Con dólares, FMI y el poder económico a favor, el plan de Milei no logra lo impensado
Milei tenía los dólares que otros gobiernos envidaron, el respaldo del FMI y de Washington, y hasta una Corte que no le tocó el DNU clave. Con todo eso a favor, la economía igual se hunde. ¿Qué explica semejante resultado?
Durante décadas, los economistas argentinos explicaron cada crisis con la misma lista de faltantes: no había dólares, no había disciplina fiscal, no había respaldo internacional ni confianza empresarial. El experimento liberal-libertario de Javier Milei consiguió reunir todos esos elementos a la vez. Y, aun así, la economía se encamina hacia una nueva recesión.
La paradoja es el eje de la columna de Alfredo Zaiat: un superávit comercial extraordinario, un respaldo explícito del FMI y del Tesoro de Estados Unidos, el acompañamiento de buena parte del poder económico y mediático, una oposición que facilitó reformas clave y una Corte Suprema que todavía no se pronuncia sobre el DNU 70/2023. Con ese combo, otros gobiernos hubieran crecido. Este, en cambio, se contrae.
El propio Milei lo había anticipado, a su manera. En un reportaje con Alejandro Fantino del 14 de abril de 2025 insistía en que “esto no se vio nunca”. Tenía razón, aunque no en el sentido que buscaba: nunca se vio una recesión con tantas condiciones favorables. Riesgo país por encima de los 700 puntos incluido.
La recesión que no rebota
Los números de la actividad no dejan margen. En agosto, el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) cayó 1,7% interanual y quedó prácticamente estancado frente a julio, con una variación desestacionalizada de apenas 0,1%. El dato es malo sobre todo porque venía de una contracción mensual cercana al 2,8% en julio: después de semejante derrumbe, agosto no mostró el rebote que la mayoría de los economistas de la city anticipaba.
El informe de C-P Consultora proyecta para septiembre un aumento mensual de 1,5%, pero incluso con ese repunte el tercer trimestre cerraría con una caída de 2,3% respecto del anterior. Sería el segundo trimestre consecutivo en rojo, tras el retroceso de 0,6% entre abril y junio. Con ese recorrido, la recesión queda consolidada. La proyección de crecimiento para todo 2026 de esa misma consultora se redujo a apenas 0,6%.
El trabajo de coyuntura de CIFRA, elaborado por Pablo Manzanelli y Leandro Amoretti, aporta otra perspectiva: la actividad acumuló una contracción de 4,1% entre diciembre de 2025 y julio de 2026, y se ubica en un nivel casi idéntico al de ese mismo mes de 2023. Con todo a favor, la economía no creció: retrocedió.
Los dólares que sobran y no alcanzan
Uno de los rasgos más llamativos del caso argentino es que la recesión convive con una generación extraordinaria de divisas. Entre enero y septiembre, según el INDEC, las exportaciones sumaron 77.267 millones de dólares y las importaciones 56.069 millones, con un superávit comercial de 21.198 millones.
Las ventas al exterior crecieron 21,6% frente al mismo período de 2025, mientras que las compras cayeron 2,5%. El superávit de los primeros nueve meses del año pasado había sido de 6.046 millones: en un año se multiplicó por tres veces y media. Contribuyeron el dinamismo agropecuario, el aumento de hidrocarburos y minerales, y la retracción de importaciones asociada al enfriamiento de la actividad.
La restricción externa fue durante décadas el principal límite al crecimiento argentino: la escasez de divisas interrumpió ciclos expansivos, forzó devaluaciones y abrió la puerta a programas de ajuste. Ahora los dólares están, pero el programa económico conduce igual hacia la recesión.
La paradoja se profundiza porque ese excedente no se traduce en reservas. Según CIFRA, la formación de activos externos superó los 18.700 millones de dólares en los primeros ocho meses de 2026: los dólares del comercio se van en pagos al exterior y fuga de capitales.
Un poder político que otros no tuvieron
La falta de respaldo parlamentario, la resistencia social y la presión de las grandes entidades empresarias y medios fueron factores decisivos en la desestabilización de gobiernos anteriores. No todos los fracasos se explican por esos obstáculos, hubo también errores de gestión y contradicciones internas, pero ignorar el peso de las relaciones de poder sería ingenuo.
Milei, en cambio, juega con viento a favor. Sin mayorías propias al inicio, logró que sectores de la oposición acompañaran reformas decisivas, como la reforma laboral sancionada en febrero de 2026. La llamada gobernabilidad funcionó como herramienta para facilitar el ajuste y las reformas estructurales, con el respaldo de las principales entidades empresariales, defensoras de la liberalización, la flexibilización laboral y la reducción de la intervención estatal.
A eso se suma una Corte Suprema que todavía no resolvió el fondo de los principales cuestionamientos constitucionales al DNU 70/2023, columna vertebral del programa económico y social. Comparado con las experiencias que chocaron contra los factores de poder, el escenario actual es excepcional. Y aun así, la economía cae.
El FMI, Estados Unidos y el sostén externo
El respaldo internacional también fue extraordinario. En abril de 2025, el FMI aprobó un acuerdo de Facilidades Extendidas por 20.000 millones de dólares y mantuvo su apoyo incluso cuando los resultados en reservas y actividad mostraban dificultades.
A ese paraguas se sumó la intervención de Estados Unidos: el gobierno de Donald Trump, a través de su secretario del Tesoro, Scott Bessent, desplegó durante 2025 una asistencia financiera excepcional para sostener la estabilidad cambiaria en plena tensión electoral. La línea de swap de 20.000 millones de dólares, junto con las operaciones efectivamente realizadas, funcionó como una señal de respaldo político y financiero.
El FMI y el Tesoro estadounidense ayudaron a neutralizar episodios de inestabilidad que, en otras circunstancias, podrían haber desembocado en una crisis cambiaria profunda. Ni con semejantes apoyos externos el Gobierno consiguió reactivar la economía.
El ajuste sobre los ingresos
La otra ventaja de Milei es política: la posibilidad de sostener un ajuste violento sobre los sectores vulnerables. No significa que cada medida tenga aceptación mayoritaria, hubo movilizaciones, huelgas y protestas por salarios, jubilaciones, educación, salud, empleo y el castigo presupuestario a científicos y personas con discapacidad. Pero esas resistencias no lograron revertir las decisiones centrales.
Los ingresos de trabajadores y jubilados fueron una de las principales variables del ajuste fiscal y a la vez ancla de la inflación. CIFRA calcula que entre noviembre de 2023 y julio de 2026 el empleo asalariado disminuyó en 370.343 trabajadores, y que el salario real de los registrados, medido con una reponderación del IPC, cayó 12,6%. El deterioro de los ingresos impulsó primero el endeudamiento familiar y después el aumento de la morosidad.
El impacto se ve en la inversión: la inversión bruta fija acumuló una caída de 12,4% entre el primer trimestre de 2025 y el segundo de 2026. Las empresas no amplían capacidad porque un Gobierno reduzca regulaciones o impuestos: necesitan perspectivas de ventas, financiamiento y rentabilidad razonable. Es una relación elemental que la ortodoxia subestima cuando propone la austeridad como camino al crecimiento.
La trampa de los economistas ortodoxos
Ya no se trata solo del rumbo económico del Gobierno, sino del aval explícito de la mayoría de los economistas del establishment a un plan con malos resultados. Señalan aspectos a revisar, pero evitan reconocer que el fiasco no está en los detalles sino en el diseño del programa.
El caso de Ricardo Arriazu es emblemático. Defensor de las políticas de estabilización ortodoxas y apoyo de Milei, en la 3ª Cumbre Aseguradora Argentina, realizada la última semana en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, cuestionó la política monetaria restrictiva del Banco Central y sus efectos negativos sobre el crédito y la actividad. Dijo que la apertura destruye y crea actividades, pero que la destrucción es mucho más rápida que la creación.
La restricción monetaria, el encarecimiento del financiamiento y la apertura importadora en un contexto de demanda debilitada agravan el deterioro productivo. Sin embargo, la crítica queda encerrada en los límites del mismo enfoque: Arriazu no advierte que la política monetaria restrictiva es apenas una pieza de un programa cuyo núcleo es el ajuste fiscal y la caída del ingreso disponible de la mayoría. La contracción del crédito agrava la crisis, pero el derrumbe de la demanda y la producción no se explica solo por las decisiones del Banco Central.
El bienestar como “ficción”, según Ades
Otra muestra de las limitaciones conceptuales de la ortodoxia aparece en las opiniones de Alberto Ades, economista de Wall Street invitado por Milei a exponer ante el gabinete en una reunión que generó controversia por la ausencia de Luis Caputo.
Ades publicó un extenso mensaje en la red social X sobre el bienestar que una parte de la sociedad recuerda de los años del kirchnerismo y las dificultades actuales de las familias para llegar a fin de mes. Su conclusión: aquella prosperidad era insostenible porque los subsidios a los servicios públicos, la ampliación de la cobertura previsional y las transferencias estatales permitieron un consumo superior al que la economía podía financiar.
No menciona que uno de los principales límites de aquella experiencia fue la escasez de dólares, restricción que Milei enfrenta con un sector externo mucho más favorable. Tampoco explica por qué ahora, con superávit comercial extraordinario y respaldo financiero internacional, la prosperidad no aparece, ni por qué las mejoras efectivas de ingresos, consumo y cobertura previsional deberían considerarse una ficción solo porque existieran desequilibrios por resolver.
La interpretación ortodoxa termina encerrada en una contradicción: cuando la sociedad mejora sus ingresos y consume más, advierte que vive por encima de sus posibilidades; cuando los ingresos retroceden y la actividad cae, lo explica como una corrección necesaria. Así, el ajuste deja de ser una herramienta transitoria para volverse una condición permanente del funcionamiento económico.
El verdadero “milagro económico”
Durante décadas, economistas y representantes del poder económico atribuyeron las crisis argentinas a la ausencia de condiciones: faltaban dólares, disciplina fiscal, reformas laborales, apoyo parlamentario, confianza empresarial, respaldo financiero internacional y seguridad jurídica para los inversores.
El experimento liberal-libertario reunió cada uno de esos elementos y además cuenta con una disponibilidad de dólares comerciales extraordinaria. Y, pese a todo, la economía está a las puertas de otra recesión. Milei tenía condiciones excepcionales para que la Argentina creciera, y está consiguiendo que la economía ingrese en recesión. Ese es, según Zaiat, su verdadero “milagro económico”.