Cierran la persiana, pero siguen facturando: los 32.000 empleadores que se borraron del mapa

El circuito que no aparece en los informes oficiales creció tanto que ya explica por qué el desempleo no se disparó pese a la caída de la actividad. Pero hay un detalle en los números del Indec que muestra hacia dónde se está moviendo el empleo.

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Cierran la persiana, pero siguen facturando: los 32.000 empleadores que se borraron del mapa
Cierran la persiana, pero siguen facturando: los 32.000 empleadores que se borraron del mapa

Una librería baja la persiana, pero su dueña sigue vendiendo libros por redes sociales. No es un caso aislado: es la cara visible de un ejército de empresas chicas que, cuando el negocio deja de cerrar dentro de la formalidad, se pasan al margen y desaparecen de los registros oficiales.

Técnicamente se trata de evasión. Pero muchos de los que operan así lo describen como "modo supervivencia". Según un informe de la Unión Industrial Argentina (UIA), la presión fiscal sobre el sector formal equivale al 56% del PBI, una de las más altas entre 30 países que concentran el 81% del PBI mundial.

Para los especialistas, este fenómeno explica una aparente contradicción: suben los servicios y el transporte, cae la cantidad de empresas registradas, el empleo formal se debilita y la actividad muestra signos de flojera, pero el desempleo se mantiene relativamente estable.

El colchón que amortigua la caída

Víctor Beker, exdirector de Estadísticas Económicas del Indec y profesor de la Universidad de Belgrano, sostiene que la economía informal funciona como un "colchón" que amortigua los efectos sociales de la contracción. "Lo que aparece en las estadísticas, vinculadas principalmente a la economía formal, es apenas la punta del iceberg", afirma.

Durante el último Coloquio de IDEA, el presidente Javier Milei atribuyó la persistencia de la informalidad, en parte, a las transformaciones que atraviesa la economía, impulsadas por lo que llamó "shocks": desregulación, apertura, innovación tecnológica y reconfiguración de sectores productivos.

IVA: la evasión que no baja del 60%

La presión impositiva aparece una y otra vez en las explicaciones. Según el informe "Diagnóstico de informalidad de la economía argentina" del Centro de Estudios Tributarios de la Universidad Austral, la evasión del IVA ronda el 60% en el país.

El trabajo concluye que el esquema fiscal vigente está agotado y que cada nueva carga sobre quienes ya cumplen genera incentivos adicionales para migrar al negro.

El tributarista César Litvin, fundador y CEO del estudio Lisicki, Litvin & Avelovich, comenta que "hay una idea generalizada de que parte de los impuestos van a la corrupción", y por eso quienes se pasan al margen justifican que no es inmoral.

Litvin detecta otro fenómeno: el "enanismo fiscal". Muchos monotributistas limitan el crecimiento visible de sus ingresos para no saltar al régimen general, donde la carga tributaria se dispara.

Considera que la reducción de impuestos impulsada por el Gobierno (alrededor del 3% del PBI) no alcanza para cambiar el comportamiento de los contribuyentes, porque provincias y municipios siguen subiendo su propia carga. "La Rioja recientemente subió Ingresos Brutos, el peor de todos los impuestos, un 25%", dice.

Recuerda que Ingresos Brutos representaba alrededor del 1,9% del PBI en 2001 y hoy supera el 4%. Para Litvin, lo conveniente es una reforma tributaria integral que baje los impuestos en los tres niveles: con una presión razonable, no habría excusa para no pagar.

En ese contexto, el Gobierno puso en marcha la Inocencia Fiscal, que según Litvin da "más intimidad a los contribuyentes". "Dejaron de tener vigencia regímenes informativos de escribanos, de bancos, expensas etc", agrega. Los bancos, por ejemplo, pasaron de informar transferencias de $1 millón a $50 millones.

ARCA, según informa la entidad, derogó regímenes de información y amplió el umbral de otros, y enfoca "los recursos del Estado en grandes contribuyentes y estructuras de evasión sofisticadas, en lugar de controlar el consumo cotidiano de los argentinos".

32.000 empleadores menos

Los últimos datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo muestran que, desde el inicio de la gestión de Milei, desaparecieron alrededor de 32.000 empleadores registrados. El economista Jorge Colina, al frente de la consultora Idesa, recalca que la prueba de que muchas de esas firmas no dejaron de operar es que "la desocupación no sería del 7,9%, sino muchísimo más alta".

El informe de Mercado de Trabajo del segundo trimestre de 2026 del Indec (uno de los pocos que mide la informalidad) muestra un desplazamiento: el empleo formal cayó de 25,2% a 24,7% de la población económicamente activa, mientras que el informal pasó de 19,2% a 20,2%.

La tasa de informalidad laboral ya alcanza al 45% de los ocupados. En los 31 principales aglomerados urbanos son 6,1 millones de trabajadores, unos 348.000 más que un año atrás. Además, creció el trabajo por cuenta propia dentro del universo informal: su participación subió tres puntos, de 34,3% a 37,3%.

Desde el Ministerio de Capital Humano destacan el Régimen de Formalización Laboral (RIFL), que busca fomentar el empleo registrado con menores costos laborales no salariales. Hasta mayo de 2026, más de 20.800 empresas se habían incorporado y el 85% son pymes. Los resultados todavía no mueven la aguja: el empleo privado en blanco acumuló 14 meses de caída.

Para Beker, el país atraviesa una situación dual. "Tenemos una Argentina partida en dos. Hay sectores que crecen a tasas chinas, pero generan relativamente poco empleo. Y hay otros que emplean a millones de personas que están estancadas o en caída", resume.

¿Cómo salir? El especialista recomienda reactivar la construcción, un sector que genera miles de puestos en blanco y es el gran pulmotor de la actividad formal.

Del negro al blanco: la otra migración

Otro indicador surge del sistema financiero. Según el Banco Central, en los primeros nueve meses de 2026 los depósitos en pesos crecieron 24,8%, apenas por encima de la inflación acumulada del período (23,6%). La mejora real fue cercana al 1%, muy inferior a la de 2024 y 2025.

La gran novedad del año fue la expansión de las cuentas en moneda extranjera: entre septiembre de 2025 y septiembre de 2026, los depósitos privados en dólares pasaron de US$ 33.945 millones a US$ 41.940 millones.

Aquí el camino fue inverso: la informalidad migró hacia la formalidad. Como analiza Colina, "mucha gente que tenía dólares en el colchón aprovechó el blanqueo para inyectar ese dinero en el circuito formal y depositarlo en el banco".

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