Cavó un pozo para buscar agua y las cabezas que aparecieron abajo cambiaron la historia de China
Un grupo de campesinos cavó un metro en busca de agua y la pala chocó contra algo que llevaba más de 2000 años enterrado. Lo que desenterraron cambió para siempre la historia de China, y hay un detalle que todavía mantiene el misterio intacto.
En abril de 1974, en plena sequía, un grupo de campesinos de la provincia de Shaanxi, en el centro de China, hacía lo que venía haciendo desde hacía semanas: buscar agua. Cavaron un metro en la parcela y, en lugar del líquido que necesitaban, la pala chocó contra una tierra roja y dura. Debajo había algo que nadie esperaba: cabezas de cerámica de tamaño real y varias puntas de flecha de bronce.
Sin saberlo, esos agricultores acababan de dar con uno de los mayores hallazgos arqueológicos del siglo XX: el ejército de terracota, un conjunto de unos 8000 soldados diseñado a escala industrial 2200 años antes para custodiar al emperador en el más allá.
La corazonada de Zhao
Entre los campesinos que trabajaron en el yacimiento estaba Zhao, un agricultor local que terminó convertido en curador de museo. Según rememoró la BBC en un artículo de 2023, Zhao tuvo una corazonada sobre qué podía ser aquello que acababan de desenterrar.
Las cabezas de cerámica de tamaño natural y las puntas de flecha de bronce no eran objetos aislados. En esa área se había conservado un ejército fantasma completo, con caballos y carros, escondido bajo tierra y jamás visto por los seres humanos hasta la década del 70.
De la excavación al museo
Después de tres días de trabajo, los equipos rescataron íntegramente los dos primeros guerreros, cada uno de 1,78 metros de altura. Ese hallazgo fue la justificación que necesitaba el gobierno chino para financiar la excavación completa del sitio.
Un año más tarde se construyó un museo en las inmediaciones y las excavaciones continuaron hasta llegar a la tumba del emperador. La magnitud del yacimiento y su peso histórico le dieron al lugar una relevancia internacional inmediata: en 1987 fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y en 1998 recibió la visita del entonces presidente estadounidense Bill Clinton.
Hoy, el sitio es uno de los centros históricos que mejor resume el poderío del imperio chino de hace más de 2000 años. Y a pesar de la riqueza ya descubierta, los arqueólogos mantienen en estado virgen la tumba de Qin Shi Huang.
Por qué no abren el sarcófago
Los expertos chinos advirtieron que el patrimonio completo corre peligro si se abre el sarcófago, por la presencia de mercurio en las salas selladas. Como se trata de una sustancia altamente volátil, temen que una fuga desencadene una explosión masiva.
Por ese motivo, el lugar donde descansa el primer emperador de China sigue siendo un misterio y un objeto preciado que las autoridades quieren mantener así por la eternidad.