Crearon una célula sintética que se alimenta, crece y se reproduce: ¿está viva?
Un equipo de la Universidad de Minnesota creó SpudCell, una célula sintética que se alimenta, crece y se reproduce. ¿Está viva? Los científicos no se ponen de acuerdo.
Un equipo de científicos de la Universidad de Minnesota logró un hito que desafía los límites entre lo vivo y lo inerte. SpudCell, una célula sintética creada desde cero con químicos de laboratorio, es capaz de alimentarse, crecer y dividirse, aunque los investigadores evitan llamarla “vida”.
SpudCell no es la primera célula sintética, pero sí la primera en completar un ciclo de vida completo: nace, crece, replica su genoma y se divide en células hijas. Todo ello partiendo de sustancias químicas inertes, sin usar ninguna célula viva como base. Es una versión simplificada de una célula natural, diseñada para revelar los componentes mínimos indispensables para las funciones vitales.
¿Está viva o no?
La pregunta es inevitable. Los investigadores no afirman haber creado vida, pero admiten que “no existe una definición única y consensuada” de lo que es estar vivo. “SpudCell muestra los comportamientos que suelen usarse para distinguir lo vivo de lo inerte —se alimenta, crece, replica su genoma, se divide y se somete a selección—; sin embargo, es mucho más simple que cualquier célula natural y se montó, pieza a pieza, a mano”, explicaron en un comunicado.
A diferencia de las células naturales, SpudCell no es autosuficiente. No puede fabricar sus propios ribosomas, las fábricas de proteínas, por lo que los científicos deben alimentarla con proteínas y enzimas esenciales. Cada linaje sobrevive apenas entre cinco y diez generaciones.
Su genoma también es diminuto: solo 90.000 pares de bases, frente a los 3.000 millones de los humanos. Además, su información genética está repartida en siete moléculas de ADN, lo que dificulta que se transmita íntegramente a la descendencia.
¿Para qué sirve una célula así?
SpudCell es el último paso en décadas de investigación sobre “células mínimas”, estructuras sintéticas que contienen solo la arquitectura genética y estructural básica para la vida. Comprender qué es realmente necesario para que una célula funcione puede revolucionar la investigación médica, la exploración espacial y otros campos.
El camino comenzó en 1957, cuando Thomas Ming Swi Chang creó la primera “célula” artificial, aunque no funcionaba como las biológicas. En 2010, el Instituto J. Craig Venter presentó células mínimas con genoma sintético que podían dividirse. Ahora, SpudCell va un paso más allá: “El equipo de Kate Adamala ha diseñado y construido una célula sintética no viva que está mucho más cerca de estar ‘viva’ que cualquier otra cosa producida en el campo de las células sintéticas creadas desde cero”, afirmó John Glass, investigador del mismo instituto.
¿Qué sigue y hay riesgos?
Los investigadores ya trabajan en el próximo desafío: crear instrucciones genéticas para que SpudCell fabrique sus propios ribosomas, superando así su limitación reproductiva. También buscan mejorar la transmisión del material genético y reducir su dependencia del “alimento” enzimático.
En cuanto a los riesgos, los expertos en bioseguridad se muestran tranquilos. Becky Mackelprang, directora de programas de seguridad del Consorcio de Investigación en Ingeniería Biológica, señaló: “La SpudCell actual es una prueba de concepto apasionante, pero antes de que se pueda usar para bien o para mal, habrá que trabajar mucho más”.