Cuatro artistas tejen un mapa sin fronteras entre el Chaco y Paraguay
Parecía una muestra de arte textil más, pero escondía un puente invisible entre tres territorios y una memoria que se niega a desaparecer.
Este viernes 4 de septiembre, a las 20.30, se inaugura en el Centro Cultural Nordeste (Illia 355, Resistencia) la muestra colectiva Escenas posibles de un afecto, con obras de María Rosa Mamana, Lides Samudio, Mariana Stegmayer y Florencia Vivas, bajo la curaduría de Cecilia Quijano Maccio y Gustavo Insaurralde.
La exposición propone un recorrido que cruza la yunga tucumana, el Chaco y los ríos paraguayos, no como distancias geográficas sino como puntos de un mismo mapa afectivo, tejido con hilos, puntadas, luces y colores.
Las obras y sus lenguajes
María Rosa Mamana presenta Vestido Continente, una pieza textil que se convierte en refugio portátil y en metáfora del cuerpo-paisaje. Entre pliegues y proyecciones gráficas, la tela deja de ser solo soporte para volverse hogar sin coordenadas fijas, un espacio donde las identidades y emociones pueden viajar y echar raíces.
Lides Samudio, por su parte, entrelaza la vida cotidiana con la identidad cultural paraguaya a través del bordado, un oficio transmitido de madres a hijas que conserva la memoria viva de su pueblo. La crítica Claudia Casarino destaca: “Nacida en una familia de bordadoras, su práctica se desarrolla en relación con ese aprendizaje colectivo. Sin embargo, en sus piezas aparecen desplazamientos: variaciones en la puntada, mayor densidad del hilo, combinaciones de color que se apartan de los esquemas más habituales del aopo’i”.
Mariana Stegmayer exhibe su serie Jardín mínimo, donde la acuarela captura la fragilidad de ramas y hojas, con lavados verdes que evocan vitalidad y transitoriedad. Los tallos oscuros y precisos contrastan con fondos difusos, construyendo una atmósfera etérea que remite a la memoria de un lugar.
Florencia Vivas, en tanto, explora en su Ensayo textil las tensiones entre lo lleno y lo vacío. La tela se vuelve sistema espacial y microarquitectónico: los cortes y las tensiones revelan siluetas que se buscan entre sí, mientras el hilo funciona como puente invisible que zurce distancias y construye vínculos entre la materia y el espacio.
Un tapiz regional
En conjunto, las cuatro artistas tejen una cartografía sin fronteras: un cuerpo que es paisaje, un paisaje que es conexión. El afecto aparece como hilo conductor que une lo doméstico, lo comunitario y lo natural, en una muestra que invita a recorrerla como quien recorre un territorio propio.