Chubut y Santa Cruz pierden 1.100 empresas: qué sector se hunde más que en el resto del país
La caída de empleadores formales golpea a todo el país, pero en Chubut y Santa Cruz el derrumbe es proporcionalmente mayor. Hay un sector que se hunde más que en casi cualquier otra provincia y otro que concentra el tercer peor registro del país.
La sangría de empleadores privados formales no se detiene en la Patagonia. Según los datos de julio de 2026 difundidos por la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT) y analizados por la consultora Politikon Chaco, Chubut y Santa Cruz acumulan una caída de más de 1.100 firmas desde noviembre de 2023, cuando asumió el gobierno de Javier Milei.
El número incluye tanto a empresas que cerraron como a empleadores que dejaron de declarar personal para atender el negocio por su cuenta. En ambos casos, el resultado es el mismo: menos estructuras formales sosteniendo puestos de trabajo.
La tendencia ya había sido anticipada por este medio en junio, con datos de marzo, cuando se informó que Chubut había perdido 370 empresas empleadoras en el último año y Santa Cruz otras 258. Los registros posteriores mantuvieron el signo negativo: en mayo, Chubut marcó 438 empleadores menos que un año antes; en julio, la diferencia se ubicó en 398.
El promedio nacional, superado con amplitud
El país tenía en julio 475.822 empresas empleadoras activas del sector privado formal, 15.350 menos que en el mismo mes de 2025. La caída interanual fue del 3,1%. Entre junio y julio se perdieron 928 empleadores, un 0,2%, y la serie acumula 29 meses consecutivos de caídas interanuales y 28 retrocesos mensuales seguidos.
Desde noviembre de 2023, el saldo nacional es de 32.026 empleadores menos, una reducción del 6,3%. En Chubut y Santa Cruz la pérdida es proporcionalmente mayor: 9,7% y 10,4%, respectivamente. Ambas provincias superan con claridad la media del país.
Chubut: la industria manufacturera, entre las peores del país
La provincia registró en julio 7.002 empresas empleadoras privadas formales. Son 398 menos que en julio de 2025, una caída interanual del 5,4%. Si se toma como punto de partida noviembre de 2023, el retroceso es de 751 empleadores: de 7.753 a 7.002, una reducción del 9,7%.
El golpe no se reparte de forma pareja entre las actividades. La industria manufacturera chubutense sufrió una caída interanual del 13,5% en la cantidad de empleadores, el tercer peor resultado del país para ese sector, solo detrás de Formosa y La Rioja.
El comercio retrocedió un 6,9%, la construcción un 5,5% y el resto de las actividades un 3,2%. Tanto el rubro industrial como el comercial pueden incluir pymes de servicios petroleros, el sector que sufrió el mayor impacto en la región, con empresas que cerraron o directamente se fueron de la provincia.
El ítem «Minas y canteras», que incluye al petróleo, tiene a nivel nacional una participación baja en la pérdida de empleadores: apenas el 1,1% del total. En ese dato podría incidir la suba que registra Neuquén por el auge de Vaca Muerta.
Santa Cruz: la construcción, tercera caída más alta del país
En tierras santacruceñas el retroceso porcentual es aún más profundo. La provincia tenía 3.468 empresas empleadoras privadas formales en julio, 256 menos que en el mismo mes de 2025. La reducción interanual fue del 6,9%, más del doble del promedio nacional.
Desde noviembre de 2023, el saldo negativo asciende a 404 empleadores: el registro pasó de 3.872 a 3.468, una caída acumulada del 10,4%. Por actividad, la construcción concentra el retroceso más pronunciado, con una reducción interanual del 14,1% en la cantidad de empleadores, la tercera más alta del país detrás de La Rioja y Tierra del Fuego.
El comercio cayó un 9,7%, la industria manufacturera un 8,5% y las restantes actividades un 4,6%.
El sociólogo Mariano Prado vinculó el retroceso de la construcción con la paralización de la obra pública y la menor ejecución de grandes proyectos de infraestructura, que suelen sostener buena parte de la actividad en todo el país. El deterioro del sector se suma a la reestructuración petrolera en una economía con pocas alternativas para compensar la pérdida de actividad.
Prado también marcó diferencias entre ambas provincias. Aunque Comodoro Rivadavia tampoco tiene una economía altamente diversificada, su entramado de comercios y servicios le da una base algo más amplia que la del norte de Santa Cruz, donde la actividad petrolera tiene un peso determinante. Por eso, indicó que la salida de YPF de los yacimientos convencionales «tuvo un impacto mayor en Santa Cruz que en Chubut».
Neuquén, la única con saldo positivo
El contraste regional lo aporta Neuquén. La provincia registró en julio 9.062 empleadores privados formales, un incremento interanual del 0,2%, equivalente a 18 unidades más. Desde noviembre de 2023 sumó 112 empleadores, un crecimiento del 1,3%. Es la única de las 24 jurisdicciones del país con saldo positivo en la comparación interanual de julio.
La dinámica de Vaca Muerta es un elemento relevante para entender las diferencias, aunque los datos agregados no permiten atribuir toda la evolución a un solo sector. El contraste muestra que, mientras Chubut y Santa Cruz pierden empleadores formales, Neuquén conserva una trayectoria positiva.
Prado puso ese crecimiento en contexto: «En la zona de Vaca Muerta, el empleo aumentó un punto nada más», señaló en referencia al empleo privado, y advirtió que se trata de una actividad «capital intensivo, no mano de obra intensiva». Por esa característica, a su juicio, el crecimiento energético no necesariamente se traduce en un derrame suficiente para el conjunto de la economía.
Menos empresas, menos puestos de trabajo
La reducción de empresas empleadoras se suma a otro dato que dimensiona el deterioro: desde la asunción de Milei, Chubut perdió alrededor de 9.400 puestos de trabajo privados registrados, mientras Santa Cruz superó los 10.000, según los registros del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) publicados por la Secretaría de Trabajo de la Nación.
Son indicadores diferentes. La cantidad de empleadores mide cuántas personas humanas o jurídicas tienen al menos un trabajador declarado bajo cobertura del sistema de riesgos del trabajo. El empleo privado registrado, en cambio, contabiliza puestos. Una empresa puede reducir su personal sin dejar de figurar como empleadora, y la baja de un empleador no permite establecer cuántos puestos se perdieron.
Hay casos que ilustran con claridad esa baja. Días atrás, Enrique, dueño de uno de los escaparates céntricos de Comodoro Rivadavia que conoció épocas de oro de la venta de diarios y revistas, contó en radio Del Mar la situación actual, marcada por una caída de ventas que lleva al sector al borde de la extinción: «Al no haber dinero, no hay ventas. Antes teníamos las 24 horas abiertas, con 3 turnos más un franquista y ahora tenemos que trabajar nosotros, estando ya jubilados, porque o trabajamos nosotros o se lo regalamos a los empleados».
El caso describe un fenómeno más amplio: el comerciante que deja de ser empleador para atender por sí solo. También existen situaciones en las que el empleador prescinde de la relación de dependencia y contrata a sus exempleados para trabajos eventuales, como monotributistas, o se vuelca a la venta online o particular, como describió tiempo atrás un directivo de la Cámara de Comercio ante ADNSUR.
Comodoro, con la desocupación al triple
La contracción no se limita a la cantidad de empresas que declaran trabajadores: también alcanza al volumen de empleo formal. En Comodoro Rivadavia-Rada Tilly, la última medición difundida mostró una tasa de desocupación superior al 9%, aproximadamente el triple de la registrada un año antes, con cerca de 10.000 personas desocupadas.
Al cruzar esos datos con la pérdida de puestos privados registrados y el aumento de la desocupación en Comodoro, aparece una tendencia más amplia: el debilitamiento del entramado empresario coincide con una reducción del empleo formal y mayores dificultades en el mercado laboral.
Los indicadores no explican por sí solos las causas de cada baja ni permiten establecer una relación directa entre cada empresa que sale del registro y cada puesto perdido, pero sí ofrecen señales convergentes de una economía regional que sigue perdiendo capacidad de sostener empleadores y empleo privado formal.