Compraron un rancho destruido en Colorado y lo que hicieron con los alambrados cambió todo

Corrales tapados de estiércol hasta las rodillas, alambrados destrozados y sauces arrasados: así estaba el campo que compraron en 2012. Lo que hicieron con las cercas y el agua cambió el destino de 1214 hectáreas.

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Compraron un rancho destruido en Colorado y lo que hicieron con los alambrados cambió todo
Compraron un rancho destruido en Colorado y lo que hicieron con los alambrados cambió todo

Cuando Dave y Jeannie Gottenborg pusieron los ojos sobre aquel terreno en el condado de Park, Colorado, no vieron una oportunidad inmobiliaria: vieron un paisaje herido que podía repararse. En 2012 se hicieron cargo de Eagle Rock Ranch, unas 1214 hectáreas (3000 acres) cerca de Jefferson, y arrancaron una transformación que catorce años después les valió un reconocimiento estatal.

La propiedad arrastraba una historia larga: funcionaba como establecimiento ganadero desde 1868 y así había seguido durante más de un siglo. Pero el paso del tiempo y el manejo del último dueño dejaron marcas profundas en el suelo, el agua y la vida silvestre de la zona.

“Un paisaje herido”: así encontraron el campo

El diagnóstico que difundió el Colorado Cattlemen’s Agricultural Land Trust (CCALT) es elocuente. Los corrales estaban tapados de barro y estiércol hasta la altura de las rodillas. Varios tramos de alambrado habían quedado destrozados por los alces que cruzaban el campo en sus migraciones.

Los sauces que crecían a la vera de los arroyos habían sido talados para ganar superficie de producción de heno. Y los campos se segaban casi al ras del suelo, una práctica que castigaba la calidad de la tierra, la infiltración del agua y las condiciones que necesita la fauna silvestre.

El propietario anterior, además, usaba cañones de propano para intentar espantar a los animales y había acumulado roces con las autoridades estatales y federales que administran las áreas forestales y de vida silvestre linderas al rancho. El terreno, ubicado a más de 2700 metros sobre el nivel del mar, tampoco ayuda: el frío y las condiciones del suelo vuelven exigente cualquier actividad ganadera.

Ninguno de los dos venía de una familia de productores agropecuarios. Lo que compartían era el deseo de desarrollar una actividad productiva ligada al campo. Con la compra en mano, empezaron por recuperar las instalaciones y, sobre todo, por cambiar la manera de manejar la tierra.

Los animales que aparecieron con la recuperación

El giro en las prácticas benefició a una lista larga de especies: alces, ciervos, truchas, castores, murciélagos, búhos y distintas aves. Para lograrlo, la familia restauró los arroyos, recuperó la vegetación nativa y adaptó las instalaciones ganaderas a las necesidades de la fauna del lugar.

El trabajo sobre los cursos de agua fue central. Realizaron más de 250 intervenciones para frenar la erosión y mejorar el hábitat de los peces. Plantaron cientos de sauces junto a los arroyos, que sostienen las orillas y dan sombra a las truchas, y sumaron estructuras para que los peces lleguen a sus zonas de reproducción sin terminar en los canales de riego.

Después vinieron las intervenciones específicas por especie:

Alces y ciervos: cambiaron los alambrados deteriorados por cercas pensadas para sus desplazamientos migratorios, con el fin de facilitar el paso y reducir los daños que provocaban al atravesar el campo.

Azulejos de montaña: instalaron cerca de 40 cajas nido para darles espacios seguros de reproducción y favorecer su presencia en el establecimiento.

Murciélagos: construyeron refugios para que se queden en el rancho. Estos animales aportan al control natural de mosquitos y otros insectos.

Búhos: colocaron cajas de anidación que ofrecen refugio y atraen a estas aves, que se alimentan de roedores.

Otras aves silvestres: incorporaron pequeñas rampas en los bebederos del ganado para que los ejemplares que caen al agua por accidente puedan salir y no se ahoguen.

Castores: la restauración de los arroyos y de la vegetación ribereña mejoró las condiciones de su hábitat, y la familia registró su presencia en la propiedad.

Escarabajos estercoleros: adoptaron medidas para proteger a estos insectos, que descomponen el estiércol y reciclan nutrientes, procesos clave para mantener la fertilidad del suelo.

Ganadería que sigue en pie

La conservación no significó abandonar la producción. La cría de ganado continúa como una de las principales actividades económicas de Eagle Rock Ranch, que combina esa tarea con la producción de heno.

La familia maneja los períodos de pastoreo y la alimentación de los animales según las condiciones climáticas de la región. La temporada de nacimiento de terneros suele arrancar entre fines de abril y principios de mayo, y en los meses cálidos los animales crecen en las pasturas del establecimiento.

Los Gottenborg también participan del engorde final, el procesamiento y la comercialización de la carne, que venden directamente a los consumidores. En esa pata comercial apareció una incorporación clave: su hija, Erin Michalski, que antes trabajaba en la banca de inversión en Wall Street, se sumó al negocio familiar para ocuparse de esas tareas.

Los productos se ofrecen por pedido online y en una tienda en Fairplay, Colorado, donde la familia mantiene contacto directo con sus clientes.

El premio que llegó en 2026

El 20 de abril de 2026, la Sand County Foundation anunció que Eagle Rock Ranch había sido elegido ganador del Premio Leopold de Conservación de Colorado. La familia recibió la distinción, junto con US$10.000, durante la convención anual de la Colorado Cattlemen’s Association, que se realizó en junio de ese año.

El reconocimiento distingue a productores agropecuarios y propietarios forestales que aplican prácticas para proteger los suelos, mejorar la calidad del agua y conservar los hábitats naturales. El galardón lleva el nombre de Aldo Leopold, autor de A Sand County Almanac, publicado en 1949, obra en la que propuso una relación ética entre las personas y la tierra.

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