Cansados de pagar regalías: crean nueve variedades de uva sin semilla en San Juan
Nueve variedades de uva sin semilla, libres de regalías y desarrolladas en San Juan: el INTA ya las registró y hay 100 hectáreas implantadas en el país. Pero el dato que más sorprende es el tiempo que lleva crear cada una.
El INTA San Juan logró registrar nueve variedades de uva sin semilla desarrolladas íntegramente en la provincia, un avance que libera a los productores locales del pago de regalías a empresas extranjeras y abre la puerta a una vitivinicultura más competitiva y sustentable.
El equipo de investigación, liderado por la doctora en Agronomía Beatriz Pugliese y la licenciada en Biología Daniela Pacheco, presentó los avances en el programa "Al pan pan y al vino vino" de Tiempo Streaming. El contexto es desafiante: caída del consumo interno y stocks acumulados en el sector, lo que impulsa la búsqueda de alternativas para diversificar la matriz productiva.
Uvas sin semilla, sin regalías
Históricamente, Argentina dependía de variedades extranjeras para uva de mesa y pasas, lo que implicaba el pago de royalties por derechos de propiedad intelectual y porcentajes anuales sobre la producción. Para revertir esa situación, el INTA lleva adelante un programa de mejoramiento genético que ya permitió registrar oficialmente nueve variedades locales libres de virus y exentas de regalías: tres blancas, tres rosadas y tres negras, todas sin semillas.
Según datos del organismo, ya hay unas 100 hectáreas implantadas en Mendoza, San Juan, la Patagonia, Santiago del Estero, La Rioja y Catamarca. El desarrollo de cada variedad demanda entre 15 y 20 años de trabajo, mediante hibridación por castración de flores femeninas, polinización dirigida y rescate de embriones en laboratorio, ya que las uvas sin semilla poseen embriones que no completan su maduración de forma natural.
Nuevas variedades en camino
El INTA se encuentra en trámite de inscripción de cuatro nuevas variedades exclusivas para pasas, entre ellas una de cosecha extremadamente temprana, prevista para fines de diciembre o principios de enero. Además, la variedad Serena INTA, que se destaca tanto para consumo en fresco como para pasas, ya fue vendida a Australia y está en proceso de registro en California.
Viticultura regenerativa
El proyecto de viticultura regenerativa y agroecológica, desarrollado junto a la Universidad Nacional de San Juan, comenzó en 2019 a partir de una inquietud del grupo Peñaflor: sus análisis de suelo detectaron acumulación de residuos de pesticidas y glifosato, en un escenario donde los márgenes económicos ya no admitían más aumentos en costos de agroquímicos. "El mundo está pidiendo una materia prima que sea sana", señalaron las investigadoras.
Un equipo interdisciplinario relevó los valles de Pedernal, Calingasta, Iglesia, La Ciénaga y Tulum, y encontró que los montes nativos son refugio de insectos benéficos que actúan como depredadores naturales de plagas de la vid, lo que permite prescindir de insecticidas químicos. Mantener coberturas de vegetación espontánea o compost incrementa la biodiversidad del suelo, la materia orgánica y la respiración del suelo, optimizando el ciclo de nutrientes y la absorción de agua.
Sustentabilidad integral
El equipo del INTA desarrolló indicadores multidimensionales que evalúan el impacto ecológico, económico y sociocultural de las prácticas agrícolas, incluida su influencia en la calidad de vida y los costos de producción. Las investigadoras remarcaron que la sustentabilidad es un concepto más amplio que el de cultivo orgánico, ya que este último se limita a certificar insumos no sintéticos mediante auditorías privadas aranceladas, mientras que la sustentabilidad abarca el paisaje, la rentabilidad económica y el tejido social del viñedo. Esto permite que bodegas locales certifiquen bajo el Protocolo de Sustentabilidad de Bodegas de Argentina e incorporen códigos QR en sus etiquetas para validar ese compromiso.
Sistemas de conducción
Otra línea de trabajo, dirigida por Daniela Pacheco desde el área de ecofisiología, apunta a reducir los costos de producción mediante sistemas de conducción de la vid completamente mecanizables. Entre ellos, el INTA prueba el cordón bilateral con poda a pitones, el box pruning o poda en caja, y la poda mínima, en la que la planta no se poda. Según las investigadoras, estos sistemas reducen significativamente la mano de obra y los costos operativos sin afectar los rendimientos ni la calidad organoléptica de los vinos.
Los primeros ensayos se realizaron con la variedad Cereza, tradicionalmente destinada a mosto, y arrojaron buenos resultados de color y polifenoles al vinificarla, por lo que el equipo extendió la metodología a la variedad Malbec. Recientemente, el INTA realizó microvinificaciones de laboratorio y una primera cata organoléptica con especialistas del Consejo de Enólogos, comparando vinos obtenidos con distintos sistemas de conducción y con ensayos de viticultura regenerativa.
El organismo continúa con el proceso de inscripción de las cuatro nuevas variedades para pasas y el seguimiento de los ensayos comparativos en Malbec.