Compraron dólares 1,7 millones de personas en un mes, aun sabiendo que pierden
La demanda de dólares tocó su nivel más alto en nueve meses. Mientras tanto, la cuenta corriente cambiaria apenas quedó en superávit: el 93% del saldo comercial se fue en pagos que pocos miran.
En julio, 1,7 millones de personas compraron dólares, un 52,2% más que el mes anterior y el monto más alto en nueve meses. A pesar de que la política monetaria y cambiaria de Javier Milei garantiza una renta atractiva en pesos, la demanda de dólares no se detiene.
El comportamiento parece irracional desde una perspectiva de inversión: los plazos fijos en pesos o los bonos en pesos ofrecen ganancias medidas en dólares, mientras que comprar dólares e inmovilizarlos no rinde. Sin embargo, la compra de divisas sigue creciendo.
Las razones de la corrida silenciosa
Las explicaciones son varias. Una es estructural: las crisis cambiarias repetidas generaron una dolarización preventiva. Otra es política: el gobierno de Milei es percibido como débil, con una economía estancada y una morosidad creciente de familias y pymes.
El atraso cambiario, utilizado como estrategia antiinflacionaria, se agotó. El tipo de cambio actual se ve como "barato", y la compra de dólares se impulsa por la expectativa de una devaluación. El razonamiento es: "Pierdo hoy, pero estoy convencido de que ganaré mucho más mañana".
Esta dinámica se adelanta a una corrida cambiaria que aún no tiene la forma clásica de estampida contra las reservas, pero se manifiesta en la compra creciente de dólares, transferencias al exterior y un endurecimiento de las condiciones monetarias para sostener la cotización.
El balance cambiario de julio
El balance cambiario del Banco Central muestra la inconsistencia del programa. La balanza de bienes tuvo un superávit extraordinario de 4.077 millones de dólares, con aportes del complejo oleaginoso y cerealero (3.482 millones) y del sector petrolero (740 millones).
Pero la cuenta corriente cambiaria terminó con apenas 413 millones de superávit. El 93% del superávit comercial se fue en pago de intereses (2.309 millones), turismo (déficit de 1.018 millones) y remisión de utilidades (463 millones).
Desde enero de 2024 hasta julio de 2026, la balanza de bienes acumuló un saldo favorable de 58.012 millones de dólares, según el Centro de Economía Política Argentina (CEPA). Pero la cuenta corriente apenas sumó 2.323 millones: el 96% de las divisas se consume en intereses, turismo y otros egresos.
Más deuda para comprar dólares
El dato más revelador: desde diciembre de 2023 hasta julio de 2026, la deuda neta aumentó 44.711 millones de dólares, y todos esos recursos alimentaron la Formación de Activos Externos (FAE). Esa dinámica recuerda a los programas de apertura de la dictadura, la convertibilidad y el gobierno de Macri.
Desde abril de 2025, cuando se habilitó la compra de dólares para personas, la FAE sumó 48.971 millones. Si se suman los aportes de los tres complejos exportadores, el saldo alcanza los 57.950 millones. El ingreso de dólares es tan intenso como su salida.
El precio atrasado del dólar
La presión compradora continuó en agosto. El riesgo país subió 19%, el Merval cayó 12% en dólares, y los bonos y acciones bancarias fueron castigados. El dólar se mantuvo en torno a los 1.500 pesos, pero no por fortaleza del programa, sino por una intervención intensa sobre la liquidez y las tasas.
El economista Federico Pastrana, de la consultora C-P, advierte que la contención del dólar en la banda de flotación se convirtió en el objetivo central de la política monetaria. Si el Gobierno flexibiliza la política para reactivar, aumenta la demanda de dólares; si sube las tasas, profundiza el estancamiento.
La inflación reprimida
El atraso cambiario es el principal instrumento de Milei para mostrar una inflación más baja. La inflación oficial se calcula con ponderaciones desactualizadas, que subestiman el peso de servicios y tarifas. Aun así, la inflación no converge a los niveles prometidos.
La fragilidad política agrega presión. El mercado ya no solo evalúa las metas fiscales o el respaldo del FMI, sino también la capacidad del oficialismo para sostener el ajuste. Las dudas sobre la reelección de Milei empiezan a influir en las cotizaciones.
Cuanto más se prolonga el atraso cambiario, mayor es la demanda de dólares "baratos". Y cuanto más suben las tasas para contenerla, más se deterioran la producción, el crédito y la recaudación. La corrida cambiaria ya comenzó a tomar velocidad, sin esperar al año electoral.