Con 24 años dejó de correr: el cambio que lo mantuvo en la cima
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Con 24 años dejó de correr: el cambio que lo mantuvo en la cima

Un analista español repasó las cinco reconversiones tácticas que transformaron a Lionel Messi desde sus inicios como extremo explosivo hasta convertirlo en un estratega que decide cuándo atacar. El primer cambio llegó a los 24 años y fue clave para su longevidad en la élite.

Un analista español desmenuzó las cinco reconversiones tácticas que transformaron a Lionel Messi de un extremo explosivo en un estratega que decide cuándo y dónde atacar. El rosarino ya no necesita recorrer largas distancias para ser determinante.

Pedro Sáez, al frente del canal de YouTube Pedro el Ingeniero, publicó un repaso por las decisiones de los entrenadores que dirigieron al capitán argentino, desde Frank Rijkaard hasta Lionel Scaloni, y explicó cómo cada uno fue adaptando el juego de Messi para potenciar sus virtudes y administrar su energía.

De extremo a falso nueve

El primer giro llegó en 2007, con Rijkaard en el banco del Barcelona. Por entonces, Messi era un extremo derecho cuya principal arma era la explosión: recibía abierto, encaraba y recorría largas distancias con la pelota dominada. El técnico neerlandés entendió que no tenía sentido exigirle un desgaste extra en la elaboración y prefirió aprovechar su velocidad y su capacidad para desequilibrar en el uno contra uno.

Dos años después, con Pep Guardiola, se produjo uno de los cambios más importantes de su carrera: abandonó la banda derecha y empezó a jugar como falso nueve. Así dejó de tener una posición fija y comenzó a moverse entre mediocampistas y defensores rivales. Esa nueva función le permitió participar más en la creación, pero también administrar mejor su energía. Cuando retrocedía para recibir, obligaba a los centrales a decidir: seguirlo y dejar espacios a sus espaldas, o quedarse y darle libertad para organizar.

La era MSN y el rol de Rakitić

La siguiente reconversión se dio en 2014, con Luis Enrique como entrenador. En ese período se consolidó la MSN, la sociedad ofensiva que Messi formó junto a Neymar y Luis Suárez. Pero hubo otro movimiento clave: el papel de Iván Rakitić. El mediocampista croata cubría el sector derecho y asumía buena parte de las obligaciones defensivas que antes recaían sobre el rosarino. Así, Messi pudo concentrarse en la elaboración y la definición, con mayor libertad para moverse por el centro y elegir cuándo acelerar.

Esa estructura alcanzó su punto más alto con la conquista de la Champions League de 2015. Para entonces, Messi ya no era solo un delantero capaz de superar rivales con velocidad; se había convertido en el futbolista que decidía dónde y cuándo atacar.

Más libertad y menos desgaste

En 2017, Ernesto Valverde profundizó la transformación con un esquema 4-4-2 que le dio aún más libertad y redujo sus responsabilidades defensivas. Messi pasó a ocupar un papel central en la organización, con la posibilidad de caminar durante algunos tramos, observar los movimientos rivales y detectar espacios. Lo que para algunos podía parecer una desconexión del juego era, en realidad, otra manera de influir: ya no necesitaba participar en todas las jugadas, sino esperar el momento indicado para recibir, acelerar y generar peligro.

El equipo pensado para él

El último gran paso se produjo en la Selección argentina. Lionel Scaloni entendió que debía construir un equipo que potenciara las virtudes de su capitán y compensara el menor despliegue físico que exigía su nueva función. Para eso armó un mediocampo con jugadores capaces de recorrer grandes distancias, presionar y recuperar la pelota: Rodrigo De Paul, Enzo Fernández y Alexis Mac Allister asumieron esas tareas, mientras que Julián Álvarez aportó movilidad, presión y profundidad en ataque.

De esa manera, Messi podía permanecer más tiempo en posiciones ofensivas, observar el desarrollo del partido y aparecer cuando encontraba las condiciones para hacer daño. El funcionamiento colectivo estaba diseñado para que concentrara sus energías en las acciones decisivas.

El reflejo en Qatar 2022

El resultado quedó a la vista en el Mundial de Qatar 2022. Con 35 años, el capitán argentino convirtió siete goles, dio tres asistencias y fue elegido como el mejor futbolista del torneo. Sus intervenciones ante Países Bajos, Croacia y Francia demostraron que su capacidad para decidir partidos seguía intacta, aunque su manera de hacerlo fuera distinta a la de sus primeros años. Además, Leo también colaboraba en la presión y defendía junto a sus compañeros en varios pasajes, una muestra de entrega y compromiso.

El informe de Sáez concluye que la longevidad futbolística de Messi no se explica solo por su talento natural, sino también por su capacidad para reinventarse y por la inteligencia de los entrenadores que supieron adaptar sus equipos a sus características. Messi no dejó de correr por una pérdida de condiciones, sino que aprendió a administrar sus esfuerzos y a elegir con mayor precisión cuándo intervenir.

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