Con el Congreso en sus manos, los demócratas ya afilan la ofensiva: ¿hasta dónde pueden llegar contra Trump?
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Con el Congreso en sus manos, los demócratas ya afilan la ofensiva: ¿hasta dónde pueden llegar contra Trump?

¿Qué encontrará Trump del otro lado del Congreso: una pared o una guillotina? Los demócratas ya tienen la lista de prioridades y un arma que puede complicarle los próximos dos años en la Casa Blanca.

La victoria demócrata en las elecciones de medio término le cambia el mapa a Donald Trump: desde enero, la oposición controlará el Congreso y tendrá herramientas para frenar su agenda, investigar a su gobierno y bloquear nombramientos clave. El mandatario republicano, de todos modos, conserva el veto y otras prerrogativas que le permitirán defenderse.

El triunfo del martes, con un Partido Republicano en retirada, le entrega a los demócratas el control del Poder Legislativo. Cuando los nuevos legisladores asuman a principios de enero, podrán marcar la agenda de proyectos, influir en el presupuesto federal y abrir investigaciones parlamentarias sobre el presidente y su círculo íntimo.

La oposición deberá lidiar, a la vez, con dos presiones: la de una parte de su base que reclama un juicio político contra Trump y la de demostrar que puede aprobar leyes que mejoren la vida cotidiana, como el acceso a la salud y el costo de vida. Aun así, el republicano mantendrá un amplio margen de acción en muchas áreas.

Un programa para desarmar el legado trumpista

El líder demócrata en la Cámara de Representantes, Hakeem Jeffries, ya había anticipado antes de los comicios que, si su partido recuperaba esa cámara, la prioridad sería combatir el alto costo de vida.

En esa línea, Jeffries quiere “luchar para revertir los recortes a Medicaid”, el seguro médico para los estadounidenses de bajos ingresos que fue afectado por una ley insignia de Trump en 2025. También pretende terminar con la guerra contra Irán, “que ha disparado los precios de los combustibles para los estadounidenses”, y reafirmar la facultad constitucional del Congreso, el único órgano habilitado para declarar la guerra.

Otra meta es derogar los aranceles que Trump impuso sin aprobación legislativa. Ese paquete de medidas se pondría en marcha en las primeras 100 horas de la nueva mayoría, según aseguró el propio Jeffries.

“Tenemos que dar respuestas a los estadounidenses y lograr que bajen los costos”, afirmó Jared Moskowitz, demócrata de Florida que consiguió la reelección en un distrito que los republicanos habían intentado rediseñar para favorecer sus chances. “Ese es el mandato” de los demócratas en el Capitolio, agregó.

Consultado sobre qué pasaría si el presidente vetara los proyectos de la oposición, Moskowitz respondió: “Que lo haga. Que siga diciéndoles a los estadounidenses que la preocupación por el costo de vida es un invento”.

La lupa sobre el gobierno y los allegados

Mientras esperaban los resultados, los principales dirigentes demócratas fueron delineando los blancos de futuras investigaciones: las políticas del gobierno de Trump, la conducta de sus funcionarios y los vínculos entre miembros del gabinete y empresas privadas que buscaron influir sobre la Casa Blanca.

Después de dos años de acusaciones de corrupción sin precedentes contra Trump, su gobierno y su entorno, una de las prioridades de la nueva mayoría será abrir expedientes para revisar esos casos.

“Vamos a exigir cuentas a quienes le han infligido a este país una corrupción sin precedentes”, dijo Jeffries el martes por la noche. El líder demócrata es ahora el favorito para presidir la Cámara baja.

“Llamen a sus abogados”, advirtió en la red social X el representante Robert García, que podría quedar al frente de una importante comisión de investigación.

“La vida se volverá bastante desagradable para los miembros más polémicos del gobierno de Trump, como el secretario de Defensa, Pete Hegseth; el de Seguridad Nacional, Markwayne Mullin, y el secretario del Tesoro, Scott Bessent”, opinó Ross Baker, profesor de ciencias políticas de la Universidad de Rutgers.

Las pesquisas de las comisiones legislativas podrían derivar en citaciones a declarar y, en última instancia, en un proceso de impeachment que termine en destitución.

El fantasma del juicio político

Durante su primer mandato, Trump se convirtió en el primer presidente estadounidense en enfrentar dos juicios políticos. El primero se desarrolló entre diciembre de 2019 y febrero de 2020: la Cámara de Representantes lo acusó de abuso de poder y obstrucción al Congreso por presionar a Ucrania para que investigara a su rival político, Joe Biden. El Senado lo absolvió.

El segundo juicio político tuvo lugar en enero de 2021, días antes de que terminara su mandato, tras ser acusado de incitar a la insurrección por el asalto al Capitolio del 6 de enero. El proceso concluyó en febrero de 2021, ya fuera del cargo, con otra absolución en el Senado: no se alcanzaron los dos tercios necesarios para condenarlo.

Un tercer intento de impeachment tendría pocas chances de prosperar por esa misma exigencia de dos tercios en el Senado. Además, por ahora los líderes demócratas parecen reacios a lanzarse a un nuevo proceso, que podría movilizar a su base partidaria.

Con todo, una mayoría demócrata controlaría las comisiones legislativas, tendría más presupuesto y equipos de asesores, y podría emitir citaciones para obligar al gobierno a responder ante el Congreso.

Como respuesta, la Casa Blanca podría repetir la estrategia del primer mandato de Trump: demorar la entrega de documentos y testimonios y invocar el privilegio ejecutivo para reservar información.

Nombramientos en la cuerda floja

En Estados Unidos, los nombramientos para cargos clave del gobierno y para jueces federales deben pasar por el Senado. Al recuperar la mayoría en la Cámara alta, los demócratas podrán bloquear las designaciones de Trump para esos puestos estratégicos.

Esa mayoría podría ser aún más determinante si un juez de la Corte Suprema renunciara o falleciera: el margen del presidente para elegir a un reemplazo quedaría muy acotado.

Las armas que le quedan a Trump

Pese al nuevo equilibrio de poder, Trump conserva herramientas importantes. La principal es el veto: puede bloquear cualquier ley aprobada por ambas cámaras. Solo una votación de dos tercios en cada una podría superarlo, algo que los demócratas están lejos de alcanzar aun con su victoria.

El multimillonario republicano también mantiene numerosas prerrogativas del Poder Ejecutivo, en particular su política migratoria, muy cuestionada. Y se espera que, como viene haciendo desde el inicio de su segundo mandato, siga gobernando por decreto.

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