Compraron una casa china por internet y la trajeron en barco: ¿el fin de la construcción tradicional?
Una familia santafesina compró una casa china por internet y la armó a mano por la mitad del precio local. ¿Qué opinan los constructores?
Una familia santafesina compró una casa prefabricada en China por 50 mil dólares y la armó a mano con 15 personas. El caso encendió las alarmas en el sector de la construcción, que ahora admite que deberá reconvertirse para no quedar afuera del juego.
La historia de Leticia Leites, una vecina de Santa Fe que necesitaba mudarse en seis meses, disparó el debate. Encontró en internet una vivienda de 72 metros cuadrados por unos 700 dólares el metro cuadrado, la mitad de lo que le pedían por una construcción tradicional. La compró, la trajo en barco y la montó manualmente con ayuda de vecinos y amigos.
¿Qué dicen los constructores?
Franco Gagliardo, titular de Obring e integrante de la Cámara Argentina de la Construcción, analizó el fenómeno en Radio 2 y aseguró que no es el fin de la albañilería, pero sí un llamado de atención. “Hay un fuerte arraigo cultural con la mampostería, y esto va a seguir. Son dos cosas que van a estar en paralelo”, explicó.
Para el empresario, estas viviendas industrializadas son útiles en campamentos mineros, obras alejadas o cuando se necesita resolver rápido una demanda habitacional. Pero descartó que desaparezcan los puestos de trabajo. “Tampoco tenemos que alarmarnos”, afirmó.
Reconversión y competencia
Gagliardo comparó la llegada de las casas chinas con el impacto de Uber en los taxis o la inteligencia artificial en otros rubros. “Hay que buscar la forma de reconvertirse”, dijo. Y advirtió que la calidad de los productos importados ya está presionando los precios locales: “Las fábricas argentinas de viviendas en seco van a tener que bajar los precios para competir”.
Más allá de las casas completas, los desarrolladores ya vienen importando insumos como puertas, sanitarios y grifería para abaratar costos. “Hay una diferencia importante y muy buena calidad”, agregó Gagliardo.
El caso de Leticia no es aislado. Para el sector, es la punta del iceberg de una transformación que combina nuevas tecnologías, apertura de importaciones y presión sobre los precios. El desafío, según los constructores, es adaptarse sin abandonar las prácticas tradicionales.