Cuatro años con las persianas bajas y un puñado de socios que se resistía a verla morir: la cooperativa yerbatera de Apóstoles volvió a abrir con 50 socios y una marca que pocos esperaban recuperar. ¿Qué pasó con el secadero y el molino?
La Cooperativa Agrícola Yerbatera de Apóstoles (Cayal) volvió a abrir sus puertas después de cuatro años de inactividad. La reactivación se concretó con el empuje de productores históricos y una nueva camada de colonos que se sumaron al proyecto. El objetivo inmediato es poner en marcha el secadero y el molino, y volver a recibir hoja verde en la próxima zafra.
La entidad, un emblema del sur de Misiones, había dejado de funcionar por la pérdida de competitividad y la caída constante en la recepción de materia prima. Ahora, una nueva comisión directiva busca devolverle el protagonismo a la producción yerbatera de la zona.
«Apóstoles no tenía una cooperativa yerbatera en funcionamiento y hoy sí la tiene»
El presidente de la cooperativa, Andrés Andrusyzsyn, explicó el alcance de esta nueva etapa: «Es una reapertura de la Cooperativa Cayal. Fue un logro para la zona y un logro para Apóstoles. Cambia el estatus porque Apóstoles no tenía una cooperativa yerbatera en funcionamiento y hoy sí la tiene y la va a seguir teniendo».
La reorganización incluyó a los socios de siempre y a nuevos integrantes. Según detalló el dirigente, antes había unos 28 socios activos y se sumaron 22 más, hasta alcanzar los 50. Pero el potencial histórico es mucho mayor: «Históricamente, cuando fuimos a la documentación, hasta 340 socios activos tenía esta cooperativa», contó Andrusyzsyn.
Por qué se había frenado la actividad
El molino de yerba empaquetada y el secadero llevaban alrededor de cuatro años paralizados. La razón principal fue la migración de la materia prima hacia establecimientos privados que ofrecían mejores condiciones. «Los productores llevaban esa yerba a los privados y no a la cooperativa, hasta que llegó un punto en que no pudo seguir funcionando con esa cantidad», explicó el presidente.
Para lograr la reapertura, los productores avanzaron en la regularización de papeles y balances. «Hubo que regularizar algunas situaciones, pero dentro de lo que conocemos de otras cooperativas, estaba bastante en orden. Todavía estamos corrigiendo algunas situaciones, pero la verdad es que estamos contentos», señaló Andrusyzsyn.
El regreso de la marca Chamarra
Uno de los puntos que más entusiasma a la comunidad es la vuelta de un producto con identidad regional. La cooperativa cuenta con infraestructura completa y marcas propias. «Estamos más que contentos para poder hacer la reapertura del secadero y de la molienda, porque esta cooperativa tiene la marca Chamarra, que va a volver a los mercados a los consumidores de yerba mate», destacó el titular.
El trabajo para poner a punto las máquinas demandó el esfuerzo ad honorem de varios integrantes del sector agrario. «Es un logro inmenso que se hizo con la buena voluntad del equipo. Hoy me toca la presidencia, pero hay un equipo de voluntarios para poder sacar esta cooperativa adelante, especialmente en la parte administrativa. Sin ese equipo de gente no se logra. Con voluntad y permanencia se logra a lo que hoy estamos», remarcó.
Próximos pasos: hoja verde y alianzas comerciales
Con la mirada puesta en los próximos meses, los cooperativistas planifican el retorno a la compra de hoja verde y la reactivación comercial, aunque supeditados al contexto general de la actividad. «Si nos va todo bien, capaz vamos a estar arrancando a meses a lo mejor la zafra para poner algo de producto en los depósitos. De ahí se empieza la reapertura y a trabajar, y va a evolucionar mucho según cómo va la economía yerbatera para que tengamos resto», proyectó Andrusyzsyn.
Desde la comisión directiva señalaron que buscan alianzas estratégicas para sostener la estructura de costos y colocar la yerba en las góndolas nacionales. «Estamos buscando espónsor para que alguien nos compre la yerba o el propio consumidor, para que la cooperativa pueda funcionar como corresponde», concluyó el presidente.