Caminó 22 horas hasta Paraná para cumplir una promesa que esperó cuatro años

¿Por qué una mujer de Aldea Brasilera esperó cuatro años para volver a caminar hasta Paraná? La promesa que la trajo de nuevo a la peregrinación.

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Caminó 22 horas hasta Paraná para cumplir una promesa que esperó cuatro años
Caminó 22 horas hasta Paraná para cumplir una promesa que esperó cuatro años

La 44ª Peregrinación de los Pueblos Hasenkamp-Paraná entró este sábado en su tramo decisivo. Después de arrancar el viernes por la tarde, miles de fieles avanzaron por Colonia Avellaneda y San Benito rumbo al Santuario La Loma, y en el camino varios se detuvieron a contar por qué caminan.

Casi 22 horas de marcha se hacen sentir. Ampollas, músculos doloridos y el frío de la madrugada pasaron factura, pero la columna no se detuvo: familiares, vecinos y servidores se encargaron de sostener el ánimo en los últimos kilómetros.

Entre los peregrinos había gente de distintos puntos de Entre Ríos y muchos debutantes. Los pedidos por la salud de los hijos, los agradecimientos por situaciones personales y las promesas atravesaron casi todos los relatos que recogió Elonce.

El milagro que fue a agradecer Marina

Una de las historias más movilizantes fue la de Marina, de Aldea Brasilera. Caminó para dar gracias por el nacimiento de su hijo, un embarazo que buscó durante mucho tiempo.

“Estamos peregrinando, agradeciendo a la Virgen el milagro de haber tenido un hijo y pidiendo por todas las mamás”, contó. Ya había hecho la peregrinación antes, pero en esa oportunidad para pedir por la posibilidad de ser madre.

“Fue muy buscado y muchas veces vine a pedirlo a la peregrinación. Hoy vengo a agradecer”, dijo con la voz quebrada. Su hijo tiene cuatro años y recién ahora pudo volver a cumplir con esa promesa. Llevó fotos y rezos por la salud de los chicos de su familia y de sus padres.

La imagen que la sostiene cuando ya no puede más

Daniela llegó desde María Grande con una imagen religiosa que le regaló un amigo. Camina por una promesa atada a la salud de sus dos hijos.

“Vine por una promesa por mis hijos, por mis dos hijos”, resumió. La madrugada, admitió, fue durísima: “Mucho frío, muchísimo frío. Pero con fe, para llegar de la mejor manera”.

Cuando el cuerpo afloja, la imagen la ayuda a seguir. “Ella me da fuerza cuando no puedo seguir”, confesó mientras continuaba hacia el santuario.

Primera vez, cansancio y agradecimiento

Desde Tabossi viajó otra mujer que participó por primera vez junto a un grupo de su localidad. Aun con el desgaste físico, aseguró que la experiencia superó lo que esperaba.

“Cansada, pero con mucha fe. Costó, pero la fe siempre te mueve”, afirmó. Sobre los motivos, fue sincera: “Primero, problemitas personales, vamos a decir, y después agradecer por la vida, por lo que somos, por todo”.

Contó que otros integrantes de su grupo también estrenaban el recorrido entre Hasenkamp y Paraná. “La verdad que es una experiencia maravillosa”, sostuvo, cuando todavía faltaban kilómetros.

Fe y compañerismo entre las peregrinas de La Paz

Tamara y Alejandra, oriundas de La Paz, marchaban hacia Paraná. Una iba por cuarta vez; la otra completaba su segunda peregrinación.

“Principalmente, agradecer por la familia”, señaló una de ellas. Para explicar de dónde sacan fuerzas, no dudó: “La fe. Mucha fe. Donde no tenés fuerza, lográs sacar de donde no sabés”.

También puso el acento en el cuidado mutuo: “Nos acompañamos en el proceso, todo el transcurso de la noche, nos cuidamos, nos protegemos”. Las dos celebraron la cantidad de jóvenes y pidieron que más gente se sume en las próximas ediciones.

Caminar por los que no pueden

Abril es parte de la Infancia y Adolescencia Misionera. Llevó sus propios pedidos y también los de otras personas.

“Traigo intenciones que no son mías, por los que no pueden peregrinar, y las propias, pero agradeciendo mucho por la gente que me rodea”, explicó.

El frío nocturno complicó la marcha. “La madrugada fue difícil, el viento estuvo fresquito, pero le metimos pila. Cuando hubo que parar, se paró, pero se siguió”, relató. Sobre las ampollas, se rió: “Difícil, pero no les doy bola”.

Los servidores, detrás de escena

Detrás de cada caminante hay gente que asiste y acompaña. Juliana integra el grupo de servidores de María del Santuario La Loma y contó cómo fue la noche.

“Nos tocó una noche bastante fría, pero siempre animando los corazones, llevando buena onda y acompañándolos”, relató. La ayuda va desde escuchar hasta resolver pequeñas urgencias físicas.

“Desde atar los cordones, que parece algo muy sencillo, pero al peregrino cansado le cuesta, hasta prestar un oído o dar un abrazo cálido”, detalló. Y valoró los lazos que deja la experiencia: “Se forman lazos que permanecen durante el tiempo. La peregrinación pasa a ser una excusa para compartir, porque ya la amistad se va formando”.

El ingreso a Paraná y el último tramo

Mientras se sucedían los testimonios, la columna avanzó por los alrededores de Colonia Avellaneda y San Benito. Vecinos salieron a saludar, alcanzaron agua y acompañaron a quienes llevaban muchas horas de marcha.

En ese tramo se sumaron familias que no habían hecho el recorrido completo. Algunas arrancaron desde El Palenque para compartir el final. “Somos familia y media peregrinación estamos haciendo. Estamos todos juntos”, contó una mujer. Sobre el motivo, fue clara: “Para agradecer y compartir la fe”.

La organización dispuso una pausa de unos diez minutos para reagrupar a los participantes antes de entrar a la capital entrerriana, ordenar la columna y evitar problemas de tránsito. Desde allí, los fieles siguieron por avenida Almafuerte y calle Caputo hacia el Santuario La Loma, donde los esperaban familiares y amigos, y estaba prevista una misa.

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