabinete”, dice, y explica que esos equipos permiten detectar situaciones, hacer derivaciones y acompañar problemas que requieren intervención profesional.

Tecnología, atención y comprensión lectora

Consultada sobre el deterioro de los indicadores de aprendizaje, Buttner apunta a los dispositivos digitales. “Cuando apareció el teléfono y se empezó a usar dentro del aula como herramienta, no se midió el impacto total que iba a tener”, afirma.

Las consecuencias se notan incluso en la preparación para exámenes internacionales de inglés. “Los chicos redujeron muchísimo su límite de atención, su comprensión lectora. Les cuesta mucho sostener una lectura de un texto largo”, explica. Para ella, el consumo permanente de contenidos breves modificó los hábitos de concentración: “Los veo pasando videos y videos cuando están esperando. Y si algo tienen que mirar más de un minuto, listo, ya no”.

La docente también menciona que el abandono de prácticas tradicionales tuvo consecuencias, y que en otros países ya se recuperan libros, lecturas extensas y metodologías menos dependientes de las pantallas.

Educación y movilidad social

La situación económica atraviesa la vida escolar y afecta tanto a las familias como a los docentes, aunque las instituciones buscan alternativas para garantizar el acceso a materiales y sostener las trayectorias educativas. Desde su experiencia en Montecarlo, Buttner observa diferencias importantes en los niveles de asistencia entre establecimientos. Para ella, no todo se explica por los recursos económicos: también influyen los hábitos familiares y la responsabilidad frente al estudio.

“La educación es una herramienta de escalabilidad social y eso es algo que necesitamos resaltar, que es importante”, afirma.

Tras años frente al aula, Buttner tiene una convicción: “Si no hay empatía, no hay aprendizaje. Podés ser el mejor en tu campo, pero si no conectás con el chico, no se genera el aprendizaje”. Y agrega que enseñar implica adaptarse a las situaciones personales, emocionales o institucionales que aparecen en el aula. “Hay veces que tenés que ser flexible porque hay alguna situación que está atravesando el grupo entero o un chico, o algo institucional, y decís: bueno, me adapto, pero sigo enseñando. No ser tan rígido”, concluye.

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