Cameli, el acusado que la defensa sacó del bloque y la pena se derrumbó
Sociedad · Córdoba

Cameli, el acusado que la defensa sacó del bloque y la pena se derrumbó

Los estudiantes no negaron los hechos, pero se negaron a meter a todos en la misma bolsa: al analizar la conducta de cada imputado por separado, el tribunal simulado cambió el delito y la pena se derrumbó. Qué argumentaron para sacar a Cameli del bloque.

Un simulacro de juicio oral organizado por la Universidad Siglo 21 puso el caso del homicidio de Fernando Báez Sosa sobre la mesa de los futuros abogados, que lograron reencuadrar la conducta de uno de los imputados y reducirle la pena de manera sustancial.

La actividad se replicó en la ciudad de Córdoba durante la Semana XXI, a pedido de la decana de la facultad, después del impacto que tuvo en la sede original.

Cómo se arma el tribunal de práctica

El ejercicio no es un juego de roles improvisado. Los estudiantes trabajan sobre expedientes judiciales auténticos con sentencia firme, lo que le da validez legal al caso que se lleva al aula.

Los alumnos reparten las funciones que tendría un juicio real: jueces, fiscales, defensores, testigos y peritos. El resto del alumnado integra el jurado popular y es quien termina emitiendo el veredicto.

Para evitar que los participantes lleguen condicionados por lo que ya saben del caso, se introduce un pequeño cambio en los datos del expediente. Así, el fallo del simulacro puede diferir de la sentencia original.

Por qué eligieron Báez Sosa

La selección de las causas no es casual: se privilegian los casos con fuerte impacto mediático, para que la audiencia universitaria cuente con un marco de referencia previo. El año anterior el eje había sido el caso de Nair Galarza, que incluyó una visita académica al penal de Paraná, donde los estudiantes pudieron conversar con la propia imputada.

La estrategia que rompió el bloque

En el ejercicio sobre el caso Báez Sosa, el grupo que asumió la defensa tomó una decisión clave: analizar la conducta de cada imputado por separado, en lugar de sostener la estrategia de bloque que caracterizó al proceso real.

Los alumnos señalaron que la cobertura periodística tendía a homogeneizar las conductas, mientras que la lectura del expediente permitió delimitar qué hizo cada uno.

El equipo optó por defender a Enzo Comelli, mencionado en el ejercicio como Cameli. El argumento: a diferencia de otros acusados como Thomsen, no participó de las patadas directas a la víctima mientras estaba en el suelo.

Sin negar los hechos ni la responsabilidad, la defensa consiguió que el tribunal simulado reencuadrara su accionar en el delito de lesiones leves, lo que derivó en una reducción sustancial de la pena.

“No se niegan los hechos. Lo que se pide es una correcta aplicación de las penas a cada uno de los sujetos, analizando de manera individual la participación de cada uno”, plantearon desde el equipo.

Un ejercicio pensado para los tribunales reales

La propuesta responde a una necesidad concreta de la profesión en Córdoba, donde los sistemas procesales son plenamente orales y exigen que los futuros abogados sepan moverse frente a los estrados desde el primer día.

Exalumnos de la institución destacan este simulacro como una de las experiencias más enriquecedoras de su formación.

Los participantes de esta edición ya tenían rodaje: habían actuado como fiscalía en un simulacro anterior sobre el caso de Nicolás Avena.

El debate que dejó abierto

Al cierre, el grupo propuso una discusión sobre el impacto social de las sentencias. Su postura: las penas ejemplares y las cadenas perpetuas dictadas en casos de gran visibilidad no logran el efecto disuasorio que se les atribuye.

Para sostenerlo, citaron episodios de violencia similares ocurridos recientemente en localidades como General Cabrera.

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