Caminó mil veces por la Laguna del Diamante, pero nunca vio lo que había a sus pies
El hallazgo que tiene en vilo a los arqueólogos mendocinos podría cambiar para siempre el mapa turístico de la Laguna del Diamante. La apertura de los sitios ya está en discusión, pero la fecha y las condiciones para visitarlos no son las que muchos imaginan.
Un investigador del CONICET descubrió una compleja estructura de piedra de origen incaico en la Laguna del Diamante, Mendoza, a partir de una imagen satelital. El hallazgo, bautizado RD-25, fue el puntapié de una investigación que ya registró más de 60 sitios arqueológicos en la reserva.
El trabajo comenzó en 2022, cuando Víctor Durán y su colega Alejandra Gasco siguieron las coordenadas de una foto tomada desde el espacio y llegaron a una zona recóndita de la caldera. Lo que encontraron no era un refugio aislado: era una estructura de piedra que parecía tener relación con la arquitectura incaica.
Hasta ese momento, los restos hallados en los alrededores de la laguna eran más acotados. Según recordó Durán, se trataba de "pequeños conjuntos de estructuras circulares como refugios, en los cuales aparecía cerámica inca".
El interrogante que abrió el hallazgo
Mendoza fue una de las últimas zonas en formar parte del imperio incaico. La interpretación dominante sostenía que los incas habían dominado a las poblaciones del norte mendocino, con el Camino del Inca y los tambos de Uspallata como principales evidencias. Sin embargo, el nuevo descubrimiento planteó una pregunta incómoda.
"¿Qué es lo que estaban haciendo ahí?", se preguntó Durán, cuando hasta ese momento se entendía que los incas habían tenido un control directo y efectivo de la parte Cuyana, es decir, dominando a la gente que estaba dentro de ese espacio y llegando sobre todo hasta el río Mendoza.
Los restos más grandes y complejos abrieron una nueva línea de investigación. Las evidencias apuntan a una presencia incaica que habría llegado hasta el río Diamante, lo que permitió avanzar sobre una hipótesis que hasta entonces no contaba con el mismo respaldo arqueológico. Los descubrimientos también permiten analizar los límites de la expansión incaica en Chile, donde el río Cachapoal habría marcado una frontera con otros pueblos indígenas asentados en la zona del Maule, hacia el sur.
Más de 60 sitios y un símbolo religioso
Un año después de los primeros hallazgos, Durán y Gasco avanzaron con una nueva etapa de los trabajos. El proceso contó con la colaboración de Gendarmería Nacional, que aportó apoyo logístico y facilitó los traslados; de guardaparques de la reserva, que participaron en los relevamientos; y de la Dirección de Áreas Naturales del Gobierno provincial.
"Gracias a ellos hemos llegado a la mayor parte de los sitios", confirmó Durán. Los acuerdos de colaboración permitieron registrar hasta el momento alrededor de 60 sitios arqueológicos, con construcciones de distinta complejidad.
A estos hallazgos se suman grandes rocas con marcas asociadas a rayos. Algunas podrían ser consecuencia de impactos naturales, mientras que otras habrían sido intervenidas por los incas. "Habíamos visto algunas hasta 2021, localizamos dos o tres, y hoy día ya tenemos localizadas alrededor de un poco más de 20", explicó el investigador.
Las marcas tienen un significado histórico y religioso. Según Durán, las rocas eran importantes para la civilización incaica porque sus señales podían interpretarse como manifestaciones divinas de Illapa, el dios del rayo. Dentro del panteón andino, esta deidad ocupaba un lugar destacado junto con el Sol (Inti) y la Luna (Mama Killa).
Como proveedor de agua y responsable de las lluvias y el granizo que podían afectar las cosechas, Illapa era muy respetado en distintas zonas andinas, especialmente entre los pueblos aymaras del área circumpuneña y de los alrededores del lago Titicaca. Las investigaciones refuerzan la hipótesis de una presencia cultural andina en Mendoza y permiten analizar cómo quienes llegaron a la Caldera del Diamante pudieron haber reproducido elementos de un paisaje sagrado asociado con la región del Titicaca.
"Estas rocas con marcas de rayos también aparecen en el suroeste de Bolivia y tienen que ver con la religión de esta población que estaba asentada ahí", explicó Durán. También señaló que la presencia incaica en el valle central chileno y en Cuyo pudo haberse producido mediante soldados o administradores provenientes de las inmediaciones del lago Titicaca, quienes habrían llevado consigo sus creencias.
Cuando ese grupo llegó a la Laguna del Diamante y encontró rocas con marcas de rayos, pudo haber interpretado el lugar como un espacio importante para realizar pedidos relacionados con la supervivencia, como el agua para los cultivos y el ganado. "Cuando veían estas marcas de rayos, no veían solamente una marca hecha por el rayo, sino que ellos veían que estaba el rayo mismo en estas rocas", explicó el arqueólogo.
En una de las investigaciones más recientes, los científicos identificaron un gran círculo de aproximadamente 150 metros de diámetro cerca de la laguna, además de otras estructuras circulares más pequeñas, de 10 y 5 metros, y algunas de 20 metros, conectadas mediante pequeños caminos.
Construcciones para medir el tiempo y venerar la vida
En los tres o cuatro años de trabajo vinculados con estos hallazgos, los investigadores registraron construcciones arquitectónicas, marcas de rayos, marcadores espaciales, mojones e hitos en la Laguna del Diamante. Entre los sitios identificados, más de 20 estructuras habrían sido utilizadas para señalar límites territoriales, marcar caminos o medir el tiempo.
Esta última función habría estado relacionada con la observación del movimiento del Sol, que permitía reconocer los solsticios y equinoccios y, a partir de ellos, regular el calendario agrícola y ritual.
En la zona también se encuentran otras señales de veneración incaica dedicadas a distintas deidades y elementos del paisaje, como los cerros, la Laguna del Diamante y el volcán Maipo, además de Illapa. Estas creencias se vinculaban con la importancia del agua para la vida. Entre los vestigios relevados hay caminos de ascenso hacia el volcán y rocas orientadas hacia los puntos por donde se pone el Sol durante el equinoccio.
Más allá de la producción de alimentos, para los incas las aguas de la reserva representaban el origen de la vida. "Ellos consideraban que las lagunas eran los lugares de origen, eran de dónde habían salido sus antepasados y ellos mismos", señaló Durán.
En ese contexto, la Laguna del Diamante habría sido considerada una pacarina, es decir, un lugar de origen ancestral dentro de la cosmovisión andina. "Si prestamos atención a la Laguna del Diamante, hay un gran cerro al que ellos le decían Apu (grandes señores) y una laguna que eran sus lugares de origen, todo incorporado en un ambiente que no es tan grande", explicó el investigador.
La Caldera del Diamante, que se extiende aproximadamente 20 kilómetros por 15, ofrece un paisaje compuesto por cerros y cursos de agua. Los investigadores consideran posible que el río que nace en la laguna, por su forma serpenteante, haya sido asociado con el rayo o con una gran serpiente.
Esta interpretación también remite a Amaru, un ser mitológico de la cosmovisión incaica representado como una gigantesca serpiente vinculada con el cielo y la tierra, a la que se atribuía la generación de terremotos. El estudio de estos elementos permite reconstruir aspectos de las creencias andinas y comprender la importancia de la región como límite de expansión del Tahuantinsuyo, el Estado más extenso de la civilización incaica.
Durán destacó que, más allá de la antigüedad de las construcciones, el valor del descubrimiento reside en la cantidad de sitios incaicos identificados dentro de un área protegida de Mendoza y de Argentina. "Es algo maravilloso", expresó.
¿Hay más por descubrir?
Mendoza cuenta con una extensa trayectoria de investigaciones arqueológicas, pero todavía existen interrogantes sobre el patrimonio que permanece oculto. Entre los trabajos recientes se encuentra el proyecto Arqueoandes, desarrollado por Cristina Prieto-Olavarría y Horacio Chiavazza, que podría aportar nuevos datos sobre el posible hallazgo de un geoglifo en la Cordillera del Tigre hacia principios de 2027.
¿Podría existir una red o un sistema de geoglifos y sitios arqueológicos cordilleranos todavía por descubrir en Mendoza? La pregunta también interpela a la comunidad científica provincial. Según Durán, desde hace años se investigan estructuras que presentan características similares. "Desde hace años tenemos estructuras similares en estudio", afirmó.
Al comparar estas investigaciones con el trabajo en la Laguna del Diamante, el arqueólogo destacó el papel de la tecnología en la identificación de nuevos sitios. "Tenemos muchísimo por descubrir. En los dos casos, tanto en la Cordillera del Tigre como nosotros en la Laguna del Diamante, unos años antes llegamos a sitios arqueológicos a través de imágenes satelitales que te permiten ver lo que antes nosotros solamente podíamos ver entrando con una camioneta, caballo o caminando", explicó.
Durán contó que uno de los grandes círculos de piedra descubiertos recientemente cerca de la laguna se encontraba en un lugar por el que él mismo había caminado, pero que no había logrado identificar debido a la perspectiva. Las imágenes de Google Earth permitieron advertir su presencia. "La tecnología hoy día te da nuevas posibilidades y seguramente nos va a permitir a los arqueólogos descubrir cosas que hoy día no hemos visto", remarcó.
Más allá de las diferencias entre las investigaciones, el especialista considera que la aparición de estructuras circulares de gran tamaño conectadas por caminos pequeños permite reconocer una realidad histórica relevante para Mendoza y su relación con los incas. "Tenemos relevamientos, imágenes con drones, caminamos por los sitios y medimos. Seguramente tenemos un poco más de información que ellos, pero que hayan encontrado eso es fantástico para nosotros", señaló.
Los hallazgos también apuntan a una conexión territorial con otras regiones andinas y refuerzan la posibilidad de que existan más restos arqueológicos por descubrir. "Esto que está apareciendo en Mendoza, tanto en la Cordillera del Tigre como en la Laguna del Diamante, es algo que aparece con más complejidad en el sudeste de Bolivia, donde había señoríos aymaras que fueron conquistados por los incas", afirmó Durán.
Abrir los sitios al turismo: un desafío de conservación
Los estudios del equipo en la Laguna del Diamante atraviesan una nueva etapa: evaluar cómo abrir algunos de estos espacios al público y promover su visita turística. Para avanzar, será necesario sostener un trabajo coordinado entre distintas instituciones, ya que no todos los sitios pueden habilitarse sin poner en riesgo su conservación.
Los investigadores cuentan con la colaboración de la Dirección de Áreas Naturales Protegidas para evaluar qué sectores podrían abrirse. La intención es evitar la habilitación indiscriminada y priorizar aquellos que se encuentran cerca del área de uso múltiple de la reserva.
La reserva del Diamante cuenta con sectores destinados al acceso público y al turismo, mientras que otras áreas están reservadas para investigaciones científicas y tareas de conservación. En los espacios habilitados para el uso público también se encuentran sitios arqueológicos que requieren medidas específicas de protección.
Según explicó Durán, una de las alternativas que se analizan junto con las autoridades de Áreas Protegidas es organizar visitas para grupos reducidos, acompañados por un especialista, como un arqueólogo, que pueda explicar las características y el valor histórico de los lugares.
Otra opción contempla incorporar una exposición virtual en el ingreso de la reserva. El espacio estaría ubicado en un antiguo refugio conocido como El Cilindro.
La expectativa es que, si las condiciones lo permiten y la nieve no representa un impedimento, puedan concretarse avances hacia principios del próximo año. Por el momento, la apertura continúa en etapa de planificación y requiere sumar a distintos actores estatales, ambientales y académicos para definir qué sectores podrían recibir visitantes. "Creo que van a haber propuestas concretas en un corto plazo, porque la reserva se va a abrir al público", señaló Durán.
En relación con las reuniones de trabajo, Alejandra Gasco contó a Sitio Andino que el miércoles pasado se analizaron ajustes para una prueba piloto de visitas. El encuentro se realizó en el Instituto Interdisciplinario de Ciencias Básicas del CONICET y contó con la participación de investigadores y representantes de la Dirección de Áreas Naturales Protegidas, entre ellos Mauricio Pérez, del área de Turismo, y su subdirectora, Mariana Raviolo. También participó Romina Cultrera, en representación del Emetur.
Para la semana siguiente, la agenda de trabajo prevé nuevas reuniones con autoridades de San Carlos y representantes de las áreas de turismo y ambiente de Tunuyán y Tupungato. También se realizará un encuentro específico con los guardaparques de la Laguna del Diamante. "La idea es convocarlos para que vayan viendo cómo son los avances y ajustar la prueba piloto y la musealización del refugio. Todo eso en función de sus conocimientos del manejo del territorio", explicó Gasco.
La intención de ambos investigadores es poner en valor el diálogo y el trabajo conjunto entre las instituciones. El objetivo es articular la conservación del patrimonio arqueológico con la protección ambiental que impulsa Áreas Naturales y, al mismo tiempo, evaluar cómo aprovechar los recursos patrimoniales para promover el turismo.
Las próximas reuniones permitirán poner en común distintas perspectivas y avanzar hacia un modelo de visitas que contemple las necesidades de todos los sectores involucrados. El desafío consiste en encontrar un equilibrio entre el acceso público y la preservación de los sitios. "Nadie se entera de lo que hay, eso no sirve y no es patrimonio. Tampoco es abrirlo y que se destruya en dos temporadas", advirtió la investigadora.
La clave estará en desarrollar un turismo controlado, con etapas de monitoreo, evaluación y ajustes. Aunque todavía quedan detalles por definir, la incorporación de nuevos actores a las reuniones representa un avance en ese proceso. "Vamos a seguir con las reuniones, lo hacemos semanalmente, y ahora la idea es que ya se vayan sumando otros personajes", concluyó Gasco.