Caminan 19 años desde la Puna a Salta: la tradición minera que nació para despedirse

Más de 300 mineros ya caminan desde la Puna a Salta en la 19° edición de una tradición que nació con ocho obreros y una camioneta. Lo que empezó como una despedida entre compañeros se convirtió en un fenómeno que atraviesa generaciones.

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Caminan 19 años desde la Puna a Salta: la tradición minera que nació para despedirse
Caminan 19 años desde la Puna a Salta: la tradición minera que nació para despedirse

Más de 300 trabajadores mineros iniciaron la 19° edición de la peregrinación que une la Puna con la capital salteña, una tradición que nació en 2007 cuando un grupo de ocho obreros de Mina Patito decidió caminar hasta la Catedral para despedirse de una etapa que llegaba a su fin. Mario Sangüezo, uno de los impulsores, repasa en diálogo con Territorio Minero cómo aquella primera caminata sin mapa se transformó en un fenómeno que hoy trasciende lo laboral.

La historia comenzó cuando los trabajadores de Mina Patito supieron que el mineral que extraían estaba por agotarse y que, con él, se terminaba una etapa compartida durante años. Eran compañeros, pero también amigos. Ante la certeza de que serían destinados a distintos lugares, buscaron una manera de dejar una huella.

La idea fue tan sencilla como enorme: caminar juntos hasta Salta para encontrarse con el Señor y la Virgen del Milagro.

"La verdad que se genera eso, mucha confraternidad entre los compañeros. Es como una familia. Queríamos hacer algo significativo. Se nos ocurrió caminar", recordó Sangüezo, que participó de aquella primera travesía.

Una primera caminata sin mapa

La primera edición no tuvo la organización actual. No había experiencia previa, ni tiempos calculados, ni estructura logística. "No sabíamos a qué veníamos, no teníamos calculados los tiempos, no había datos de que alguien lo haya hecho caminando desde donde arrancamos", contó.

La logística era prácticamente una sola camioneta. Avanzaban hasta que anocheciera y buscaban dónde descansar. Hubo accidentes, torceduras de tobillo y sectores difíciles, hasta que con los años fueron definiendo un recorrido que hoy se hace mayoritariamente por ruta.

Pero aquella primera experiencia tuvo un componente inesperado: la gente que los cruzaba, al enterarse de que eran mineros peregrinando, les acercaba comida y agua. También colaboraron camioneros. Para Sangüezo, esos gestos son parte esencial de la experiencia.

Hoy, una comisión de mineros organiza la logística, los lugares de descanso y la recepción. Cuando el grupo llega a San Antonio de los Cobres, se suma a la organización general de la peregrinación que continúa hacia Salta.

Una tradición que creció con ellos

Los que caminaron por primera vez hace 19 años no son los mismos que hoy emprenden el camino. Algunos se fueron, otros se incorporaron, y la tradición se extendió a las familias. Sangüezo tiene un ejemplo personal: su hijo nació junto con la peregrinación y, a los 19 años, todavía le pide acompañarlo.

"Tengo mi hijo que nació cuando empezó la peregrinación también y hoy por hoy llevarlo a los 19 años y que me siga pidiendo ir a caminar creo que lo más lindo que me puede pasar", expresó.

Cuando la Puna obliga a mirar hacia adentro

Caminar días por la Puna implica distancia, temperaturas y condiciones duras. Pero lo más difícil de transmitir, según Sangüezo, no es el cansancio ni la altura, sino el encuentro con los demás y la desconexión de la vida cotidiana. "Lo más gratificante, creo que siempre lo resalté, es la unión, la empatía que se genera con el peregrino", sostuvo.

Durante esos días no hay señal de teléfono, ni mensajes, ni redes. Ese silencio permite prestar atención al paisaje, al amanecer, al anochecer y al compañero que viene cansado. "Caminar y contemplar un amanecer, un anochecer, contemplar a un compañero que viene a pena, una mamá, un papá, te hace creo que reflexionar mucho sobre de dónde viene uno, hacia dónde va", explicó.

Para los mineros, acostumbrados a largas jornadas en territorios alejados, el recorrido es una suerte de retiro espiritual, una oportunidad de dedicar días a la dimensión religiosa y personal que suele quedar relegada.

El apoyo de las empresas

La continuidad de la tradición también depende del acompañamiento empresario. Sangüezo trabaja en Minera Santa Rita y destacó el respaldo que recibió para participar, incluso organizando vacaciones o permisos en momentos de alta operación. Ese apoyo permitió sostener la peregrinación durante casi dos décadas y muestra que la minería, más allá de proyectos e inversiones, genera vínculos e identidad en los territorios.

Del esfuerzo individual a una experiencia colectiva

Este año, la peregrinación volvió a comenzar en Mina Patito, donde se reunieron trabajadores también de Antofagasta. El 11 de septiembre, el grupo se sumará en San Antonio de los Cobres a la peregrinación general rumbo a Salta.

Sangüezo sabe que, para quien nunca caminó por la Puna, la distancia puede parecer una locura. Pero justamente por eso, cuando le preguntaron qué le diría a quien observa el desafío desde afuera, eligió hablar de aquello que los sostuvo desde el primer año: la unión, la fe y la certeza de que caminar juntos vale la pena.

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