Cuatro entrerrianos viajaron a Catamarca por una competencia ovina: lo que vivieron adentro sorprendió a su docente
La Escuela Agrotécnica N.º 37 Antonio Galli de Los Conquistadores se metió por primera vez en una competencia nacional y sudamericana de ovinos, y lo que hicieron cuatro de sus alumnos en Catamarca dejó a la docente a cargo con la boca abierta. No fue solo por las pruebas.
La Escuela Agrotécnica N.º 37 Antonio Galli de Los Conquistadores se convirtió en la primera institución de este tipo de Entre Ríos en competir en las VII Ovinpiadas de Argentina y las I Ovinpiadas Sudamericanas, que se realizaron en Icaño, Catamarca. Cuatro estudiantes de 7° año representaron a su comunidad educativa en una cita que combinó teoría, práctica y convivencia con jóvenes de otras provincias y países.
Segundo Moreyra, Mia Salinas, Lucas Miño y Nicolás Torres afrontaron tres jornadas de pruebas teóricas, prácticas y la defensa de un Proyecto de Gestión Productiva. La docente y médica veterinaria Sophia Scandella, que los acompañó junto a la rectora Julieta Brunini, contó a UNO cómo empezó todo.
De Palermo a Catamarca: cómo nació la invitación
El camino se abrió durante una visita a la Expo Palermo, donde el grupo conoció al médico veterinario Rubén Flores y al organizador de las Ovinpiadas Argentinas, José Luis Roberi, de la Universidad Nacional de La Pampa.
“Nos realizaron la invitación formal para participar. Era una oportunidad muy importante, ya que Entre Ríos nunca había participado en esta competencia”, explicó Scandella. A partir de ahí, la docente empezó a trabajar con los alumnos en los contenidos de Producción de Ovinos y en la preparación para una competencia que exigía tanto conocimiento teórico como resolución de situaciones concretas.
Los entrenamientos en cabañas de la zona
La preparación incluyó recorridas por distintos establecimientos. Los estudiantes visitaron cabañas, conocieron diferentes razas y sistemas productivos, y practicaron tareas de manejo de animales.
Lucas Miño recordó esa etapa como una de las que más disfrutó. “Viajamos a varias cabañas de distintos lugares y distintas razas ovinas para capacitarnos y aprender sobre el manejo de cada establecimiento”, señaló.
Segundo Moreyra también destacó esas jornadas previas. Mencionó la cabaña de Gustavo Muzzachiodi, la cabaña de raza ideal de Rubén Flores y el establecimiento de su padre, Antonio Moreyra. Allí pudo observar y practicar castración, descole, señalada, desparasitación, vacunación, esquila a tijera y evaluación del estado corporal de las ovejas.
Qué les tomaron en las pruebas
Según detalló Scandella, los estudiantes debieron reconocer instalaciones, razas y biotipos, métodos de identificación, alimentación, reproducción y manejo de corderos. También fueron evaluados en sanidad, enfermedades parasitarias, zoonosis y distintos procedimientos prácticos.
Entre las actividades estuvieron la esquila, el descole, la castración, el despezuñado, la sujeción y el volteo de los animales, además de la aplicación de vacunas y métodos de desparasitación. A eso se sumó el reconocimiento de características de la lana, como la finura y el largo de mecha.
Uno de los momentos que más sorprendió a la docente llegó en una de las pruebas prácticas, cuando los chicos tuvieron que colocar dispositivos intravaginales para la sincronización de celos, una práctica que nunca habían realizado. Conocían el procedimiento desde la teoría y lograron resolverlo correctamente.
“Para mí fue una muestra de que pudieron trasladar un conocimiento teórico a una situación práctica concreta”, sostuvo Scandella.
Lo que dejó la experiencia más allá de la competencia
La cita también significó un aprendizaje fuera del ámbito productivo. Los cuatro compartieron jornadas con jóvenes y docentes de otras provincias y países, conocieron distintas realidades de la producción ovina y comprobaron que una misma actividad puede desarrollarse de maneras muy diferentes según la región.
Mia Salinas contó que lo que más la sorprendió fue el nivel de preparación de los demás participantes. “Ellos hacía dos años que se venían preparando para esto porque esta competencia se hace cada dos años”, explicó. También resaltó las diferencias entre las regiones y las formas de trabajar con los animales. Para la joven, la dimensión de lo ocurrido todavía cuesta asimilarla: “Para mí fue un viaje más con mis compañeros, pero esto fue algo mucho más grande, no solo para la escuela sino para la provincia. Marcamos un antes y un después”.
Lucas, en cambio, se quedó con los vínculos que construyó esos días. “Lo más lindo para mí fue hacer compañeros de otros lados, convivir y la experiencia junto a mis compañeros”, contó.
El viaje también dejó anécdotas para el recuerdo. Segundo relató entre risas un particular intercambio con un vecino de Icaño, a quien terminó afilándole unas tijeras y un cuchillo a cambio de dos docenas y media de empanadas.
Los cuatro volvieron con entusiasmo por seguir vinculados a la actividad. Lucas aseguró que la experiencia lo dejó con ganas de continuar en la producción ovina y aprovechar lo aprendido.
Para Scandella, ahí aparece uno de los principales valores educativos de la propuesta. “La formación no queda solamente dentro del aula: los conocimientos que adquieren pueden ser aplicados en situaciones reales y pueden convertirse, en el futuro, en una herramienta para desarrollarse tanto laboral como profesionalmente”, explicó.
La participación en Icaño dejó una marca para la Antonio Galli y para Los Conquistadores: los estudiantes llevaron por primera vez el nombre de una escuela agrotécnica entrerriana a una instancia nacional y sudamericana.