Central armó su fiesta en el Monumento y un nombre se llevó todos los cantos
¿Quién fue el único que se llevó todos los cantos en la fiesta canalla del Monumento? El plantel llegó en un descapotable y la multitud estalló.
El festejo por la Supercopa Internacional se trasladó del estadio Madre de Ciudades al corazón de Rosario. Tres días después de la consagración, los hinchas canallas coparon el Monumento Nacional a la Bandera para reencontrarse con el plantel campeón.
La cita estaba prevista para el lunes, pero el pronóstico de mal tiempo obligó a moverla para este martes. La razón: Central jugará el próximo lunes como visitante ante Banfield y nadie quería esperar hasta el domingo 11, cuando reciba a Independiente Rivadavia, para volver a ver a los jugadores con la copa en alto.
La convocatoria superó cualquier cálculo. Miles de simpatizantes se congregaron frente al monumento para celebrar el título número 14 en la historia del club, el noveno en el profesionalismo. Muchos, incluso, marcharon en caravana desde el Gigante de Arroyito hasta el centro.
La llegada del plantel
Desde las 19, la hora fijada, los primeros hinchas ya estaban apostados en ese punto neurálgico de la ciudad. Minutos después, la marea humana fue creciendo sin pausa.
Pero no se trataba solo de una reunión de fanáticos. El libreto incluía la presencia del plantel que venía de dar la vuelta olímpica. Poco antes de las 20, un micro descapotable irrumpió en medio de la multitud y elevó aún más el volumen de la fiesta. Arriba iban los jugadores y el cuerpo técnico, con el trofeo bien visible.
El dueño de la noche
Todo el grupo fue ovacionado por una hinchada que no paró de cantar, con percusión incluida. Sin embargo, hubo un nombre que se llevó la mayor parte del reconocimiento: Ángel Di María.
El capitán fue la gran figura de la final, con el tiro libre que logró la igualdad transitoria y el penal que puso a Central arriba en el marcador. Como en Santiago del Estero y en tantas otras noches, el "Fideo, Fideo" retumbó con una potencia que ya es costumbre.
Mientras la ovación bajaba, Di María levantaba el trofeo a modo de ofrenda, rodeado de compañeros que observaban desde lo alto del descapotable esa marea de banderas flameando al pie del Monumento.
Muchos de esos hinchas ya habían festejado el sábado por la tarde en las inmediaciones del Gigante. Esta vez fue distinto: con el plantel como parte de la celebración, el pueblo canalla le puso color y fervor a un título que se definió en un solo partido, pero que vale como cualquier otro.