Chernóbil: los perros que viven junto al reactor llevan 40 años sorprendiendo a los científicos
Más de 100 regiones del ADN y una población que lleva 40 años reproduciéndose junto al reactor: qué encontraron los científicos en los perros de Chernóbil y por qué todavía no se animan a cerrar la respuesta.
Cuatro décadas después de la explosión que marcó la historia nuclear, un grupo de perros que deambula por los alrededores de la vieja central de Chernóbil mostró diferencias en su ADN que los investigadores asocian con la vida en un ambiente contaminado. El hallazgo, publicado en la revista científica Genes, estuvo a cargo de especialistas de la Universidad Estatal de Carolina del Norte, en Estados Unidos.
Lo llamativo del caso es que esos animales no solo sobrevivieron: se reprodujeron generación tras generación en una de las zonas más castigadas por la radiación del planeta. Ese dato fue el que empujó a los científicos a mirar su material genético con lupa.
Cómo se hizo el estudio
El equipo comparó el ADN de perros que viven en las inmediaciones de la planta nuclear con el de otros que habitan en la ciudad de Chernóbil, situada a unos 16 kilómetros, y con poblaciones caninas de Europa del Este y de las islas Galápagos.
El resultado fue contundente: aparecieron diferencias genéticas importantes entre animales que, en teoría, viven muy cerca unos de otros. Esa distancia en el mapa, pero no en el genoma, llevó a los especialistas a preguntarse si las condiciones extremas del entorno pudieron favorecer ciertos rasgos hereditarios con el correr de las generaciones.
Qué encontraron en el ADN
El principal hallazgo fue la identificación de más de 100 regiones del ADN con señales compatibles con un proceso de selección natural. Esas zonas están vinculadas a funciones clave del organismo: la reparación del material genético, el funcionamiento del sistema inmunitario y la supervivencia de las células.
Para los investigadores, esto podría indicar que algunos perros heredaron características que les permitieron resistir mejor las condiciones del ambiente. Con el paso del tiempo, los animales con más chances de sobrevivir y de reproducirse habrían transmitido esas variantes a sus descendientes.
La bióloga Megan Dillon, una de las responsables del trabajo, explicó que las diferencias observadas entre las poblaciones no parecen deberse a nuevas mutaciones. Según los resultados, ciertos rasgos hereditarios pudieron volverse más frecuentes como consecuencia de las condiciones del entorno.
La aclaración que frena las conclusiones apuradas
Los especialistas fueron cuidadosos: todavía no es posible confirmar que la radiación haya provocado directamente estos cambios. La zona también presenta contaminación por metales pesados y otras sustancias tóxicas que podrían haber influido en la evolución de los animales.
Es decir, el ambiente hostil de Chernóbil es un cóctel, y separar el peso de cada ingrediente en el ADN de los perros sigue siendo un desafío abierto.
Por qué importa este descubrimiento
El accidente de Chernóbil ocurrió el 26 de abril de 1986, cuando explotó el reactor número cuatro de la central nuclear. La tragedia provocó la evacuación de miles de personas y dejó extensas áreas contaminadas. Aun así, con el paso del tiempo, numerosas especies continuaron habitando la región, entre ellas distintas generaciones de perros.
Para los científicos, esa población representa una oportunidad para comprender cómo responden los seres vivos a condiciones ambientales adversas durante períodos prolongados.
El hallazgo también abre nuevos interrogantes sobre la evolución de las especies y la capacidad de adaptación frente a ambientes contaminados. Aunque todavía no existen respuestas definitivas, los perros de Chernóbil podrían aportar información valiosa sobre los cambios genéticos que se producen a lo largo de distintas generaciones.
Fuente: La Nación