Caos en la frontera: filas interminables hacia Bolivia golpean a los comercios salteños en la previa del Día del Niño
Las rutas hacia Bolivia se llenaron de autos en la previa del Día del Niño, mientras los comercios salteños sufren una caída en las ventas. ¿Hasta cuándo se sostiene la competencia desleal?
Mientras los comercios formales de Salta esperaban con ansias una de las fechas más importantes del año, las rutas hacia Bolivia se convirtieron en un reflejo de una realidad que golpea fuerte: las ventas legales caen y el contrabando crece sin control.
Este viernes, la Ruta Nacional 50 mostró un panorama desolador: kilómetros de autos, demoras y un constante ir y venir entre Orán y Aguas Blancas. Cientos de personas cruzaban hacia el vecino país para comprar juguetes, ropa y otros productos que luego, en muchos casos, terminan vendiéndose de manera ilegal en Salta.
El problema no es nuevo, pero se agrava en fechas clave. Los comerciantes formales, que pagan impuestos, alquileres y sueldos, denuncian que compiten en desigualdad de condiciones con quienes ingresan mercadería sin pagar nada. Y los números nacionales no ayudan: las ventas minoristas pyme cayeron 3,8% interanual en julio y acumulan una baja del 2,7% en los primeros siete meses del año, según CAME.
¿Qué hay detrás de las largas filas?
La escena es difícil de ignorar. En la previa del Día del Niño, la Ruta 50 se convirtió en un embudo hacia Aguas Blancas. Pero no todos los que cruzan cometen una irregularidad: existen regímenes y franquicias para viajeros. La pregunta es cuántos respetan esos límites y cuánta mercadería ingresa por pasos ilegales o superando lo permitido.
En mayo, desde Aguas Blancas denunciaron que por circuitos ilegales podría estar ingresando mercadería valuada en hasta $3.000 millones diarios. Además, durante 2026 se realizaron operativos en comercios del centro salteño, donde se secuestraron alrededor de $200 millones en indumentaria.
El comercio formal: una estructura que no se sostiene
Detrás de cada local que abre sus puertas hay costos fijos: alquiler, empleados, impuestos, servicios, habilitaciones. El comerciante formal debe afrontar todo eso, mientras que el vendedor informal no tiene ninguna de esas cargas. Por eso, fechas como el Día del Niño se vuelven vitales para equilibrar las cuentas.
Pero esta vez, la expectativa se desvanece. Desde una tradicional juguetería del centro de Salta señalaron que las ventas venían “muy tranquilas”, incluso con precios similares a los de Reyes. La competencia desleal se siente en cada rincón: juguetes en la vereda, en garajes, por Facebook, sin factura ni garantía.
¿Competencia o contrabando?
El consumidor, con el bolsillo ajustado, muchas veces elige el precio más bajo. Pero esa diferencia de precios esconde un problema mayor: el comercio ilegal no paga impuestos, no genera empleo registrado y deja al Estado sin recaudación. Los comerciantes salteños reclaman a Nación, provincia y municipios que intervengan, pero hasta ahora las medidas no alcanzan.
La caída del consumo tiene múltiples causas, pero en provincias fronterizas como Salta, la competencia desleal por el ingreso irregular de mercadería se convierte en el principal dolor de cabeza. Mientras tanto, la frontera sigue colapsada y el comercio formal espera, una vez más, que algo cambie.