Crió a un ñandú desde un huevo en su campo de Pergamino y unos furtivos lo cazaron: el dato que los delata
Un ñandú criado desde un huevo en un campo de Pergamino fue cazado por furtivos que se fotografiaron con los restos. La investigación ya tiene elementos clave, pero lo que encontraron en los allanamientos no es lo único que los complica.
Un ñandú criado durante casi tres años por el encargado de un campo de La Violeta fue perseguido, atrapado por perros galgos y matado por cazadores furtivos que se fotografiaron con los restos como si fueran un trofeo. El hecho ocurrió en el establecimiento El Tauro, sobre la ruta provincial 51, en jurisdicción de Pergamino, y desató una investigación judicial.
Raúl Fleitas, encargado del predio, no consideraba al animal una presa ni un adorno del paisaje rural. Lo vio nacer, lo alimentó y lo cuidó desde que era un huevo. Por eso, cuando los furtivos ingresaron al campo con sus perros, el golpe fue doble: mataron a un animal que confiaba en las personas.
“Lo crié de chiquito”
El vínculo empezó hace tres años, cuando Fleitas rescató un huevo de ñandú de un nido abandonado, algo frecuente en el campo cuando las aves se asustan por intrusos o por animales silvestres como los peludos.
“Lo saqué a través de un huevo, lo crié de chiquito. En los primeros días tenías que darle calor por el frío, cuidarlo mucho”, recordó en diálogo con TN.
El ñandú nunca estuvo en cautiverio. Se movía libremente entre los potreros de El Tauro e incluso cruzaba a los campos linderos. Convivía con vacas, cerdos, gallinas y hasta con los perros guardianes del casco. Reconocía el motor de las camionetas que le llevaban alimento y agua, y se acercaba a los trabajadores.
Esa mansedumbre, cultivada en un entorno de protección, terminó siendo su condena. Los furtivos sabían que el animal no huiría con el pánico de la fauna salvaje.
La caza y las fotos que los incriminan
Los cazadores entraron ilegalmente al establecimiento acompañados por perros galgos. Soltaron a los canes, acorralaron al ave, filmaron la escena y la mataron. Después, cuaterearon el cuerpo, lo colgaron de un árbol y se sacaron fotos con los restos, una de cada lado, como si fuera un trofeo. Las imágenes circularon en redes sociales.
“Entraron y lo cazaron de la peor manera. Soltarle dos galgos y filmarlo a un animal que era medianamente manso... Después lo colgaron del cogote en un árbol, se sacaron fotos con los perros, uno de cada lado”, relató Fleitas con la voz quebrada.
El campo tiene carteles de “prohibido cazar” a lo largo de los alambrados que dan a la ruta 51 y al camino vecinal. “En el campo tenemos carteles por todos lados que dicen ‘prohibido cazar’. Pero pareciera que cuando ponés límites, la gente se ensaña con hacerte daño por pura maldad”, expresó el encargado.
Investigan la caza ilegal y la invasión de propiedad privada
La causa quedó en manos de la Unidad Funcional de Instrucción N.º 3 de Pergamino, a cargo del fiscal Nelson Mastorchio y el ayudante fiscal Abel Adrián Rodríguez, con la intervención del Comando de Patrulla Rural que dirige la subcomisario Ayelén Labanca.
Tras semanas de investigación y con datos e imágenes aportados por Fleitas y sus allegados, la Policía realizó allanamientos en los que secuestró plumas, la cabeza y las patas del animal, además de cuchillos y otros elementos utilizados en la faena ilegal. También se inspeccionaron los perros galgos usados para acorralar al ñandú.
El expediente contempla la infracción a la Ley Nacional de Conservación de la Fauna Silvestre (22.421) y a las normativas provinciales que protegen especies autóctonas, además de los delitos de violación de domicilio e invasión de la propiedad privada.
Fleitas esperó más de 21 días un llamado o una disculpa que nunca llegaron. “Todos cometemos errores, pero cuando uno se equivoca tiene que tener la hombría de pedir perdón. Sin embargo, nunca llamaron”, lamentó.
El caso no es un episodio aislado. La irrupción de cazadores con perros galgos es un flagelo recurrente para productores y trabajadores rurales de la provincia de Buenos Aires: los canes asustan a la hacienda en pastoreo, rompen boyeros eléctricos, cortan alambres y provocan destrozos en las instalaciones.
Para Fleitas y los pobladores de La Violeta, el avance de la causa y los resultados de los allanamientos son una señal para que este tipo de atropellos no queden impunes.