Con una impresora 3D, un estudiante de la UNCo quiere abrir la puerta del espacio

Un estudiante de la UNCo lleva su proyecto de dispensador para nanosatélites a Turquía, pero antes de subirse al avión deja una frase que expone el verdadero obstáculo para las universidades públicas.

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Con una impresora 3D, un estudiante de la UNCo quiere abrir la puerta del espacio
Con una impresora 3D, un estudiante de la UNCo quiere abrir la puerta del espacio

Lucas Mitidieri tiene 28 años, cursa el último año de Ingeniería Mecánica en la Universidad Nacional del Comahue y hace un año y medio integra el equipo PehuénSat, donde desarrolló un proyecto que busca abaratar el acceso al espacio para universidades y startups. En los próximos días viajará a Turquía para presentarlo ante especialistas de todo el mundo.

Desde chico, Lucas sentía una necesidad que con los años se transformó en un estilo de vida: fabricar cosas. Pasó por la carpintería, la soldadura y finalmente la impresión 3D, una técnica que hace ocho años usa como herramienta central. Ese recorrido lo llevó a preguntarse cómo hacer más accesible el lanzamiento de nanosatélites, un campo que parece reservado para grandes presupuestos.

Un problema caro que nació en la facultad

Cuando se sumó al equipo PehuénSat, Lucas conoció de cerca el trabajo de la UNCo en tecnología espacial. La universidad ya lanzó el PehuénSat-1, su primer nanosatélite, y trabaja en una tercera versión. Pero detectó un obstáculo: los satélites son relativamente accesibles de fabricar, no así de enviar al espacio.

"Me di cuenta que lo que es muy caro para la facultad de lanzar un satélite de esa magnitud no es el costo de fabricación, sino el costo de lanzar algo al espacio", explicó el estudiante. El lanzamiento exige un dispensador, un dispositivo que aloja los CubeSat durante el despegue y los libera en órbita. Hoy esos equipos los ofrecen empresas especializadas a precios elevados.

ADDIPOD: la respuesta con impresión 3D

El proyecto se llama ADDIPOD y busca diseñar y fabricar un dispensador para nanosatélites CubeSat con impresión 3D y materiales compuestos reforzados con fibra de carbono. El modelo puede alojar hasta tres CubeSat y tiene un sistema interno de expulsión mediante resortes.

La clave está en reemplazar parte del proceso tradicional, que utiliza aluminio 6061 y requiere maquinaria específica, por una matriz de polímero reforzada con fibra de carbono. Así se obtiene la resistencia necesaria con una metodología más accesible. El desarrollo aún está en etapa de investigación y ensayo, pero la meta es que una universidad pública o una startup puedan acceder a esta tecnología sin quedar limitadas por sus recursos.

De Sídney a Turquía: una carrera internacional

El año pasado, Lucas presentó el inicio de su investigación en el Congreso Internacional de Astronáutica (IAC) en Sídney, Australia. No esperaba quedar seleccionado, pero terminó siendo uno de los 15 becados a nivel mundial y recibió apoyo económico para participar. "Yo lo postulé pensando que ni lo iban a ver", reconoce.

Este año volvió a postular su trabajo para el IAC y fue seleccionado otra vez. Además, recibió una invitación para sumarse al Space Generation Congress (SGC), que reúne a 250 jóvenes profesionales y funciona como antesala del congreso principal. Por eso viajará a Antalya, Turquía, para participar de actividades, talleres y presentaciones.

Contactos que pueden cambiar el futuro de la facultad

Durante su estadía en Antalya, Lucas expondrá su investigación en dos oportunidades, pero su objetivo principal no es solo académico. Busca generar vínculos con empresas y actores de la industria espacial que puedan abrir vías de colaboración y financiamiento para los proyectos de la Facultad de Ingeniería. "Yo creería que ese es el principal objetivo", sostiene.

También quiere que lo aprendido llegue a otros estudiantes. "Hace dos años y medio no tenía ni idea de lo que se podía lograr trabajando con un proyecto", cuenta. Al regresar, espera compartir los contactos y conocimientos adquiridos para mostrar que la industria espacial no es tan inalcanzable.

Una vocación que empezó con los autos

Aunque hoy habla de nanosatélites, Lucas no llegó a la ingeniería pensando en el espacio. De chico le gustaban los autos y quería construir vehículos. Con el tiempo, esa inquietud se amplió: quería fabricar cualquier cosa. "Si podía hacer algo que funcione mejor que lo que ya existía, iba por ese lado", recuerda.

La impresión 3D se convirtió en su principal herramienta y la industria espacial apareció después, combinando dos intereses de siempre: construir y resolver problemas. "Me gusta el tema del espacio, es lo que uno ve más lejano. Y, sin embargo, no es tan difícil como se lo suele plantear", explica.

Mientras termina la carrera, realiza cursos de ingeniería espacial y un intercambio académico en Europa. Espera recibirse a mediados del año próximo y no descarta sumar experiencia en el exterior, aunque tiene claro que quiere devolverle algo a la universidad que le abrió la puerta. "Si no hubiese entrado en ese grupo, no estaría haciendo lo que estoy haciendo ahora. No se me hubiera siquiera ocurrido", aseguró.

En una provincia donde la mirada suele estar puesta en el petróleo y el gas, la historia de Lucas muestra otra cara de Neuquén: la de un estudiante que, con una impresora 3D y desde una universidad pública, desarrolla tecnología para intentar llegar al espacio.

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