Cinco piletones en Concordia: cuántos hacen falta para vivir de criar peces

Cinco piletones, 250 peces por estanque y una cuenta que no cierra con cualquier superficie: qué número de piletas necesita un productor entrerriano para vivir de la cría de pacú.

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Cinco piletones en Concordia: cuántos hacen falta para vivir de criar peces
Cinco piletones en Concordia: cuántos hacen falta para vivir de criar peces

En la Estación Experimental Agropecuaria del INTA Concordia hay cinco estanques de unos 320 metros cuadrados y dos metros de profundidad donde un equipo de investigadores prueba si la cría de peces puede convertirse en un negocio para el campo entrerriano. La apuesta fuerte es el pacú, y los primeros números ya circulan entre los productores de la zona.

La actividad, según admite el propio equipo, todavía está en pañales. "La piscicultura está carreteando", graficó Juan Pablo Hegglin, investigador del organismo, en diálogo con el medio especializado Bichos de Campo. La frase resume el diagnóstico: mucho potencial, pero poco despegue concreto.

Entre Ríos tiene con qué. Agua disponible, temperaturas que acompañan y una tradición de producciones intensivas que serviría como base. Con esas cartas sobre la mesa, el INTA trabaja junto a alrededor de 30 productores de la región que participan de capacitaciones, intercambian experiencias y se interiorizan de las técnicas que se ensayan en la experimental.

Qué se prueba en los estanques

Los ensayos se concentran en el pacú, aunque los investigadores también hicieron pruebas con boga y sábalo. Durante los primeros años el esfuerzo estuvo puesto en afinar las técnicas de producción, medir el crecimiento de los ejemplares y calcular cuántos peces puede soportar cada pileta.

El sistema no es improvisado. El agua sale de un pozo de entre 35 y 36 metros de profundidad y el terreno necesita ser impermeable para no perder el recurso. Por eso, debajo del suelo arenoso de la experimental se colocó una capa de arcilla que evita filtraciones.

La producción es semiintensiva y suma turbinas que inyectan oxígeno al agua. Ese detalle cambia el volumen del negocio: sin aireación, cada pileta admitiría entre 60 y 70 pacúes; con el sistema de oxigenación, la meta es llegar a unos 250 ejemplares y 320 kilos de pescado por estanque.

La cuenta que mira el productor

La pregunta de fondo es si la actividad deja plata. Según las estimaciones que maneja el INTA, una explotación de entre 15 y 16 estanques similares a los de la experimental alcanzaría para sostener económicamente a una familia. Todo depende, claro, de los costos y de cómo se mueva el mercado.

"Nosotros tenemos cinco piletas. Las cuentas para mantener una familia dan alrededor de 15 o 16 piletas de estas", precisó Hegglin. La piscicultura, además, puede sumarse como complemento de otras producciones agropecuarias y así diversificar los ingresos sin depender de una sola actividad.

El clima manda

La temperatura del agua es el factor que ordena el calendario. En Concordia el crecimiento se acelera entre septiembre y octubre, cuando el agua pasa los 19 o 20 grados, y se frena hacia mayo. En los meses fríos los peces bajan la actividad y dejan de comer.

Por eso, si la crianza arranca con alevines, el ciclo hasta llegar a un pacú de 1,3 kilos puede estirarse entre 15 y 16 meses. La otra opción es comprar juveniles de 250 a 300 gramos y completar el engorde en una temporada, de octubre a mayo.

La alimentación es uno de los costos más pesados. Los peces reciben balanceados específicos para cada etapa, con formulaciones que en la terminación pueden llegar al 27% de proteína.

Por qué el pacú corre con ventaja

De las tres especies probadas, el pacú es la que mejor se posiciona comercialmente. Ya tiene presencia en restaurantes y consigue mejores precios que otros pescados de la región, según explicó el investigador.

La boga mostró buenos resultados de crecimiento y rendimiento. El sábalo, en cambio, crece más lento, aunque tiene una particularidad que lo vuelve interesante: se alimenta en el fondo del estanque y podría aprovechar los nutrientes que otros peces dejan pasar. El equipo también evalúa combinar especies dentro de un mismo sistema para sacarle más jugo a los recursos.

Menos presión sobre el río y un mercado por crecer

El desarrollo de la piscicultura podría además aliviar la presión de pesca sobre las poblaciones naturales del río Uruguay, sobre todo en especies de valor comercial como el sábalo.

Del otro lado hay un mercado interno con lugar para crecer: el consumo argentino de pescado ronda entre seis y siete kilos por habitante al año, muy por debajo de otras carnes. Para Hegglin, la provincia tiene los recursos hídricos, el clima y el conocimiento productivo para aprovechar esa ventana, y la experiencia de la industria avícola entrerriana podría marcar el camino para armar sistemas de integración entre productores.

"Hay un buen sustrato, creemos, para el desarrollo de la acuicultura", resumió el investigador. El desafío inmediato pasa por ampliar la transferencia de conocimientos, capacitar a nuevos productores y demostrar que la cría de peces puede ser una opción productiva sostenible para Entre Ríos.

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